El anuncio de la secretaria de Estado de Estados Unidos, señora Hillary Clinton, de que su Gobierno hará un “escrutinio agresivo” de los nuevos préstamos del Banco Mundial y el BID al gobierno de Daniel Ortega, no ha sido una sorpresa.
En realidad, aunque la actual Administración de Estados Unidos no ha sido muy enérgica frente a los gobernantes autoritarios de América Latina, a pesar de que estos se declaran enemigos del sistema estadounidense, el gobierno del presidente Barack Obama también se inspira en los valores de la libertad y la democracia arraigados en ese país. Y además Obama está sometido a la presión parlamentaria del Partido Republicano, que sí es muy enérgico con los regímenes populistas que están erosionando las instituciones democráticas en varios países latinoamericanos, entre ellos Nicaragua.
Hace una semana comentamos la decisión del gobierno de Alemania de reducir su cooperación con Nicaragua, debido a las violaciones del gobierno de Daniel Ortega a normas básicas de la democracia como la realización de elecciones limpias y justas. Mencionamos en esa ocasión que en general los gobiernos cooperantes condicionan la ayuda a que en los países recipiendarios se respeten las normas fundamentales de la democracia y los derechos humanos. Pero señalamos que también hay gobiernos que no ponen tales condiciones, pues no les importa si los países a los que ayudan son gobernados democráticamente o por brutales violadores de los derechos civiles y humanos; solo les interesa que la cooperación se use correctamente y en algunos casos ni eso.
En lo que concierne a EE. UU., la declaración del Departamento de Estado sobre Nicaragua indica que el compromiso con la defensa de la democracia y los derechos humanos sigue impregnando sus programas de cooperación internacional. Pero además, lo que Estados Unidos critica en ese comunicado es lo que los mismos nicaragüenses democráticos han denunciado dentro del país e internacionalmente.
En efecto, dice la declaración del Departamento de Estado que las elecciones del 6 de noviembre “no fueron celebradas de forma imparcial y transparente… las elecciones marcaron un retroceso a la democracia en Nicaragua… (se) ha socavado la capacidad de Nicaragua para sostener a su gobierno, todo el proceso electoral se vio empañado por irregularidades significativas ”
Eso es lo mismo que han denunciado los diversos sectores democráticos de Nicaragua y ante todo la oposición que fue defraudada. Y es lo mismo que fue constatado por los observadores electorales extranjeros, aunque por conveniencia política no lo digan con franqueza. Pero la pérdida de la cooperación externa es culpa únicamente de Daniel Ortega y solo de él depende que se pueda restablecer la institucionalidad democrática de Nicaragua, para que este país vuelva a ser sujeto de confianza y respeto de la comunidad internacional.
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