CHISINAU/AFP
26 personas están desaparecidas desde hace seis días, pero en esa lista hay que incluir a los cuerpos que aún no han sido identificados.
Según nuevos testimonios, la mayoría de las lanchas fueron manejadas por meseros o personal de la cocina, entre ellos filipinos, colombianos, peruanos y hondureños, considerados verdaderos “ángeles” al haber realizado decenas de viajes entre la nave y la isla para salvar vidas.
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Domnica Cemortan, una moldava y bailarina de ballet, de 25 años, que acompañaba al capitán del «Costa Concordia» cuando el navío naufragó el pasado 13 de enero en Italia, expresó ayer que el comandante Francesco Schettino salvó muchas vidas y calificó de «absurdas» las acusaciones contra él.
Cemortan, de doble nacionalidad moldava y rumana, contó que estaba cenando con amigos cuando tuvo lugar el accidente y negó que Schettino estuviese bebiendo en la cubierta. «Abandoné el barco a las 23H50», declaró. «El comandante aún estaba trabajando en cubierta», añadió.
Según testigos, Schettino ya se había refugiado en tierra a las 00H30. Nunca regresó a bordo.
Parte del pasaje vio a Cemortan sentada en la sala adyacente al puente de mando del crucero y cenar con el capitán en la noche del naufragio. La joven apareció hace unos días en un canal de televisión de su país para explicar que era también tripulante de barco y que por esto tenía derecho a encontrarse con otros oficiales en el puente de mando y no estar registrada, a pesar de no estar prestando servicio en ese momento.
REANUDAN BÚSQUEDA
Las peligrosas inmersiones de los buzos en el navío se dificultaron ayer por el viento y las olas que azotan la isla y ponen en peligro la estabilidad del crucero semihundido, que corre el riesgo de deslizarse hacia al cercano precipicio de unos 70 metros, pese a eso, los socorristas reanudaron ayer la búsqueda.
El peruano Saturnino Soria, padre de la joven desaparecida Erika, pidió públicamente a las autoridades que el comandante del navío «no quede impune por lo que ha hecho».
La liberación de Schettino, quien se encuentra en arresto domiciliario en su residencia, generó irritación entre los parientes de las víctimas que esperan noticias en la isla de Giglio. «Han jugado con la vida de la gente. Siento mucha rabia», sostiene Kevin Rebello, hermano de uno de los desaparecidos.
Acusado de homicidio culposo múltiple, abandono de nave y naufragio, por lo que corre el riesgo de ser condenado a 12 años de prisión