En su libro Cultura Política Nicaragüense, el doctor Emilio Álvarez Montalván menciona el patrimonialismo como uno de los principales contravalores culturales que causan el atraso e impiden el desarrollo del país.
La palabra patrimonialismo no aparece en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), pero sí está incluida en el Diccionario Enciclopédico Vox, según el cual consiste en la “tendencia de un gobierno, partido político, corporación, etc., a considerar como propios los bienes públicos”. Por su parte, el doctor Álvarez Montalván define el patrimonialismo nicaragüense como una “tácita autorización a quienes ocupan posiciones de poder público para acaparar riquezas y bienes nacionales, como si por derecho propio lo merecieran”.
Explica el doctor Álvarez Montalván que en las dictaduras que ha sufrido el país a lo largo de su historia, es cuando más se ha sufrido el patrimonialismo. Y agrega que este contravalor cultural ha sido practicado tanto por dictaduras tradicionales, por ejemplo las de los liberales José Santos Zelaya y la familia Somoza, como por la dictadura de izquierda y revolucionaria del FSLN en los años ochenta, habiendo alcanzado su máxima expresión con la piñata sandinista después de su derrota electoral del 25 de febrero de 1990. Pero el patrimonialismo no fue desarraigado después de la revolución sandinista sino que infestó también a los gobiernos democráticos posteriores.
Ahora, bajo el nuevo régimen autoritario de Daniel Ortega y su FSLN el patrimonialismo gubernamental se ha sobredimensionado. En este campo tal pareciera que Nicaragua ha regresado a la época de la acumulación originaria de la enorme riqueza que amasó la familia Somoza al amparo del poder, según lo advierten historiadores independientes y lo denuncian incluso algunos antiguos comandantes de la revolución sandinista.
Ciertamente, las innumerables denuncias que se han hecho en los últimos años de la utilización del poder político y el aprovechamiento de los recursos públicos para el enriquecimiento de los gobernantes y la creación de una nueva oligarquía familiar y partidista, han demostrado que el patrimonialismo está aquí en todo su furor. Y así lo ha venido a confirmar la impecable investigación periodística realizada por los periodistas Octavio Enríquez y Moisés Martínez y publicada esta semana en LA PRENSA, sobre el millonario negocio de la comercialización del petróleo en beneficio de la familia gobernante.
En su mencionado libro Cultura Política Nicaragüense el doctor Emilio Álvarez Montalván dice que “el único remedio eficaz contra la corrupción (y por lo tanto contra el patrimonialismo, agregamos nosotros), además de un cambio de la cultura política, es el establecimiento de efectivos y permanentes mecanismos de control del poder absoluto, a través de instituciones autónomas y fuertes que sancionen a los culpables sin distingo alguno”.
Pero eso es imposible bajo un régimen populista autoritario como el de Daniel Ortega y no se podría lograr con un simple cambio de gobierno. Para eso es necesario hacer la profunda revolución de la honradez que proclamó y por la cual luchó y dio hasta su vida el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
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