MANAGUA/AFP
El ex guerrillero Daniel Ortega inicia este martes su segundo mandato presidencial consecutivo con la asignatura pendiente de la pobreza, que pese a su nuevo lema de un país solidario, socialista y cristiano, no pudo resolver en cinco años de crecimiento económico moderado.
Imbuido hace ya algunos años en su nueva imagen pacifista y religiosa, y manteniendo al mismo tiempo un discurso socialista y excelentes relaciones con el Fondo Monetario Internacional, Ortega lidera un país cuyo producto bruto per cápita apenas llega a 1.200 dólares anuales, lo que lo coloca al fondo del continente, con la excepción de Haití.
A la ceremonia de asunción de Ortega ya confirmó la asistencia uno de sus grandes aliados, el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, además de tres presidentes centroamericanos –entre ellos el derechista panameño Ricardo Martinelli– y el principe heredero de la corona española, Felipe de Borbón.
En un ambiente calmo, y ya con batallones policiales que desde el sábado comenzaron a desplegarse en Managua y otras ciudades, la ceremonia de su investidura estará a cargo de las nuevas autoridades legislativas, las que asumirán el lunes.
Según el protocolo Ortega hará entrega de la banda presidencial al presidente electo de la Asamblea Nacional (parlamento) y «este hará el traspaso a Ortega», explicó el presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), Roberto Rivas.
Ortega será el primer presidente reelecto en Nicaragua desde la Revolución Sandinista de 1979, que derrocó al dictador Anastasio Somoza, último miembro de la dinastia que gobernó el país por 42 años.
Sin ofrecer detalles de la ceremonia que se prevé será en la plaza de la Revolución, la primera dama y portavoz de la Presidencia, Rosario Murillo, dijo que «estamos trabajando duro, para asegurar que todo el pueblo nicaragüense pueda participar a través de los medios de comunicación y de distintas formas» en el acto.
Pero organizaciones juveniles opositoras anunciaron para el lunes una marcha dirigida contra los diputados de oposición que asumirán ese día sus escaños.
Los grupos juveniles estiman que si los minoritarios legisladores opositores asumen, estarán convalidando lo que califican como un fraude electoral.
En las elecciones del 6 de noviembre Ortega logró un arrollador 62% de votos, el doble que su rival mas cercano, el octogenario y derechista empresario radial Fabio Gadea, quien desconoció el escrutinio argumentando las múltiples irregularidades.
Aunque varias organizaciones y países señalaron su preocupación por irregularidades y lagunas, el amplio triunfo de Ortega había sido anticipado por todas las encuestas de opinión independientes.
El sandinismo, además, se adueñó de una confortable mayoría especial en el Parlamento, donde dispone de más de dos tercios de los curules, al haber obtenido 63 de los 92 escaños.
Autodefinido como revolucionario, con un pragmatismo que le dejó la experiencia de su primer Gobierno de los 80, se casó con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y pujantes empresarios privados, en busca de créditos e inversiones, y ha enviado mensajes de reconciliación a Washington.
Pero al mismo tiempo, y sin medir costos políticos, declaró su lealtad y amistad al presidente venezolan Hugo Chávez, al líder cubano Fidel Castro y al libio Muamar Gadafi, tras cuya muerte guardó silencio absoluto.
«El comandante», como le llaman sus seguidores, incorporó a su discurso contra Washington invocaciones a Dios y al Papa Juan Pablo II para condenar el «capitalismo salvaje», en un país de fuerte religiosidad.