La fiesta que anunció la vocera presidencial Rosario Murillo para saludar el próximo miércoles el quinto aniversario de la adhesión de Nicaragua a la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), dejan poco que celebrar a los nicaragüenses, porque los casi dos mil millones de dólares que esta ha traído han sido una oportunidad desperdiciada, según el economista y excandidato a la vicepresidencia Edmundo Jarquín.
Diversos programas sociales, inversión en infraestructura, generación de energía eléctrica y subsidio al transporte y la energía figuran en el destino poco detallado de la cooperación venezolana.
503 millones de dólares fue el monto de esa cooperación en el 2010, un valor equivalente al ocho por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), según Mario Arana.
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Pero según Jarquín, “esa ayuda tan grande y flexible en su manejo” lo que ha hecho es dar a Daniel Ortega “una gran autonomía en relación a la condicionalidad democrática de las fuentes de cooperación bilateral”, al punto que la Cuenta Reto del Milenio de los Estados Unidos y varios programas de cooperación de países europeos, se retiraron “sin mayores consecuencias macroeconómicas a corto plazo”.
Mario Arana, economista y exministro de Hacienda y Crédito Público, considera que “es complicado” valorar el impacto de la cooperación venezolana, pero estima que los programas que esta ha permitido “están siendo bien recibidos por la población”.
Jarquín, sin embargo, advierte que su manejo “le ha permitido a Ortega conciliar una política de expansión del gasto clientelar”, con programas sociales que no son sostenibles, carecen de mayor incidencia y no contribuye a la reducción de la pobreza, en la que según cifras oficiales vive el 42.5 por ciento de la población.
Arana considera que para reducir la pobreza el país debería duplicar su crecimiento económico e invertir en la educación y nutrición de la niñez.
Más allá del impacto económico, Jarquín también cree que la cooperación venezolana “le ha dado a Ortega cuantiosos recursos para su actividad partidaria, incluyendo las fuerzas de choque”; le ha permitido expandir “su red de cooptación y corrupción” y “constituirse en un poderoso actor económico privado, de lejos el que maneja mayor liquidez, entretejiendo vínculos e intereses de poderosa influencia”.
Además, dice que con esos recursos Ortega ha establecido un monopolio mediático, consumó el fraude en las elecciones municipales del 2008 y garantizó su reelección.
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