Los que llaman a los ciudadanos a que anulen el voto en las elecciones del próximo 6 de noviembre, argumentan que el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Mártir de las Libertades Públicas de Nicaragua, proclamó la consigna “No hay por quién votar”. Pero su enfoque es mecanicista, omiten que esa consigna se proclamó ante el hecho histórico concreto de la farsa electoral somocista que se realizó el primero de septiembre de 1974, en otras circunstancias que eran muy diferentes a las que existen en la actualidad.
Ciertamente, en 1974 el pueblo democrático no tenía por quién votar y así lo proclamaron 27 dirigentes políticos y sindicales en representación de 7 partidos y dos centrales obreras, liderados por el doctor Chamorro Cardenal. Y cabe recordar que por eso fueron llevados ante la “justicia” somocista y condenados a la pérdida temporal de todos sus derechos ciudadanos.
No había por quién votar en las elecciones de 1974, no tanto porque las autoridades electorales eran somocistas y por lo tanto espurias, fraudulentas y corruptas —igual que ahora son las autoridades electorales sandinistas u orteguistas—, sino porque solo había dos candidatos presidenciales y ambos representaban al sistema somocista. Uno de ellos era el general Anastasio Somoza Debayle, quien se iba a reelegir después de depositar el poder de manera temporal y aparente en manos de un triunvirato fantoche; y el otro era Edmundo Paguaga Irías, quien representaba en la junta de gobierno somocista al partido conservador pactista y zancudo.
Tanto en su proclama No hay por quién votar como en los alegatos que presentaron ante el juez somocista que los juzgó y condenó, los 27 dirigentes políticos y sindicales explicaron con abundancia de razones por qué en aquella farsa electoral no había por quién votar. Además, el doctor Chamorro Cardenal lo sustentó de manera convincente en diversos editoriales que publicó en aquellos días. Como ejemplo podemos citar el editorial titulado “Elección, es escoger, y no imponer”, publicado en LA PRENSA del jueves 4 de julio de 1974, en el cual entre otras cosas dijo que no había por quién votar, “no solo porque la mascarada de ahora se encuentra privada de toda garantía, de toda seriedad, sino también porque en ella se obliga al ciudadano a encasillarse, sea a favor del candidato oficial para producir una reelección o a favor de un colaborador suyo miembro del Gobierno, y parte del Ejecutivo desde luego que figura —aunque sea de adorno— como triunviro”. “Votar por Paguaga es votar por Somoza y votar por Somoza es votar contra el pueblo, contra la democracia y contra la República”, aseguró el doctor Chamorro Cardenal.
Ahora la situación es diferente. Aunque el Consejo Supremo Electoral orteguista sea tan espurio y corrupto como era el Tribunal Electoral somocista, hay al menos un candidato opositor que representa una alternativa de cambio genuinamente republicana y democrática. No habría por quién votar si los candidatos fueran solo Ortega y Alemán, como en 1974 eran Somoza y Paguaga.
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