Por Wilder Pérez R.
Se supone que el yeso mejora la absorción de nutrientes, el follaje, la producción, calidad y vida de los frutos.
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Cuando uno piensa en el yeso lo primero que viene a la cabeza es un pie o brazo roto o quizá en una pared sin terminar. Lo que es difícil de imaginar es que si se le echa un poco de yeso al suelo de las hortalizas estas crecerán más, tendrán mejor apariencia y probablemente sean más saludables.
Esta nueva técnica de abono está siendo introducida en Nicaragua como forma alternativa de fertilización orgánica.
“En realidad es una novedad vieja. Es un abono muy antiguo, como la ceniza. Es sulfato de calcio y tiene aplicaciones físicas y químicas. Mejora la estructura, porosidad y densidad del suelo. Hay más almacenamiento de agua, más raíces y mayor productividad”, aseguró Joao Romero, uno de los pioneros en la utilización industrial del yeso como abono.
Por su parte Francisco Vargas, directivo de la Asociación Nacional de Productores de Sorgo, comentó que “el yeso tiene los elementos esenciales (azufre y calcio), viene de suelos ricos en calcio. Vos agarrás este producto, lo ponés en el suelo y es nutriente. Es buena idea, aunque no creo que vaya a abaratar la agricultura, pero es otra alternativa para producir”.
El yeso que se ofreció a los productores nicaragüenses tiene un 95 por ciento de pureza.
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