Al filósofo social y político británico de origen austríaco, Karl Popper, debemos el concepto de que la clave de la democracia es la contención del poder.
Karl Popper nació en Viena, Austria, el 28 de julio de 1902 y murió en Londres, Inglaterra, el 17 de septiembre de 1944. En su juventud fue militante de las Juventudes Socialistas y del Partido Comunista, pero se decepcionó del comunismo y consagró su inteligencia a defender la libertad. Tras la subida al poder de los partidarios austríacos de Adolfo Hitler, Popper emigró hacia Nueva Zelanda, se trasladó después a Estados Unidos y se radicó por fin en Inglaterra.
Este filósofo de la democracia precisó que la elección popular es solo el punto de partida de la democracia, la cual debe fundarse en la separación de poderes y el control recíproco entre ellos, e incondicionalmente en un Estado de Derecho. Pero además, la democracia para ser auténtica debe de tener un mecanismo eficiente de contención del poder. Esto significa que aparte de que el gobernante debe ser elegido por los ciudadanos, si al ejercer el poder resulta un incompetente, un truhán, un ladrón o un dictador, tiene que haber la posibilidad real de impedir que cause mucho daño, de quitarlo del poder o sustituirlo rápidamente en la siguiente elección.
Es clave el principio de Popper sobre que la definición fundamental de la democracia es la contención del poder, porque un personaje tiránico y criminal puede llegar al gobierno por elección popular, pero eso no lo hace un gobernante democrático. En la actualidad, los populistas de izquierda y derecha aprovechan el mecanismo democrático del sufragio para subir al poder, pero cuando ya lo están ejerciendo desmontan la armazón institucional de la democracia, socavan el Estado de Derecho y atentan contra la libertad.
Precisamente eso es lo que está ocurriendo en Nicaragua, donde la Constitución establece expresamente los mecanismos para el control institucional del poder, pero el presidente Ortega atropella una y otra vez el texto constitucional, impone su candidatura a una nueva e ilegítima reelección presidencial, gobierna por decreto, mantiene en sus cargos a funcionarios que deben ser nombrados por la Asamblea Nacional o se les ha vencido su mandato sin derecho a prórroga. Como es el caso de los 26 funcionarios superiores de facto, incluyendo a la jefa de la Policía que formalmente aún se llama nacional pero cada vez más vuelve a ser sandinista u orteguista.
Así se ha gobernado casi siempre a lo largo de la historia nacional. Y sin duda que del mismo modo se seguirá gobernando mientras los nicaragüenses no cambiemos y mejoremos nuestra cultura política y hasta que una parte considerable de la población deje de votar y elegir como gobernantes a personas como Somoza y Ortega.
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