Hace 40 años en septiembre de 1971, Pablo Antonio Cuadra (PAC), quien era en ese tiempo codirector de LA PRENSA, escribió un artículo titulado Reflexiones Sobre la Independencia, el cual conserva asombrosamente plena validez como si hubiera sido escrito para la situación que prevalece hoy en Nicaragua.
Es que en este país, al menos en aspectos esenciales como la cultura política y las formas de gobierno, la rueda de la historia no da vueltas hacia adelante, se mantiene inmóvil, a veces adelanta un poco pero vuelve a inmovilizarse, o, peor aún, marcha hacia atrás. Es como si hubiera caído sobre el pueblo nicaragüense la maldición comunista de Lenin, de andar siempre dando un paso hacia adelante y dos para atrás.
Pero la verdad es que no se trata de ninguna maldición. Lo que ha ocurrido es que, como escribió Pablo Antonio Cuadra en aquel artículo memorable, los nicaragüenses no pudimos resolver un gran problema creado por la Independencia de 1821: el problema de la autoridad. “El recelo y renuncia de España a dar autoridad a los criollos —escribió PAC—, la imposición de autoridades gachupinas (españolas), que fue uno de los principales motivos de la rebelión de América, nos privó del ejercicio de gobierno. No tuvimos escuela de autoridad y cuando la autoridad del Rey fue rechazada, solo fuimos capaces de sustituir el vacío de la autoridad por el poder.
“Pero el poder es una caricatura cuando no un cáncer de la autoridad. El poder consiste en sojuzgar la libertad humana. La autoridad es ordenarla. La autoridad aspira a ser libremente reconocida. El poder impone sometimiento”, aseguró PAC con absoluta razón, y no solo para la Nicaragua de 1971, cuando él escribió este artículo excepcional y no había entonces en el país una autoridad que se respetara, sino un poder que se imponía: el poder somocista. La reflexión de PAC es válida también para ahora, cuarenta años después de aquel escrito y 32 desde que desapareciera el poder dictatorial somocista, porque lo que impera de nuevo en Nicaragua es el poder del caudillo que impone sometimiento. La única diferencia es que su apellido no es Somoza, que ahora es Ortega.
Pero sigamos leyendo a Pablo Antonio Cuadra: “La autoridad cuando existe se basa en una escala de autoridades. La autoridad suprema es el vínculo final de una gran comunidad que descansa sobre pequeñas comunidades con autoridad”. Y agrega el gran poeta, sociólogo y periodista de Nicaragua: “El Poder, en cambio, barre con toda autoridad inferior; solo admite delegaciones de su mando y, por lo mismo, tiende a impedir y disolver las comunidades. El poder solo admite multitudes sueltas cuyo único vínculo sea, precisamente, el poder: cada vez más absoluto y centralizador”.
¿Y a quién se refería PAC?, ¿al Anastasio Somoza de 1971 o al Daniel Ortega de 2011? Sin duda que PAC hablaba de los dos.
Ver en la versión impresa las páginas: 8 A
