Sin menoscabo de los otros estamentos sociales que también necesitan la democracia representativa para progresar en libertad, la clase media es su bastión principal. Es que para ascender a un mejor nivel de vida sin necesidad de formar parte de un linaje privilegiado o de un círculo de políticos corruptos, la clase media requiere libertad, independencia y Estado de Derecho que solo el sistema democrático puede darle.
El desarrollo de la clase media en Nicaragua ha sido lento y difícil. Después de la independencia nacional la anarquía impidió que se formara un Estado nación. Solo hasta el régimen de los 30 años conservadores se empezó a darle importancia a la educación. Después, el régimen liberal iniciado en 1893 implantó reformas sustanciales que facilitaron el surgimiento de un liderato empresarial dinámico y una fuerza de trabajo que exigía mayor preparación , pero los derechos humanos y políticos fueron atropellados por la férrea dictadura zelayista. El sector intermedio era muy débil para desafiar a la dictadura y en ese vacío de oposición el capital estableció una alianza entre el oligopolio y el caudillo de turno, que hasta hoy sigue siendo la fórmula para conseguir estabilidad sin libertad ni Estado de Derecho.
Con la dinastía Somoza esa fórmula se consolidó, acompañada por un sector de clase media que se colocó bajo la sombra del dictador. Pero también elementos de clase media, conservadores, liberales y socialistas demócratas y cristianos lucharon contra el somocismo. Al triunfar en 1979 el sector radical de izquierda de la oposición, tras una larga campaña guerrillera, la clase media retrocedió al sufrir despojos y exilio. Los sandinistas la veían como un estorbo a sus planes totalitarios. Y después, en los 16 años siguientes a la dictadura del FSLN, la clase media comenzó de nuevo a prosperar pese a las asonadas, tomas de empresas, huelgas y otras acciones extremistas, junto al pactismo y la división del Partido Liberal que provocó su caída del poder.
Actualmente la revolución tecnológica ofrece a la clase media una ventana valiosa para penetrar en la opinión pública, a través de las redes sociales que le permiten difundir sus valores y organizarse. Y en la política, siendo la clase media la que nutre el sector independiente, tiene el dilema de votar masivamente aprovechando el voto secreto, a pesar de las anomalías que derivan de la candidatura oficialista inconstitucional y fallas graves en el sistema electoral, o permanecer impasible y alejar la posibilidad de restaurar sus valores de libertad, independencia y Estado de Derecho. Obviamente, esta última opción es la que conviene a la clase media, siempre y cuando cobre conciencia de su propia necesidad.
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