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Apesar de la violenta protesta de los comunistas, ateos militantes y otros enemigos de la Iglesia católica, la visita de Benedicto XVI a España y la celebración en Madrid de la Jornada Mundial de la Juventud se ha realizado con gran éxito y con una masiva participación de entusiastas jóvenes españoles y de todo el mundo. Y como lo han mostrado las imágenes transmitidas por las cadenas internacionales de televisión, las expresiones de cariño de la gente hacia el papa han sido impresionantes.
Aunque quizás no sea ese el propósito de la Iglesia católica, la Jornada Mundial de la Juventud es una forma de contrarrestar al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, que el Partido Comunista de la Unión Soviética promovió desde 1947 y se ha seguido realizando después de la desaparición de la URSS, ahora bajo el auspicio de Cuba, Corea del Norte y otros países comunistas sobrevivientes del naufragio de 1989-1990.
Cabe mencionar que el más importante de los festivales mundiales de jóvenes y estudiantes comunistas, por la cantidad de participantes, fue el que se realizó en 1957 en Moscú. En este participaron 34 mil jóvenes de muchas partes del mundo, entre ellos Carlos Fonseca Amador, de Nicaragua, quien posteriormente publicó un folleto titulado Un nicaragüense en Moscú , en el cual describió las maravillas del paraíso comunista que según él vio durante unos cuantos días de estancia en la capital soviética.
La Jornada Mundial de la Juventud católica se realizó por primera vez el Domingo de Ramos de 1984, en Roma, con la participación de 300 mil jóvenes de ambos sexos que llegaron de todo el mundo. Pero la iniciativa de celebrar esta Jornada había nacido 9 años antes, cuando el papa Pablo VI sostuvo un encuentro con jóvenes de todo el mundo con motivo del Año Santo 1975, al clausurar la Primera Marcha Internacional de la Reconciliación Cristiana que recorrió el camino de Asís, la ciudad de San Francisco, a Roma, la capital del catolicismo.
Inicialmente la Jornada Mundial de la Juventud católica se realizó cada año y durante tres veces seguidas se hizo en Roma. A partir de entonces se resolvió celebrarla también en otros países y al menos cada dos años, de modo que después de la cuarta Jornada Mundial de la Juventud católica que tuvo lugar en 1987 en Buenos Aires, Argentina, la siguiente fue en Santiago de Compostela, España, en 1989, y ahora la capital de este país europeo ha vuelto a ser la sede de la magna celebración juvenil católica internacional.
Lamentablemente no todas las personas comparten la vocación de paz y el propósito de reconciliación cristiana, que constituyen precisamente el sentido esencial de la Jornada Mundial de la Juventud. Así lo han demostrado las injustificadas agresiones contra la presencia del papa Benedicto XVI en España, que han sido perpetradas por comunistas, ateos militantes y otros enemigos de la Iglesia católica. Al parecer allí todavía hay muchas personas que respiran por las heridas de la historia y no perdonan la asociación que la Iglesia católica española tuvo con el régimen fascista de Francisco Franco, el cual reprimió sin piedad a sus enemigos republicanos, liberales y librepensadores. La Iglesia católica cometió inclusive el grave error de proclamar a Francisco Franco como “Caudillo de España por Gracia de Dios” y avalar la férrea dictadura fascista del régimen franquista.
Pero eso fue una cara de la moneda. La otra cara fue la de los numerosos crímenes que los enemigos de la Iglesia católica cometieron contra muchísimos sacerdotes, monjas y laicos católicos de ambos sexos; los allanamientos y saqueos de templos, conventos y otras posesiones de la Iglesia. Para la historia quedaron documentados los casos de 6,832 personas asesinadas durante la persecución contra la Iglesia católica de España, entre ellos 13 obispos, 4,814 sacerdotes, 2,365 religiosos y 283 religiosas, casi todas estas también abusadas sexualmente.
La Iglesia católica perdonó esos crímenes terribles, y sin perjuicio de defender firmemente sus principios y valores sustantivos como por el ejemplo el derecho sagrado a la vida humana, predica y practica la reconciliación cristiana con sus antiguos y nuevos enemigos y detractores. Así lo ha demostrado una vez más en Madrid, España, durante la celebración de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, presidida por el papa Benedicto XVI. Y evidentemente fueron muchos más los que participaron en esta demostración de fe, perdón y reconciliación, que quienes se manifestaron en pro de lo contrario.
