Es cierto que esta semana se ha escrito muchísimo sobre el incidente en el que me vi envuelto el lunes primero de agosto a causa de mi altercado con los escoltas del magistrado de facto del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas.
Incluso consideré que tal vez no valía la pena tocar ya el tema pues ha sido comentado de manera muy acertada por colegas de este y otros medios.
Sin embargo, decidí hablar por varias razones: primero porque debo agradecer públicamente a todas las personas, familiares, amigos que desde un primer momento se movilizaron de una u otra forma para apoyarme mientras yo estaba detenido en la Estación Cinco de Managua.
Pero además porque quiero hacer hincapié en las diferentes versiones que desde el otro lado se dieron sobre el tema. No voy a perder muchas líneas en lo relacionado con la ingesta de alcohol porque unos van a decir que iba “más bolo que el guaro” y otros van a aceptar lo que yo he dicho, ya que nunca he negado que tomé esa tarde.
La verdad es que es la fecha y a pesar de haberlo solicitado, la Policía aún no me entrega el resultado de los exámenes de Medicina Legal con los que decidieron que estaba ebrio.
De mi lado puedo decir que la versión del incidente siempre ha sido la misma. Sin embargo, ellos han cambiado la suya casi a diario.
Los medios de “la familia” que fueron avisados por “alguien” y que fueron atendidos ágilmente por la Policía de la Estación Cinco hablaron de un “atentado”.
La Radio Ya sin embargo decidió crear su propia versión y dijo que “Eduardo Enríquez con sus buenos piquinyukis entre pecho y espalda al ser detenido dijo que iba a dejar un amiguito suyo y que no se fijó en un madre alto que había en una calle (no habla de la rotonda)”.
“Enríquez en vez de detenerse, luego que casi impacta a la caravana, salió en guinda para que no lo atraparan y así nadie viera a su acompañante misterioso que al parecer es un muchachito de esos medio raros…”. De verdad que se ponen creativos los tipos estos.
Por otro lado, un empleado del magistrado de facto no se quedó atrás y declaró a Informe Pastrán esa noche que “el periodista iba en una camioneta en la Carretera a Masaya frente al Princess cuando interceptó la camioneta en que se movilizaba en ese momento y la impactó (en esta versión impacté la Lexus)… se bajó del vehículo, golpeó a un escolta y se marchó, por lo que se llamó a la Policía Nacional quienes lo detuvieron posteriormente”.
O sea, en este caso no hubo señal de alto, los que me arrestaron fueron otros policías y no los escoltas armados, a los que además yo, desarmado, golpeé, según esta versión.
Y está la versión que diera el propio Rivas en la que insinuó que yo lo seguía desde que salió del desfile hípico, que premeditadamente lo intercepté en la rotonda Metrocentro y que puse en peligro la vida de los ocupantes de su Lexus y la de los policías.
Los orteguistas pueden escoger qué versión creer, pero la verdad es una, este señor Rivas se cree dueño de las calles y trata a los demás como ciudadanos de segunda.
Hombré, eso a mí me sacó de mis casillas y por eso reclamé mi derecho. Eso desencadenó el altercado, bien o mal manejado de mi parte mi punto se mantiene: aquí no debemos permitir que nadie nos pisotee y quedarnos callados no es una opción.
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