Plaga
El caso de Eduardo Enríquez sirvió, al menos, para poner en evidencia esa plaga en la que se han convertido las escoltas de “personajes”. El asunto es los recursos que consumen en tantos carros y el montón de policías, cuidando a gente que posiblemente el mayor peligro que corra es recibir algún tomatazo por sus malas acciones. Pero no solo eso. Además de esos recursos que merecen mejor destino, también andan por ahí amargándole la vida a los transeúntes, circulando por las calles como que si solo ellos tienen derecho a andar por esas vías.
“Fachenteando”
Si se revisa el gasto del presupuesto de la Policía se verá como el rubro de “seguridad personal” viene incrementándose año con año, porque de un tiempo acá, cualquier gato cree que tiene derecho a usar escoltas, más que por su seguridad, como una forma de darse importancia en el vecindario. Y si ya son muchos los que, sin necesitarlo, la Policía anda cuidando, sumémosle el otro montón que se aprovechan del desorden y compran sirenas y guantes anaranjados o verdes para andar “fachenteando” con una autoridad que no tienen.
Explicación
Esto no sería mayor problema, si, uno, se pagaran esos escoltas con su dinero y dos, respetaran el derecho que tenemos todos de circular libremente por las calles y caminos de Nicaragua. Precisamente, el problema que llevó a la cárcel al editor de LA PRENSA, Eduardo Enríquez, se origina en la arrogancia de escoltados y escoltas que creen que el resto de personas no tiene derechos en la vía. Sería bueno que la Policía explicara ¿qué peligro corría el señor Roberto Rivas para que invadiera carriles y desplazara al resto de vehículos? ¿Cuál era la prisa que llevaba don Roberto Rivas para ordenarle al resto que se detuviera porque él debía pasar primero?
Ordenar
Dicho esto, la Policía y el Gobierno deberían, uno, revisar quién necesita ser custodiado y quién no. Dos, en qué circunstancias se puede restringir el derecho de los demás. Y tres, quitarle las sirenas y guantes a tanto loco que los compró en los semáforos, porque la verdad uno ya ni sabe quién está pidiendo vía. Más de alguna vez he oído una sirena tras de mí y cuando estoy a punto de quitarme veo que es algún taxista vivo haciendo de las suyas. En resumen, si la Policía quiere que la tomen en serio debe hacer un uso racional de ese poder que se le otorga y castigar a quienes sin estar autorizados hacen uso de esos símbolos cuya función está regulada por la ley.
Estrategia
No quiero terminar esta columna sin dejar de hacer notar que la estrategia de comunicación de doña Rosario Murillo parece seguir una máxima: “Lo que no se gana se enreda”. ¿Se fijaron en la profusa difusión que dieron en los medios oficialistas a una entrevista que le hicieron al obispo Silvio Báez? La verdad monseñor Báez no dijo más ni dijo menos de lo que ha dicho siempre, pero se aprovecharon del lenguaje diplomático de rigor en un sacerdote de su jerarquía para hacer parecer que el obispo ya se había pasado con todo y cartuchera a sus trincheras, como hicieron otros sacerdotes de triste recordación. Goebbels sonríe satisfecho desde el infierno.
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