Thierry Frayssé, embajador de Francia en Nicaragua, se muestra optimista ante el futuro de este país centroamericano. Llegó en noviembre del 2007 y ahora, mientras alista maletas para volver a París, manifiesta su admiración por la capacidad de organización que ve entre los ciudadanos nicaragüenses.
Luego comenta la desilusión que le provocó ser testigo del fraude en las elecciones municipales del 2008.
En esta entrevista con LA PRENSA, el diplomático insta a los nicaragüenses a no desanimarse, aun con los problemas de gobernabilidad y pobreza que padece el país.
Declara que para Francia la democracia es una convicción y comparte esos valores con la sociedad nicaragüense, porque la democracia es respeto a los derechos humanos, libertad para elegir a sus gobernantes y libertad de expresión. “Son las condiciones mismas del progreso de un país”, enfatiza Frayssé.
Igual que los demás embajadores de las naciones de la Unión Europea (UE) insiste en la importancia de que el proceso electoral que vive Nicaragua sea observado, porque es la única manera de restablecer la credibilidad y confianza, dañadas en las elecciones del 2008.
¿Qué imagen tenía de Nicaragua al venir y qué imagen se lleva al concluir su período?
Nunca había visitado Nicaragua, pero tenía cierta idea porque siempre me ha interesado el continente latinoamericano. Ya había trabajado dos veces en Latinoamérica… Siempre había seguido la actualidad política de Centroamérica, conocía la historia a veces complicada y turbulenta de Nicaragua. Venía con mucha expectativa. Además Nicaragua, por su historia particular —la época de la revolución bastante conocida en Francia— es un país que interesa y siempre hemos tenido una relación especial con este país. En estos cuatro años he observado mucho, he aprendido mucho, me voy impresionado. No voy a hablar de los paisajes. La vitalidad del pueblo nicaragüense… Es un pueblo que tiene que enfrentar a diario muchas dificultades, la pobreza; pero es un pueblo solidario donde las redes familiares cuentan mucho, hay gran voluntad de aprender, progresar; lo vemos en los jóvenes, las mujeres, es una sociedad civil muy interesante. Tal vez por herencia de la revolución, hay gran capacidad de organización; hasta en los lugares más apartados del país hay una red asociativa muy interesante, tradiciones de autoayuda, de solidaridad. La gente sabe cómo movilizarse, organizarse para mejorar su condición.
¿En el campo político qué expectativas tenía y qué impresión se lleva?
Nicaragua es un país que ha tenido una historia política muy complicada, a veces violenta, con un proceso revolucionario que ha dejado una herencia que puede ser criticada, pero con muchos avances, muchos progresos en el área social, salud, educación, servicios públicos. Desde los noventa es un país que ha atravesado un proceso de consolidación de sus instituciones democráticas, a través de varios presidentes; un proceso de apertura de su economía, modernización de su infraestructura. En los últimos cuatro años es un gobierno con prioridades sociales muy claras y necesarias y está haciendo cosas. He visto mejoras a nivel de infraestructura, carreteras, a nivel de salud. Escucho también críticas que son programas asistencialistas y clientelistas. Es importante que este esfuerzo social desemboque en un verdadero desarrollo, no solo asistencialismo a corto plazo… que implemente programas que permitan a la gente mejorar sus condiciones de manera sostenible a largo plazo y que lleguen a las personas de todos los sectores, independientemente de sus preferencias políticas.
También hemos tenido preocupaciones, no solo Francia, sino los demás países europeos, la comunidad internacional, y han expresado sus preocupaciones en temas como la eliminación del aborto terapéutico, la suspensión de la personalidad jurídica del Partido Conservador y del Movimiento Renovador Sandinista. Han sido decisiones poco acertadas en términos de democracia, de gobernabilidad. Se dio también el caso del 2008, cuando la Unión Europea suspendió la ayuda presupuestaria al Gobierno después del fraude de las elecciones, un fraude importante y comprobado. Nos pareció un retroceso respecto a la consolidación de la democracia, una clara involución, pero creo que hay que ver hacia el futuro y el futuro es el escrutinio de noviembre.
En particular nos interesa que haya una observación creíble de las próximas elecciones presidenciales y legislativas, como se ha hecho desde los noventa; todos han sido observados sin ningún tipo de obstáculo.
Pero varios organismos han dicho que ya no es posible una observación integral, debido a que ya estamos contra el tiempo.
Es verdad que el tiempo apremia, queda muy poco tiempo porque una observación no es solo observar el escrutinio del mismo día, sino todo el proceso, como la fiabilidad del proceso de cedulación. En el 2006 empezó cinco, seis meses, antes. La publicación del reglamento es tardía, sin embargo consideramos que todavía es factible. De hecho esta semana está una misión técnica de la Unión Europea para examinar con las autoridades la factibilidad de la observación y en qué condiciones se daría. Todavía estamos a tiempo, si hay voluntad de parte de las autoridades de permitirnos observar.
¿Cree usted que con la experiencia del fraude del 2008 este tipo de actitudes del Consejo Supremo Electoral (CSE) crea cierta sombra de irregularidad en el proceso electoral?
No quiero especular, nos atenemos a los hechos. La Unión Europea va a apoyar esta misión, creemos que el envío de una misión es posible y se está negociando. Es muy importante la presencia de observadores internacionales y nacionales. Además, teniendo en cuenta lo del 2008, la presencia de observadores permitiría dar confianza porque se ha perdido cierta confianza, creo que el proceso ganaría mucho. Además, la observación solo es posible con el beneplácito de las autoridades. Creo que veo un pedido mayoritario de la población nicaragüense que quiere observación, el proceso solo puede beneficiarse con la presencia de los observadores.
¿Cómo ha cooperado Francia con la consolidación de la democracia en Nicaragua?
La manera de contribuir a la consolidación de las instituciones democráticas es la cooperación que tenemos con la Policía Nacional y las fuerzas armadas; una cooperación muy antigua, yo la calificaría de ejemplar, es una cooperación que se basa en capacitación.
¿Cómo cree que esté Nicaragua en términos de democracia?
Una pregunta difícil. Creo que Nicaragua es un país con los problemas que conocemos, pobreza, desarrollo, desigualdad, pero a pesar de eso hay una red muy activa en la defensa de derechos humanos y de la democracia. Es una sociedad comprometida y sobre todo es importante que no se desanime, a pesar de los problemas de gobernabilidad y pobreza. No hay que olvidar que la democracia no es un lujo de los países desarrollados. Es nuestra convicción y son valores que compartimos con la sociedad nicaragüense, que la democracia supone respeto a los derechos humanos, libertad a elegir a sus gobernantes, libertad de expresión, libertad de los medios; son las condiciones mismas del progreso de un país…
No hay que desanimarse, pero creo que sin una democracia a mediano plazo un país no puede ser estable, porque siempre vuelve la violencia, no trae inversores porque el riesgo jurídico puede ser alto en un país que no es democrático, que no tiene una justicia imparcial y eso no trae desarrollo.
¿Cree que vamos rumbo a esa inestabilidad?
Creo que las sociedades son más maduras que los gobernantes, incluso en los países europeos, y creo que, por lo que observamos en los países árabes, es una señal de esperanza. Eso prueba justamente que no hay que oponer democracia y desarrollo, que van de la mano; no hay que decir que un país porque tiene problemas de desarrollo y pobreza, la democracia y los derechos humanos vienen después; o al contrario, porque un gobierno autoritario tiene éxito en el campo económico es una cosa satisfactoria.
¿Cree que Nicaragua tiene una sociedad más madura que sus gobernantes?
Creo que sí, justamente por la historia que tiene este país. Por todo el sufrimiento que ha atravesado, la sociedad nicaragüense ha pagado muy caro las instituciones democráticas que tiene, aunque a veces imperfectas. Creo que el pueblo nicaragüense es muy maduro y creo que la libertad de expresión, la libertad de medios, la libertad de tener elecciones limpias, instituciones que funcionen, para el pueblo nicaragüense en su mayoría es un hecho que no hay vuelta atrás posible.
Francia es la cuna de los derechos humanos. ¿Cuáles deben ser los derechos fundamentales que deben tener las personas para vivir en democracia?
Francia, se puede decir efectivamente que es la cuna de los derechos humanos y mañana (hoy) se celebra el 14 de julio, el inicio de la revolución francesa, que ha sido un poco el triunfo de las ideas en la ilustración y la cuna de las instituciones modernas, tal como las conocemos hoy. Es una revolución que ha tenido mucha influencia en América Latina y muchas de las constituciones se inspiran en la de Francia, aunque no quiero decir que Francia sea un país ejemplar, pero es un ideal de civilización que compartimos con América Latina y la sociedad nicaragüense.
Los derechos humanos son universales, se aplican de la misma manera en todos los países, no hay pretexto para no implementarlos. No podemos decir que porque somos un país pobre no podemos, o de manera opuesta, no lo digo en particular para Nicaragua, un gobierno que llega a tener éxito en términos económicos o en el campo social entonces se olvida de los derechos humanos, en particular de la libertad de expresión, libertad de conciencia o no poder elegir libremente a los dirigentes.
¿Como diplomático, qué tan difícil fue para usted la experiencia del fraude del 2008?
Fue bastante traumático, fue una gran decepción porque la comunidad internacional desde el noventa se había involucrado mucho, en particular cooperando con el CSE para garantizar y dar los medios necesarios para procesos electorales limpios. Efectivamente, una gran desilusión, no hay que ocultarlo… Eso nos llevó de manera concertada y de manera unánime a suspender el apoyo presupuestario, que era solo una parte de la cooperación, porque sabemos que el pueblo nicaragüense necesita esa cooperación; pero no quisiera revolver viejas heridas, quisiera proyectarme hacia el futuro de manera constructiva, hacia el escrutinio del 6 de noviembre (próximas elecciones). Por eso mi insistencia y de otros colegas europeos de estar aquí de observadores, creo que es la única manera de restablecer el nivel de credibilidad y de confianza que ha sido muy dañada por la experiencia del 2008.
Francia tiene casi medio siglo de cooperar con Nicaragua. ¿Esa cooperación disminuyó mucho después de esa experiencia?
A nivel bilateral no hubo cambios, Francia está presente. La cooperación bilateral es modesta pero se mantiene, a pesar de los problemas presupuestarios que tenemos. Nicaragua es el tercer país que más recibe de la Unión Europea y Francia es el segundo contribuyente. La cooperación bilateral se mantiene, trabajamos sin ningún tipo de trabas, tenemos una relación muy fluida con las autoridades nicaragüenses y se ha desarrollado de manera muy satisfactoria.
¿Qué pasaría en Francia si un presidente lanzara su candidatura contraviniendo la Constitución Política?
Bueno creo que simplemente su candidatura no sería recibida. En Francia hemos tenido un cambio constitucional, ahora se elige por cinco años, se puede relegir por segundo mandato, pero no más. Antiguamente era mandato por siete años con relección indefinida.
¿Nunca se ha dado un caso como el de Nicaragua?
En Francia sería imposible, hay organismo de control de la validez de la candidatura, que haría totalmente imposible que un candidato se presente sin ser autorizado.
¿Cómo ve Francia la relección del presidente Daniel Ortega?
Creo que la relección no es un problema en sí. Como decía, en Francia teníamos un sistema de siete años de mandato con el derecho a ser relegido. La relección no es el problema si se respeta la Constitución. En muchos países de América Latina, no solo en Nicaragua, hay mucho recelo hacia el principio de la relección, por la historia, por la cultura política, porque muchos presidentes tratando de mantenerse en el poder han torcido la Constitución.
En el caso de Nicaragua hemos observado que el fallo de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) ha sido muy criticado. Para nosotros, como embajadores, es difícil comentar una decisión de la Corte Suprema, aunque leemos también la Constitución. Pero hay candidatos de oposición que participan del escrutinio, de cierta manera hay un aval de hecho. Por eso mismo la importancia de la observación, teniendo en cuenta esas críticas.
¿Qué opina usted cuando escucha que los diplomáticos son colonialistas y que los observadores son injerencistas?
Ya estamos acostumbrados a declaraciones reiterativas y huecas. Sabemos que son declaraciones que se dirigen a un auditorio interno, por razones políticas internas, pero esas declaraciones hacen mucho daño a Nicaragua. A nivel internacional no favorecen en nada la imagen de Nicaragua. Además, creo que son declaraciones injustas porque en el caso de Francia hace cincuenta años que no tiene colonias y mantenemos relaciones de cooperación muy estrechas con las excolonias.
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