La heroica lucha del pueblo sirio por la libertad

La lucha que están librando los pueblos árabes por la democracia trae a la memoria la emocionante oración sobre la libertad, que el escritor español Miguel de Cervantes pusiera en boca de Don Quijote de la Mancha y la cual ya hemos citado en este espacio editorial: “La libertad, Sancho amigo, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Por esa vocación suprema de libertad es que más de 800 personas han sido asesinadas y más de 8000 se encuentran desaparecidas por la represión en Siria, desde el 18 de marzo pasado, cuando comenzaron las manifestaciones callejeras contra la dictadura “socialista” de Bashar al Assad, quien gobierna desde el año 2000 como continuador de su padre, Hafez al-Assad, que instauró el régimen dictatorial hace 40 años.

Por el régimen de terror imperante en Siria, desde hacía 29 años el pueblo de ese país árabe no se había atrevido a protestar públicamente ni había demandado libertad y democracia como las está exigiendo ahora. Es que el pueblo sirio quedó traumatizado políticamente por la sangrienta represión genocida con la que Hafez al-Assad aplastó una insurrección de la Hermandad Musulmana, en la ciudad de Hama, en febrero de 1984. Alrededor de 40 mil personas fueron asesinadas en aquella trágica ocasión por las fuerzas represivas del dictador genocida Hafez, según reportes de la Comisión Siria de Derechos Humanos.

Desde entonces en Siria se impuso el estado de excepción y no se permitió absolutamente ninguna libertad ni el ejercicio de los derechos más elementales de los ciudadanos. Pero aún así, después de 29 años de sumisión el pueblo de Siria ha roto las invisibles pero paralizantes cadenas del miedo, se ha alzado valientemente a la lucha por la libertad y la democracia y ha vuelto a confirmar la sentencia de validez universal de Don Quijote, de que por la libertad como por la honra -que en el fondo son lo mismo— vale la pena arriesgar hasta la vida, y que el cautiverio, en este caso la dictadura, es el mayor mal que la persona humana puede sufrir.

Las personas demócratas de Nicaragua que ven con admiración, inclusive con envidia, la rebelión cívica del pueblo sirio contra la dictadura, y los conmueve emocionalmente la valentía con que una y otra vez sale la gente a las calles a pesar de la sangrienta represión de la dictadura “socialista”, deben saber que esas manifestaciones multitudinarias que se ven ahora en las imágenes de televisión comenzaron con demostraciones aisladas de grupos muy pequeños.

Ciertamente, cuando se inició la insurrección cívica en los otros países árabes y del Norte de África, en Siria se comenzó a manifestar solo un grupo muy reducido, como el de los jóvenes de Rejudin en Nicaragua, que pedían democracia y la libertad de los presos políticos. El pueblo sirio en general no apoyó aquellas pequeñas demostraciones de protesta, que eran rápidamente sofocadas por la Muharabat, como se llama la policía política de la dictadura de Al-Assad, apoyada por turbas oficialistas. Una periodista española que reportó esas primeras demostraciones de protesta en Siria, subrayó en uno de sus despachos que era mayor la presencia de policías y partidarios de la dictadura que de ciudadanos opositores, quienes apenas alcanzaban a gritar sus consignas de libertad antes de que los apalearan y los disolvieran.

Pero ahora las manifestaciones contra la dictadura son multitudinarias y no las contienen ni siquiera la represión criminal ni las promesas de reforma política del dictador Bashar al-Assad, quien se encuentra en el poder desde junio del año 2000, cuando murió su padre y le heredó el país; después Bashar se hizo “elegir” como presidente de Siria mediante un referendo fraudulento en el cual se asignó más del 90 por ciento de los votos; y se reeligió en otra farsa de referendo popular en mayo de 2007, cuando el consejo electoral sirio le atribuyó el 97 por ciento de los votos.

Sin duda que en Nicaragua tenemos mucho que aprender de las admirables lecciones de valor cívico, amor a la libertad, voluntad democrática y fe en la victoria, que está dando el pueblo de Siria al igual que los demás pueblos del mundo árabe.

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