“Los Galanes” y “Los Puenteros” se han estado portando bien. Los amigos de lo ajeno también se han calmado. Ya no hay “juegos pirotécnicos” a medianoche o en pleno día. Al menos temporalmente y después que se abrió una subdelegación en el corazón del barrio.
El Jorge Dimitrov hasta ahora es considerado unos de los barrios más peligrosos en Managua por el alto índice de delitos y actos de violencia. En la lista de puntos rojos de la capital desfilan varios nombres como el Jonathan González, El Recreo o el Reparto Schick. Muchos evitan entrar en estas zonas, pero otros han aprendido a convivir y sobrevivir entre machetazos, piedras y balas.
Berta Madrigal nació, creció y vive en el barrio Dimitrov junto con su familia. En una casa que es un rompecabezas de mil trozos de madera vieja que está resguardada por un cerco de láminas de metal y de todo lo que pueda servir como pared.
Tiene 31 años y nunca la han asaltado, pero sortear piedras o balas si era sorprendía en la calle por algún enfrentamiento entre pandillas son algunas de sus anécdotas.
“A toda hora y en cualquier lugar robaban, sin perdonar a nadie. Los pandilleros se tomaban las calles cuando querían para ajustar cuentas, era a cualquier hora que le tocaba pegar carreras a uno para meterse a su casa si había pleito… juegos pirotécnicos le digo yo. Esas armas hechizas que caminan sacan un chisperío y hacen un ruido fatal”, cuenta Madrigal mientras se refresca bajo la sombra de un árbol en la acera de su casa junto a dos hijas pequeñas.
“No deja de haber problemas porque los chavalos son locos, pero se han controlado en estos dos años y hay menos robos. La Policía mantiene vigilado el lugar, ahí andan de día y de noche, eso nos ha permitido descansar de los alborotos y los muertos que había en años anteriores”.
Berta Madrigal actualmente es ama de casa, pero recuerda que cuando salía a trabajar vio decenas de robos y creció viendo violencia en su barrio, ahora dice que respira un poco tranquila desde que tiene a la Policía cerca, a unas tres cuadras de su casa.
CONVIVIR EN TREGUA
El fin de semana pasado hubo “acción” en el barrio. Casi como todos los sábados en el barrio Las Torres un grupo de jóvenes se enfrenta con la pandilla del Hilario Sánchez. Ofensas, piedras y armas hechizas. Gritos, llanto y sangre. Todo es parte de la rutina en el barrio, por eso doña Amalia del Rosario Alvarado no se espanta.
Ella tiene casi 20 años de habitar en el lugar, hace un tiempo a una de sus hijas le pegaron con un balín en el glúteo durante una pelea callejera. Tuvo suerte de que esa vez “los chavalos solo querían molestar”. Por eso ahora cada vez que ve que se está calentando el ambiente entre las pandillas sale a regañarlos, al menos para que vayan a pelear a otro lado.
“Nosotros aprendimos a vivir con esto”, agrega Alvarado. Dice sentirse más tranquila, sobre todo por la seguridad de sus nietos.
“Ahorita los chavalos de aquí están organizados con la Policía. Ellos les arman canchas de futbol y los vienen a cuidar el lugar mientras dura el juego. Se han guardado muchos con esto de que viene la Policía, hace un mes se llevaron a dos a la Modelo”.
La Policía Nacional desarrolla un plan para proteger a jóvenes en riesgo por medio de proyectos deportivos y clubes comunitarios. Desde que el patrullaje se realiza todos los días la delincuencia y la violencia dan tregua, al menos por el día. Por las noches los vecinos hacen vigilancia para evitar robos, a veces incluso son ellos mismos quienes dan persecución y atrapan a los malandrines.

“No me da miedo, uno se acostumbra. Ahorita estamos aquí afuera platicando, pero eso sí a las 6 ya vamos para adentro, porque los fines de semana para los del otro barrio el deporte es venir a armar pleito aquí”.
En el barrio Grenada también se respiró la paz, Xóchitl Mejía lo recuerda.
Asegura que aunque hasta hace dos meses la Policía tuvo mayor presencia en el barrio con patrullajes, el cambio fue inmediato.
“Aquí los pleitos con los del Pantasma, la Finquita y en Nancite son semanales de día o de noche, con todas las armas”, cuenta Mejía.
Hace un mes se metieron a robar a su casa, pero lograron atrapar al ladrón y recuperar las pertenencias.
“Trajeron una preventiva (unidad preventiva móvil) y la pusieron en el parque una semana, si ellos ven policías se aquietan, pero apenas dan la vuelta comienza otra vez el relajo”.
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