El congreso de Raúl

En un país totalitario como Cuba, donde prácticamente todo le pertenece al caudillo gobernante, es lógico que se diga que el VI congreso del Partido Comunista que comienza hoy en La Habana, es “el congreso de Raúl”.

El Partido Comunista de Cuba fue fundado el 3 de octubre de 1965, al fusionarse los antiguos partidos de extrema izquierda, Movimiento 26 de Julio, que era el de los hermanos Fidel y Raúl Castro; Partido Socialista Popular (PSP), como se llamaba la antigua organización política de los comunistas cubanos históricos); y Directorio Revolucionario 13 de Marzo. Estos tres partidos habían formado después del triunfo de la revolución cubana en 1959, la alianza interpartidaria denominada Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), que después se llamó Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) y derivó luego en el Partido Comunista de Cuba (PCC). Todos los demás partidos fueron prohibidos, y aunque de manera subterránea y sometidos a la represión existen ahora algunos pequeños partidos democráticos, el único con derecho de existir es el Partido Comunista que manejan los hermanos Castro Ruz como instrumento político para mantenerse y perpetuarse en el poder.

De manera que el Partido Comunista de Cuba tiene 46 años de existencia, pero siendo como es una estructura política vertical que funciona sobre la base del centralismo burocrático y el procedimiento militarista de ordeno y mando, hasta ahora únicamente ha realizado cinco reuniones de su congreso nacional, que formalmente es el órgano superior y sus decisiones no sólo afectan a los miembros de dicho partido, sino que determinan las políticas del Estado y el gobierno, y comprometen a todas las personas que viven en esa isla del Caribe cautiva del totalitarismo comunista desde hace más de medio siglo.

El sistema totalitario de partido único en Cuba está determinado incluso de manera constitucional, puesto que en el artículo 5 de la Constitución se dice que el Partido Comunista es la “vanguardia organizada de la nación cubana, fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

Eso es como si el Frente Sandinista de Liberación Nacional estuviera consagrado en la Constitución de Nicaragua como el partido de vanguardia de la sociedad y conductor del Estado y la sociedad, como pretendían imponerlo los comandantes sandinistas en los años ochenta, pero no pudieron hacerlo por la férrea resistencia armada y cívica del pueblo nicaragüense. Sin embargo, ahora que Daniel Ortega y el FSLN han podido restaurar todo su poder estatal gracias al pacto contra la democracia que hicieron con Arnoldo Alemán y el PLC, seguramente que ese proyecto totalitario está previsto para cuando logren imponer el denominado socialismo del siglo XXI, que no es otra cosa que el mismo comunismo fracasado del siglo XX.

Precisamente, al VI Congreso del Partido Comunista que comienza hoy en La Habana, los reporteros internacionales llaman también “el congreso de Raúl”, primero porque los cinco anteriores fueron los “congresos de Fidel” y el de hoy es el primero que conducirá el hermano menor del máximo líder de la revolución comunista cubana, quien ha renunciado formalmente a sus cargos en el Estado y el Partido Comunista por mala salud y vejez. Pero además, es “el congreso de Raúl” porque está convocado para aprobar (no para discutir y mucho menos para cuestionar y rechazar) las reformas para la restauración parcial del capitalismo, lo cual significa ante todo el despido de casi millón y medio de trabajadores del Estado que deben ir a emprender pequeños negocios particulares por cuenta propia. Reformas que son impulsadas por Raúl Castro para tratar de salvar al fracasado sistema comunista, que de hecho se encuentra en estado de putrefacción.

Pero si el comunismo cubano está podrido, ¿entonces por qué no cae la dictadura del Partido Comunista y los hermanos Castro? Pues porque no siempre lo que se pudre desaparece inmediatamente. Al respecto Vladímir Ilich Uliánov, alias Lenin, quien fuera uno de los grandes iconos ideológicos del comunismo mundial, advirtió que un régimen puede llegar al fin de sus posibilidades y podrirse, pero seguir sobreviviendo por tiempo indefinido de manera larvada. Se trata de que, como el mismo Lenin lo señaló, ningún régimen cae por sí solo por muy podrido que esté. Hay que hacerlo caer.

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