El presidente de izquierda de El Salvador, Mauricio Funes, dio una entrevista al periódico francés Le Monde en la cual asegura enfáticamente que el modelo social, económico y político que está impulsando Hugo Chávez en Venezuela — o sea el denominado “socialismo del siglo XXI”, “socialismo bolivariano” o chavismo a secas—, no tiene validez en su país.
Es obvio que no fue por casualidad, que el presidente Funes dio esa declaración, divulgada el mismo día que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llegaba a El Salvador para completar su periplo por tres países latinoamericanos. Sin duda que en el marco de esa visita tan importante, el presidente salvadoreño quería dejar claro que a pesar de que subió a la Presidencia de El Salvador en hombros de un partido de izquierda radical —como es el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), el cual se identifica ideológicamente con el chavismo de Venezuela, con el castrocomunismo de Cuba y con el orteguismo de Nicaragua— él (Funes) es un gobernante democrático, respetuoso de la libertad y la democracia que son valores compartidos con Estados Unidos y todas las naciones democráticas del mundo.
El presidente Funes aseguró que el modelo chavista “funciona en Venezuela, si es que funciona, pero no en El Salvador”, deslindándose así del proyecto totalitario regional de Hugo Chávez. Pero, además, el presidente salvadoreño puso en duda que el tal “socialismo del siglo XXI” o “bolivariano”, pueda funcionar aún en la misma Venezuela, que sufre el rigor de una dictadura militarista y además se encuentra en una desastrosa situación económica y social, a pesar de su cuantiosa riqueza petrolera.
El presidente Funes también aprovechó su entrevista con Le Monde, para marcar distancia con respecto a Cuba comunista, al decir que “el modelo cubano no podría ser adoptado aquí (en El Salvador) mientras La Habana lo está reformando porque ya no es viable”. En este caso el presidente salvadoreño reconoció que el FMLN “permanece cercano a Venezuela y a Cuba”, pero aseguró que ese partido izquierdista “ha sabido mostrar realismo y pragmatismo para adaptarse a la vida democrática”.
En realidad, hay que tener una mentalidad política muy extremista, reaccionaria y cerril —de izquierda o de derecha—, para no comprender que en la época actual el mejor camino para gobernar bien un país, para sacar a la gente de la pobreza extrema y media, para construir una sociedad más justa y equitativa, es el de la libertad sin restricciones y de la democracia sin apellidos ni sesgos autoritarios.
Es muy posible que el realismo y el pragmatismo del FMLN al que hace referencia el presidente salvadoreño Mauricio Funes, para explicar porqué en su país no se ha cometido la irresponsabilidad política de tratar de trasplantar el modelo chavista de Venezuela —que es el mismo modelo comunista que ha fracasado en Cuba— se deba ante todo a que en El Salvador existen instituciones estatales, políticas, militares, económicas y sociales fuertes y arraigadas, las cuales muy difícilmente podrían ser avasalladas y destruidas. En Nicaragua, en cambio, el origen político y la ideología sandinista del Ejército y la Policía, junto con la corrupción de una derecha claudicante que vendió a Daniel Ortega y el FSLN el control de las instituciones civiles del Estado, facilitó la posibilidad de copiar aquí el modelo chavista, por supuesto que debidamente adaptado a las características nicaragüenses.
Se conoce que en el FMLN de El Salvador hay una corriente extremista que se identifica absolutamente con los Castro, Chávez y Ortega, y por lo tanto quisiera imponer en su país el nefasto modelo castrista o chavista. Sin embargo, por fortuna para El Salvador la corriente pragmática y realista a la que se refiere el presidente Funes en su entrevista con Le Monde, es la que predomina actualmente en ese partido.
Quizás los pragmáticos del FMLN esperan una mejor oportunidad para tratar de impulsar un proyecto revolucionario radical inspirado en el modelo chavista. O tal vez han entendido que, como lo demuestran las experiencias de Chile, Brasil y Uruguay, es perfectamente posible impulsar desde el gobierno reformas sociales de neto beneficio popular sin suprimir o restringir la libertad, ni falsificar la democracia, como ha hecho el chavismo en Venezuela y lo está haciendo el orteguismo en Nicaragua. Pero en todo caso, lo más importante es que con el gobierno de izquierda del presidente Mauricio Funes, El Salvador se mantiene en la ruta de la libertad y la democracia.
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