En la Cumbre de las Américas del año 2009, en Trinidad y Tobago, el presidente nicaragüense Daniel Ortega hizo un discurso de casi una hora dedicado a recordar los conflictos entre Centroamérica y Estados Unidos desde el siglo antepasado.
El presidente estadounidense Barack Obama habló después y en un discurso breve enfatizó: “No vine aquí a discutir del pasado, vine aquí a discutir del futuro”.
Esta anécdota aparece en el libro !Basta de Historias!: La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro, el último del periodista Andrés Oppenheimer, quien hoy ofrece una conferencia en Managua.
Oppenheimer hizo un recorrido por el mundo para conocer cómo algunos países consiguen más crecimiento económico y erradican la pobreza, y el resultado es este libro.
¿Por qué en Latinoamérica ha costado aprender ciertas lecciones de lo que debe ser el éxito?
Porque vivimos obsesionados con el pasado. Estamos desenterrando muertos en todo el continente. Ayer llegué en la noche a Managua y lo primero que vi fue un enorme cartel luminoso de Sandino. En todos lados estamos desenterrando muertos. Chávez acaba de desenterrar al pobre Bolívar que estaba descansando pacíficamente… Toda esta gente debe haber sido gente muy importante en su momento, pero Bolívar se murió 150 años antes de la invención del Internet. Puede ser una persona muy valiosa y muy interesante en el pasado de América Latina, pero en un mundo globalizado, en que un joven banquero en Nueva York puede apretar un botón y quitarle mil millones de dólares a un país y ponerlos en otro, creo que usar las enseñanzas de estos próceres de la independencia para orientar nuestras políticas de futuro es un poco descabellado. Vivimos en otro mundo.
Existe la tendencia en ciertos gobernantes de cobijarse con personajes del pasado…
Porque inventan un pasado ficticio para justificar y garantizar su acaparamiento de poderes y su permanencia en el poder, pero es una historia inventada. El hecho es que nos meten a todos en esta obsesión por la historia que es absurda, yo no la veo en ninguno de los países asiáticos. Los países asiáticos están mirando para adelante, no están mirando para atrás… Cuando llego al aeropuerto de Singapur cambio unos billetes para tomar un taxi e ir al hotel, y miro los billetes y qué me encuentro: A diferencia de los países latinoamericanos, que tenemos a los próceres de la Independencia, ellos tienen la imagen de un profesor, estudiantes, el trasfondo de una universidad y abajo una palabra: educación. Nosotros estamos mirando para atrás, ellos están mirando para adelante.
¿Mao ya no significa nada en China?
Yo, la única imagen de Mao que vi fue la que vemos todos en la plaza Tiananmen, pero ningún funcionario chino me mencionó ningún prócer del pasado para justificar las políticas del presente. Están mirando para adelante, no para atrás… Mientras los latinoamericanos vivimos guiados por la ideología y obsesionados con el pasado, los asiáticos están guiados por el pragmatismo y obsesionados con el futuro.
¿Cuáles son las consecuencias que ya sufre Latinoamérica producto de esta visión?
Yo no digo que esté mal recordar la historia, ni que tengamos que dejar de debatir nuestra historia, pero lo que digo es que nuestra obsesión exagerada con el pasado nos distrae de la urgente tarea de concentrarnos en los grandes temas del futuro, como la educación, la ciencia, la tecnología, la innovación, porque si tú prendes el televisor en cualquiera de nuestros países, la discusión central no es cómo mejorar la educación; la discusión central de todos los días es si los sandinistas tienen razón o la contra, o si Sandino o los americanos… Estamos peleando las batallas del pasado en vez de pelear las batallas del futuro. Entonces tenemos que poner a la educación en el centro de la agenda política de nuestros países, si no nunca vamos a poder derrotar a la pobreza.
¿Por qué el crecimiento educativo no provoca en algunos países cambios hacia la democratización? El caso de China…
Es muy temprano para decirlo. China, hasta que Deng Xiaoping empezó la apertura en 1978, tenía 1,200 millones en la pobreza más absoluta. Ahora ha logrado reducir esa pobreza en 400 millones de personas, pero todavía quedan 800 millones de personas viviendo casi en la pobreza. Es muy temprano para decirlo, la educación no está probado que sea una clave para la democracia, pero sí está probado que es una clave para la reducción de la pobreza y crecimiento económico. Uno de los planteamientos que hago en el libro es que estamos demasiado enfocados en el crecimiento económico y poco obsesionados con el crecimiento educativo. El crecimiento económico sin crecimiento educativo no sirve de mucho porque los beneficios de ese crecimiento económico siempre van a recaer en aquellos que estamos en la economía formal y que tenemos un empleo con una empresa, o que estamos educados. La señora indígena que vende limones en la calle, que no tuvo oportunidad de educarse, de tener una educación de calidad, va a recibir mucho menos.
¿Qué propuestas hacés?
Hago 12 propuestas… Una de las más importantes es que la educación es algo demasiado importante como para ser dejada a los gobiernos. Una de las cosas que vi en esta gira por el mundo es que los políticos piensan en plazos electorales de cuatro a cinco años, y la inversión en calidad educativa es una inversión a 20 años o a 15 años… Para que los gobiernos inviertan en calidad educativa, que no sale en la foto, hace falta una presión social organizada; y algunos países como Brasil han logrado crear movimientos de presión social para mejorar la calidad educativa.
¿Cómo es el caso de Brasil?
Los empresarios se unieron con los dueños de los medios de comunicación, con futbolistas, con artistas y crearon un gran movimiento para colocar a la educación en el centro de la agenda política. Se fijaron metas muy concretas, medibles en el tiempo, para por un lado presionar al gobierno y por otro lado concienciar a la población de la importancia de la calidad educativa, y han tenido resultados extraordinarios. Lograron que la educación pasara del séptimo lugar al segundo lugar en la preocupación de los brasileños… El problema es que en nuestros países cada uno de los grandes empresarios tiene su propia fundación y entre ellas no se juntan, no tienen objetivo común, no tienen una política coordinada, no ejercen una presión conjunta y entonces los esfuerzos se dispersan.
Un problema en Centroamérica es que estos países están perdiendo al sector más educado, sobre todo los jóvenes, están emigrando.
Eso lo podés revertir en cinco minutos. El caso de India es el más notable. India tuvo una migración masiva de universitarios a Estados Unidos y eso fue lo que salvó a India, porque lo que se produjo no fue una fuga de cerebros que ya es un término cada vez más superado, sino una circulación de cerebros. Los indios que se fueron a estudiar a Estados Unidos crearon sus empresas de Internet en California y empezaron a contratar ingenieros por 100 dólares la hora; y un día se dijeron ‘¿por qué voy a seguir contratando ingenieros por 100 dólares la hora cuando puedo contratar a un ingeniero en mi pueblo por 5 dólares la hora?’ Empezaron a contratar gente en India y hoy día Bangalore, a donde fui, se ha convertido en el motor de la economía india, el centro de informática y de servicio de computación del mundo.
¿No intervino ninguna política gubernamental para provocar eso?
Por supuesto que sí, hay políticas gubernamentales de promoción de inversiones, de atracción de inversiones, de apertura económica, de internacionalización de la educación. Pero el concepto de fuga de cerebros es un concepto superado. Hoy en día los países están pensando en la circulación de cerebros… En Chile, la presidenta Bachelet creó un fondo de 6,500 millones de dólares para enviar a seis mil graduados universitarios por año a las mejores universidades de Estados Unidos y Europa. Y cuando yo le pregunté al canciller chileno ¿no tienen miedo que estén gastando recursos del gobierno para que toda esta gente se quede en Estados Unidos? Me dice ‘no, no tengo ningún miedo, porque de una u otra forma van a beneficiar al país, ya sea abriendo empresas en Estados Unidos y filiales en Chile, ya sea haciéndose ricos en Estados Unidos e invirtiendo en Chile, ya sea regresando a Chile para abrir empresas con todo el conocimiento internacional que tienen o ya sea viniendo tres meses por año como profesores universitarios a enseñar en programas de intercambio. De alguna manera vamos a ganar’. La visión, después de la experiencia india, de la experiencia de Singapur, de Taiwán… Lo que antes se veía como una fuga de cerebros, hoy día se ve como una circulación de cerebros que tiene un impacto muy positivo, pero claro, tienes que tener un gobierno que haga funcionar esa circulación y que internacionalice la educación y que le dé cabida a los que se fueron.
¿Han tenido los TLC los efectos esperados? Leí algo tuyo sobre los problemas de México con el Nafta…
El Nafta tuvo un impacto buenísimo en México. Ese impacto permitió más que duplicar las exportaciones, permitió un crecimiento sin el cual México estaría mucho peor de lo que está. ¿Pero qué ha pasado? Que en los últimos años China le empezó a comer el pastel a México. México era el segundo exportador más grande a Estados Unidos y ahora los chinos. México pasó al tercer lugar. ¿Por qué? Volvemos al tema de la educación. El principal motivo por el que México no pudo mantener su nivel de exportaciones es porque no pudo capacitar a su gente como para producir más productos con valor agregado, y los chinos sí lo hicieron.
O sea, los TLC sirven poco si no hay a la vez un esfuerzo educativo en los países.
Siempre es bueno abrir mercados y siempre te conviene como país tener acceso preferencial a nuevos mercados, pero si tú tienes acceso preferencial pero no puedes producir productos competitivos, de poco te sirve tener acceso preferencial. Muchos países pensaron en América Latina que firmamos el TLC y nos vamos a dormir, mientras que los asiáticos le invirtieron a la educación, la ciencia y la tecnología, producen productos de cada vez más valor agregado y están exportando cada vez más, a costa nuestra.
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