TOKIO/AGENCIAS
Japón movilizó ayer a 50,000 soldados —enviará a 50 mil más hoy —, y a cientos de socorristas para acudir en ayuda de los supervivientes del violento sismo y del tsunami que golpearon el viernes el noreste del país, mientras la cifra de muertos y desaparecidos subía constantemente a medida que se desvelaban las verdaderas dimensiones de la devastación.
Para las operaciones de rescate el gobierno nipón movilizó al conjunto de las Fuerzas Armadas, que desde la víspera ya participaban con 300 aviones, 20 buques y destructores y 25 cazas de reconocimiento desplazados a la costa este del archipiélago, donde hasta ahora se reportan más de 1,800 personas muertas o desaparecidas.
Entre las casas destruidas y los cadáveres, destacaron algunas buenas noticias, como los supervivientes milagrosamente rescatados del tejado de una escuela primaria en Watiri y los 81 náufragos de un barco arrastrado por el tsunami que fueron encontrados sanos y salvos.
- El gobierno japonés ya aceptó ofertas de ayuda de Estados Unidos (200 expertos), Australia (72 especialistas), Alemania, México, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Singapur (145 expertos en total), mientras que China y la Unión Europea preparaban sus misiones, según la ONU. Francia y Gran Bretaña también anunciaron el envío de equipos de rescate.
Naciones Unidas anunció en Ginebra que un equipo de siete expertos en evacuaciones y gestión de catástrofes viajará a Japón para ayudar a sus homólogos japoneses a coordinar la acción de los equipos de socorristas internacionales.
Por su parte, la Cruz Roja de Japón desplegó 62 equipos de socorro. En las últimas 24 horas, unos 400 médicos, enfermeras y otros expertos de la Cruz Roja de Japón acudieron en ayuda de los supervivientes con clínicas móviles.
También las policías de Tokio y Osaka y el ministerio de Salud desplazaron rápidamente al lugar de la catástrofe del país sus equipos médicos y de socorro.
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PANORAMA SOMBRÍO
Pero el panorama general era sombrío. En el puerto de Rikuzentakata, totalmente arrasado por el tsunami, se encontraron entre 300 y 400 cadáveres, un día después de que aparecieran entre 200 y 300 cuerpos en la ciudad de Sendai.
Mientras los socorristas buscaban bajo los escombros y rescataban a las personas bloqueadas sobre los tejados de innumerables casas casi sumergidas por los aguas, el primer ministro japonés Naoto Kan enfatizó la importancia de este primer día de búsqueda de supervivientes.
“Me di cuenta de la inmensa dimensión de los daños del tsunami”, declaró, tras sobrevolar en helicóptero las zonas devastadas por la catástrofe.
TIERRA ARRASADA
“Zonas residenciales fueron completamente arrasadas en numerosas zonas costeras y los incendios proseguían en otros lugares”, explicó después a sus ministros durante una reunión de emergencia en Tokio.
Y es que las verdaderas dimensiones de la destrucción apenas comienzan a conocerse con el paso de las horas.
Ibaraki, Miyagi, Iwate y Fukushima son las provincias (prefecturas) más afectadas por el sismo y el tsunami que llegó minutos después a las costas niponas, que borró del mapa a pueblos enteros.
MILES DE DESAPARECIDOS EN UN SOLO PUEBLO
En Miyagi, unas 9,500 personas continuaban ayer sin ser localizadas en un pueblo que sufrió olas de hasta diez metros por el tsunami, dijo a Efe un portavoz provincial.
El pueblo es Minamisanriku, cuya población total es de 17,000 personas y donde, según las imágenes transmitidas por la cadena de televisión NHK, prácticamente no quedan edificios en pie o sin haber sido anegados por las aguas.
Según el portavoz provincial, no se ha podido contactar con esas 9,500 personas y se continúa con las labores de búsqueda.
Las autoridades de Miyagi señalaron que apenas tienen datos sobre lo que ha ocurrido con ese pueblo, a diferencia de lo que sucede con otras localidades cercanas.
La cadena japonesa NHK indicó que la provincia de Miyagi ha pedido ayuda al Ejército para localizar a esos 9,500 habitantes de Minamisanriku, de los que no se tiene constancia.
Hasta ahora los efectivos de Miyagi solo han podido localizar a 7,500 habitantes del pueblo en refugios de la zona.
OSCURIDAD, MIEDO Y SILENCIO
Ibaraki, una de las provincias del litoral oriental nipón más afectadas por el terremoto, se encuentra sumida en la oscuridad y el silencio, con casi la totalidad de sus edificios dañados y carreteras cortadas.
El temor a un tsunami como el que barrió la vecina provincia de Fukushima la tarde del viernes ha obligado a evacuar pueblos enteros, que ahora solo cuentan con la presencia de furgones militares y coches que por megafonía advierten del peligro que acecha mar adentro.
Los que se han quedado hacen guardias en grupo a las puertas de sus casas con linternas y la compañía de la NHK, la única emisora de radio que sigue activa y que anuncia las nuevas alertas y repasa las nefastas secuelas del mayor sismo del país.
El común en ciudades como Mito, Hitachi, Futaba, entre otras era de desolación total, semáforos apagados, puentes o pasos elevados con desperfectos, calles agrietadas u onduladas y absoluta ausencia de señales de telefonía móvil, aunque la eficiencia japonesa se hace notar en la rapidez con la que, en tan solo 24 horas, se han colocado avisos en las zonas más peligrosas, así como en las primeras obras de reparación de las vitales vías de comunicación terrestre.
El tren bala tampoco funciona y ninguna de las autovías que se dirigen al norte están abiertas, lo que junto a los negocios cerrados y las fachadas hundidas conforma un desolador paisaje en uno de los países más avanzados del mundo.
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