Un dictador sanguinario

La agencia española de noticias Efe tituló como “Gadafi, un dictador excéntrico que se tambalea”, un despacho de prensa sobre la sangrienta represión que Muamar al Gadafi, a quien Daniel Ortega llama su “hermano”, está perpetrando contra la población de Libia, que reclama en las calles el fin de la dictadura de 42 años y su derecho a vivir en democracia y libertad.

Pero excéntrico es un calificativo suave, cariñoso inclusive, para alguien como Muamar al Gadafi. Aplicado a las personas, excéntrico significa “de carácter raro, extravagante”, y Gadafi, más que eso, es un dictador sanguinario que masacra al pueblo libio en un demencial afán de mantenerse en el poder al precio que sea, como amenazan hacer en Nicaragua los dirigentes del FSLN a fin de gobernar para siempre.

Los acontecimientos de Libia producen sentimientos encontrados. Por un lado, causa alegría, admiración y respeto la gente que se ha alzado contra una de las peores dictaduras del mundo, y persiste en su lucha a pesar de la represión genocida. Pero por otra parte, produce tristeza e indignación ver cómo un dictador enloquecido ametralla y bombardea a la población hasta con aviones jet de combate, peor que lo hiciera Anastasio Somoza Debayle en Nicaragua durante las insurrecciones populares de 1978 y 1979.

Es inaudito que a estas alturas del tiempo, ya avanzado el siglo XXI, en medio de una portentosa revolución de las comunicaciones y una difusión global de la doctrina de derechos humanos que es válida para todas las personas y pueblos del mundo, ocurran matanzas como la de Libia y existan dictadores sanguinarios como Gadafi, los cuales cometen genocidio que permanecen en la impunidad.

Cuando se proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el 10 de diciembre de 1948, se creía que la humanidad había entrado a una época de definitiva civilización y humanismo, y que a partir de entonces, ya no habría cabida para dictadores fanáticos y asesinos como Adolfo Hitler, ni para dictaduras genocidas como la nazifascista.

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, se consignó en el artículo 1º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En el artículo 2º se consagró que “toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Y en el artículo 3º de aquella Declaración, que por universal y humana es válida para todo el mundo y en Nicaragua forma parte de la Constitución nacional, se garantizó que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.

Sin embargo, después de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ha habido y sigue habiendo en el mundo dictaduras criminales, como la de los Somoza en Nicaragua y la de Pinochet en Chile, como la de los hermanos Fidel y Raúl Castro en Cuba, como la de los comunistas en China, y como la de Gadafi en Libia, la cual en estos días chorrea sangre por todos sus poros. Y lo que pasó fue que la Declaración Universal de los Derechos Humanos nació contaminada con el germen de la impotencia, al comparecer como uno de sus firmantes principales un régimen que era tan genocida como el nazifascista, pero que por el pragmatismo político internacional fue aceptado en el concierto mundial de estados libres y democráticos. Nos referimos al estalinismo soviético, la vanguardia del sistema comunista mundial que causó la muerte de alrededor de 100 millones de personas, según se documenta en el Libro Negro del Comunismo que fue editado en 1997.

Además, las Naciones Unidas, en la Declaración Universal de 1948 proclamaron los derechos humanos para todas las personas y naciones del mundo, pero no establecieron un mecanismo para garantizar su cumplimiento. De manera que con el pretexto del derecho de independencia de los Estados y de la autodeterminación de las naciones, los dictadores de toda laya han violado y continúan violando los derechos humanos y hasta cometen genocidios contra sus pueblos como el que está cometiendo Muamar al Gadafi en Libia.

Sin duda que el pueblo libio será finalmente libre, como lo serán todos los pueblos del mundo. Sin embargo, para lograr la libertad será necesario que corran ríos de sangre como los que están corriendo hoy en las calles de Trípoli, Benghazi, Tobruk y otras ciudades de la Libia martirizada.

COMENTARIOS

  1. DenisSomarriba
    Hace 16 años

    Todos los dictadores se atraen,son como los hermanos de sangre;aunque en este caso la sangre sea de sus pueblos;si los ciudadanos comunes y corrientes como yo,nos tomamos fotos,lo hacemos con nuestros hijos,esposa,primos y amigos,sin ningun problema;pero estos dictadores se toman fotos solo entre dictadores,se consideran una raza aparte,los elegidos[del Diablo]pero como dice SergioRamirez;al suave,cada dictador va desapareciendo para dicha de sus pueblos,solo la foto queda como mal recuerdo

  2. Operacion Olivera
    Hace 16 años

    Ojala que no ocurra eso aqui en Nuestra querida Nicaragua, ya que este aprendiz de dictadorzuelo tropical esta empezinado en querer seguir gobernado es despauparrado pais, lo cual no lo podemos , ni debemos permitir, todos tenemos que estar vigilantes, y aunque veamos en la television a personas bastantes normales tratando de darnos el caramelo envenenado, tenemos que poner al gueguense en guardia.

  3. El Nicaraguense
    Hace 16 años

    Mientras el hombre y la sociedad se separa de Dios, el Creador y Redentor de la humanidad, nada bueno podemos escuchar. Lamentablemente los paises arabes no conocen el don mas maravillosos de Dios como lo es la libertad en todas sus esferas y el libre albedrio. Notese, aunque digan lo que digan, Israel es diferente en medio de semejante infierno. Tienen democracia ejemplar, tienen libertad economica, las mujeres participan de la vida en todos sus aspectos, son prosperos y dan catedra al mundo so

  4. Pedro Arauz
    Hace 16 años

    Es una triste ironia el hecho de que lo que motiva a los Arabes a rebelarse y morir es precisamente esa libertad aunque imperfecta que esta destruyendo Ortega en Nicaragua y en un futuro cercano Ortega y sus compinches deberan enfrentar el tribunal que por alta traicion les enviara merecidamente al paredon.

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