Un desafío a la lucidez

El desaparecido escritor portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998, en su novela Ensayo sobre la lucidez reflexiona sobre por qué la gente vota en favor de una u otra opción política, cuando en realidad no hay por quién votar debido a la corrupción de los políticos, a su alejamiento de los intereses y de los sentimientos de la gente, a la falta de garantías de que el voto sea respetado y tenga validez en la formación del poder político.

Sin embargo, Saramago destaca el poder de maniobra que a pesar de todo conservan los ciudadanos, ya que pueden votar en blanco para expresar su repudio a los políticos corruptos, autoritarios e ineficaces, y demostrar su descontento con la situación imperante. En el relato de Saramago sobre la lucidez política de los ciudadanos, éstos no tienen necesidad de que algún partido o líder los organice o motive a tomar su decisión de impugnar el sistema imperante por medio de la votación en blanco. Ellos mismos, espontáneamente, toman esa decisión que termina socavando los fundamentos de una democracia desvirtuada y corrupta, que en realidad es un autoritarismo envuelto en formalidades legales.

Por supuesto que Saramago no se estaba refiriendo a la situación actual de Nicaragua, pues su obra Ensayo sobre la lucidez fue publicada en el año 2004 y el laureado escritor portugués murió el año pasado. Pero como escritor visionario que era, Saramago pudo prever lo que sucedería en Nicaragua si Daniel Ortega volvía al poder, como volvió en enero de 2007 gracias al pacto corrupto y quebrantador de la democracia que fraguó con Arnoldo Alemán y el PLC. Y cuando Saramago expresó su solidaridad con el poeta sandinista Ernesto Cardenal, quien fuera condenado por un juez orteguista en agosto de 2008, denunció que bajo este régimen la justicia “se dejó corromper por los rencores y las envidias del poder”. Y de Daniel Ortega en lo personal, Saramago dijo que “sus méritos humanos y políticos han caído a cero” y que “una vez más una revolución ha sido traicionada desde dentro”.

Valga esta reflexión sobre Saramago, para señalar que actualmente las fuerzas democráticas de Nicaragua —no las zancudas y electoreras—, lo mismo que la comunidad democrática internacional, se encuentran ante un verdadero desafío a la lucidez política. Nos referimos a la decisión acerca de cuál debe ser la actitud correcta a tomar ante las elecciones de noviembre próximo, las cuales serían ilegítimas al imponerse la inconstitucional candidatura a la reelección de Daniel Ortega; y si además se mantienen las autoridades de facto del Consejo Supremo Electoral, si no se permite la observación electoral independiente, nacional e internacional, y si, en fin, no hay garantías de que los comicios sean justos y libres.

Ciertamente, si la oposición democrática participa en las elecciones de noviembre en las condiciones anormales impuestas por Ortega, estaría legitimando de hecho, aunque no de derecho, unos comicios que serían absolutamente ilegítimos tanto por la candidatura a la reelección de Ortega que está prohibida por la Constitución y sólo la Asamblea Nacional puede reformarla, como por los actos de un Consejo Supremo Electoral espurio que vicia de nulidad todos los actos comiciales. Por su parte, la comunidad democrática internacional, si participa en las elecciones de noviembre como observadora o “acompañante” también podría legitimar de hecho el ilegítimo proceso electoral y la aún más ilegítima candidatura reeleccionista de Daniel Ortega.

Sin embargo, abstenerse de participar en las elecciones le podría hacer el juego a Ortega, en su propósito no sólo de reelegirse sino también de contar con una amplia mayoría parlamentaria que le permita, con el apoyo de una oposición falsa, zancuda y pactista, reformar la Constitución para imponer el sistema autoritario o totalitario disfrazado con el nombre de poder ciudadano.

Tanto la lógica política como la experiencia internacional, enseñan que las fuerzas democráticas no deberían dejar el terreno libre al autoritarismo para que haga lo que quiera. El dramático caso de Venezuela en 2005, cuando la oposición democrática no quiso participar en las elecciones y Chávez eligió a todos los diputados de la Asamblea Nacional, es una lección que no se debe desperdiciar.

Este tema se debería discutir a fondo y oportunamente tomar la decisión que mejor corresponda a la defensa más efectiva de la libertad y la democracia.

COMENTARIOS

  1. DenisSomarriba
    Hace 16 años

    Soy opositor en contra de ortega de linea dura;y soy de los que creo firmemente que no hay que dejar que ortega vaya de candidato;;;si bien es cierto que la oposicion de Venezuela no fue a unas elecciones ilegales,el error que cometieron fue no ir y no hacer nada,se quedaron con los brazos cruzados por cobardia;esperando que alguien o Dios les hiciera el volado de sacar a chavez;aca en Nica,si es necesario,hay que paralizar paisito,pero no dejar que este dictador de marras vaya de candidato

  2. memo
    Hace 16 años

    El problema real consiste en los politicos que lo unico que buscan es su provecho personal. No son personas con criterio ni principios, sino son personas que sus criterios y principios estan definidos por situaciones de ventaja politica (cuanto ganan en terminos monetarios o que ministerio o diputacion van a lograr). De lo contrario se venden al mejor postor por eso no se sabe al fin de que partido politico es, o de que principios se esta hablando.

  3. Sniper
    Hace 16 años

    Creo que para rechazar la candidatura ilegal de Ortega, lo primero es la union de todas las fuerzas de oposicion (todos),toda la empresa privada, los estudiantes, todos los profesionales, la iglesia etc etc, hagan un paro general; paralizen el pais completo, denuncien nacional e internacionalmente lo que esta sucediendo en nicaragua; si uds no lo hacen nadie lo va a hacer por uds; agarren el toro por los cuernos senores!!!!!!!!!!!!

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