Miles de egipcios hicieron de la renuncia del mandatario, Hosni Mubarak,  una fiesta que se extendió a todas las ciudades del país. La dimisión de Mubarak sucede tras 18 días de continuas protestas que iniciaron para pedir mejoras  a la crisis económica y política de la nación.LA PRENSA/AFP PHOTO/ASHRAF SHAZLY

Egipto derrota a Mubarak

Millones de egipcios se estremecieron e hicieron explotar al país de júbilo tras conocer la renuncia del presidente Hosni Mubarak, quien dejó ayer el poder en manos de las Fuerzas Armadas.

EL CAIRO/AGENCIAS

Millones de egipcios se estremecieron e hicieron explotar al país de júbilo tras conocer la renuncia del presidente Hosni Mubarak, quien dejó ayer el poder en manos de las Fuerzas Armadas.

En un mensaje televisado de 30 segundos, Omar Suleiman, el primer vicepresidente que ha tenido el país en 30 años, anunció la renuncia del mandatario, quien cedió a la presión de 18 días de continuas manifestaciones, algunas violentas, y que se cobraron la vida de al menos 300 personas de acuerdo con cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“Habida cuenta de las difíciles condiciones que atraviesa el país, el presidente Mohamed Hosni Mubarak decidió abandonar el puesto de Presidente de la República y encargó al consejo supremo de las Fuerzas Armadas administrar los asuntos del país”, anunció.

La pregunta ahora es ¡Quién se hará cargo del país?

El ejército egipcio se enfrenta a la colosal tarea de restaurar la estabilidad y responder a la vez a las aspiraciones de cambio democrático expresadas por la revuelta que derrocó al dictador, de 82 años, y de ellos 30 en el poder.

El consejo militar está dirigido por el ministro de Defensa, el mariscal Mohamed Husein Tantaui.

Ayer en la mañana, antes de anunciarse la renuncia de Mubarak, Tantaui dio la sensación de apoyar a Mubarak en su voluntad de llegar hasta el final de su mandato en septiembre. Pero también declaró que garantizaba la celebración de elecciones “libres y transparentes” y aseguró que pondría fin al estado de emergencia en vigor durante la presidencia de Mubarak en cuanto a la situación vuelva a la normalidad.

En un comunicado publicado ayer, prometió “una transición pacífica del poder que lleve a una sociedad democrática libre”.

Pocas horas después del anuncio de la dimisión, el ejército declaró que no reemplazará “la legitimidad querida por el pueblo”. La institución militar “saluda al presidente Mohamed Hosni Mubarak por lo que ha dado a la nación en tiempo de guerra y en tiempo de paz y por su actitud patriótica que hizo prevalecer los intereses superiores de la nación”, agregó.

La amplitud de las manifestaciones masivas del viernes, y quizás también las presiones internacionales cada vez más fuertes, entre otras las estadounidenses, parecen haber llevado al ejército a aceptar la salida de Mubarak. “Desde el principio, el ejército no intervino para impedir las manifestaciones, no ha desempeñado el papel que Mubarak sin duda hubiera querido que desempañara. Ha preferido mantenerse neutro y preservar su postura de árbitro”, estima Mustafa Kamel Saied, profesor de ciencias políticas en la Universidad de El Cairo.

“El ejército es percibido como un garante, un mediador, entre un poder ausente y la revuelta de la calle”, señaló Amr al Chobaki, del instituto al Ahram de Estudios Políticos e Internacionales.

Apreciado por la población que a menudo fraternizó con los soldados durante las manifestaciones, el ejército no dijo qué tipo de proceso concreto contaba para reformar un sistema del que es la columna vertebral. Tampoco dijo si contaba seguir con el diálogo iniciado en los últimos días por el régimen de Mubarak con el potente movimiento de Hermanos Musulmanes.

El ejército hereda un país con una economía gravemente afectada por 18 días de crisis, desertado por los turistas, con su bolsa cerrada y los inversores extranjeros en alerta. Las fuerzas militares cuentan con unos 470,000 hombres, muchos de ellos reclutas.

Expertos consideran que el rol que desempeñará el Ejército tiene un por qué no tan idealista.

El director de la Fundación Centro de Estudios del Medio Oriente Contemporáneo (CEMOC), el argentino Paulo Botta, aseguró a BBC Mundo que “esto no debe verse como el pueblo versus Mubarak, sino también como una cuestión de oportunidad para las Fuerzas Armadas”. Botta asegura que “la revuelta popular fue vista como una oportunidad por los militares, que no veían con buenos ojos que Mubarak quisiera imponer como sucesor a su hijo Gamal”.

Desde la caída de la monarquía en 1952, todos los presidentes egipcios —Mohamed Naguib, Gamal Abdel Nasser, Anwar al Sadat y Hosni Mubarak— formaron parte del ejército.

Mubarak, proveniente de una familia de la pequeña burguesía rural del delta del Nilo, escaló los peldaños de la jerarquía militar hasta llegar a comandante en jefe de la Fuerza Aérea, y fue nombrado vicepresidente en abril de 1975, y luego presidente, en 1981, tras el asesinato de su antecesor Anuar el Sadat.

Durante su larga carrera escapó a por lo menos seis intentos de asesinato.

La revolución egipcia, que comenzó el 25 de enero, con el llamado a miles de manifestantes a través de Internet, nunca cedió pese a la presencia militar en las calles. Muchas veces los agentes del ejército se confundieron entre la muchedumbre, y en otras ocasiones hubo militares que se quitaron sus uniformes y se vistieron de civil para apoyar la causa.

Hoy comienza una nueva etapa en Egipto, el segundo país más poblado del mundo árabe, y del que el 40 por ciento de la población vive en pobreza.

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