El desastre orteguista en la educación

El candidato presidencial democrático, don Fabio Gadea Mantilla, se refirió en su Carta de Amor a Nicaragua transmitida ayer por Radio Corporación, a la falacia propagandística de los supuestos grandes logros del gobierno de Daniel Ortega en salud y educación pública, que no existen en la realidad.

Don Fabio mencionó particularmente la educación pública, la cual, aparte de que nuevamente ha caído en una situación desastrosa desde que Daniel Ortega recuperó el poder presidencial en enero de 2007, se agravará todavía más como consecuencia de la decisión gubernamental de conceder masivamente el “aprobado” en los exámenes de reparación, a los miles de estudiantes que fueron aplazados el año pasado. Según se informó, los alumnos reprobados de grados inferiores serán aprobados de manera automática, y los de cuarto y quinto año de secundaria pasarán con el compromiso de cumplir jornadas “voluntarias” rojinegras, o sea orteguistas, que seguramente serán, ante todo, como ya lo están siendo, tareas para la campaña electoral del FSLN.

Mediante esta irresponsable decisión electorera, el orteguismo pretende atraer el voto de todos los padres de familia que se sientan agradecidos porque sus hijos han sido promovidos, aunque no lo merecieran al ser reprobados en el curso escolar anterior, sin darse cuenta del grave daño que el régimen y ellos mismos le causan a sus hijos, a la sociedad y al futuro del país.

Apenas hace un mes se informó que casi todos los nuevos bachilleres del sistema de educación pública, que se sometieron al examen básico de admisión en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, división Managua, no pudieron pasar la prueba de ingreso. Sólo 270 de 11,600 nuevos bachilleres que se sometieron al examen, o sea el 2.33 por ciento del total, aprobaron la prueba de matemáticas; y únicamente 1,160, es decir el 10 por ciento, superaron la de lengua y literatura. De manera que es fácil imaginar que el próximo año y los siguientes esta situación será peor, por el impacto que tendrá en los nuevos bachilleres la aprobación masiva de estudiantes reprobados.

Pero la verdad es que no hay que sorprenderse por el desastre que ha causado y sigue causando el gobierno de Daniel Ortega al sistema de educación pública. Ya la dictadura sandinista de los años ochenta —la cual, durante los diez años que duró fue encabezada por Ortega— había destrozado la educación pública del país. Por lo tanto, era lógico esperar que el FSLN volvería a hacer lo mismo al recuperar el poder gracias al pacto con Arnoldo Alemán.

Sólo para refrescar la memoria habría que recordar que el régimen de Daniel Ortega de los años ochenta, sustituyó a muchísimos maestros capacitados y experimentados, con activistas de las organizaciones de masas que carecían de la más elemental preparación docente, inclusive muchos de ellos recién alfabetizados con la cartilla ideológica del FSLN. Además se desincentivó la profesión magisterial al reducir en varias veces el escuálido salario de los maestros, y se estableció el procedimiento de aprobación de grados no por méritos académicos, sino por participación en las tareas de la revolución, como la cruzada de alfabetización, campañas de salud y la vigilancia revolucionaria, entre otras. La misma cruzada nacional de alfabetización, que se presentó como la joya de la corona de lata del régimen sandinista, en realidad fue una campaña de ideologización masiva en base de la doctrina del totalitarismo marxista-leninista, la cual pretendían imponer para siempre.

De manera que eso mismo, aunque con otras modalidades por las nuevas circunstancias históricas, es lo que se puede esperar del restaurado régimen orteguista, tanto en la educación pública como en casi todos los demás ámbitos sociales de Nicaragua.

En el portal electrónico o página web del Ministerio de Educación del régimen orteguista, se dice que su misión es “Formar personas con capacidades y destrezas para la vida personal, familiar y social que contribuyan al desarrollo económico de Nicaragua, bajo los principios de igualdad, justicia y solidaridad”. Pero esas son palabras. Lo que dicen los hechos es que están educando —si cabe la expresión—, no para formar ciudadanos sino personas domesticadas que apoyen servilmente al régimen establecido y rindan culto a Daniel Ortega; para convertir a los estudiantes en seres carentes de los valores y los conocimientos que son indispensables para tener espíritu de superación y ser educados, cultos y críticos, como tienen que ser los verdaderos ciudadanos

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