Como la vía dolorosa de Nicaragua califica un editorial del diario La Nación de Costa Rica la decisión del presidente nicaragüense Daniel Ortega de impedir la presencia de observadores electorales internacionales en los comicios de noviembre próximo.
Esa decisión de Ortega es “el epílogo de un proceso típico de delincuencia electoral”, sostiene La Nación.
Para el editorialista, no es ninguna sorpresa el anuncio del presidente Ortega de no autorizar la acreditación de observadores internacionales, ya que para eso cuenta con la complicidad del Poder Electoral, que incluyó en el calendario de las elecciones el término “acompañamiento”.
“Ya el Consejo Supremo Electoral (CSE), el sicario de los delitos electorales de Ortega, eliminó, el año pasado, esta figura, al cambiarla por la de acompañantes electorales, como si una elección fuese un viaje turístico nocturno”, indica.
HA SUPERADO A SOMOZA
Añade que “este cambio revela el miedo que domina a Daniel Ortega ante la oportunidad democrática de un proceso electoral limpio. Debe tenerse en cuenta que, cuando se enfrentó a Violeta Chamorro, en 1990, Ortega perdió las elecciones. Más de 3,000 observadores supervisaron el proceso. A partir de ese momento, Daniel Ortega aprendió la lección electoral de los delincuentes y de quienes temen dar la cara para corromper el sistema democrático: la técnica del fraude, una materia en que Ortega, bajo la guía de Hugo Chávez, ha superado en refinamiento delictivo a los Somoza”.
El editorial menciona que los métodos utilizados durante la dictadura de Anastasio Somoza “eran brutales y en esta materia, previsibles”, debido a que era un dictador formal.
No obstante, en el caso del presidente Ortega todo deriva de “un parsimonioso planeamiento y asesoramiento externos, al amparo de la represión, cuya principal víctima ha sido la ley. La ley no como factor de orden y de razón, sino de perversión, en manos de un grupo mafioso que ha tomado por asalto las finanzas y los procedimientos legales”.
En su editorial, La Nación destaca que al plantear el Presidente Ortega que los mejores observadores y contralores del proceso electoral serán los miembros de los partidos políticos y la misma ciudadanía, le quiere dar legitimidad y convertirlo en un proceso de amplia participación de los nicaragüenses.
Pero en el fondo, lo que pretende Ortega es exonerar de toda responsabilidad al CSE y que la culpa recaiga en aquellas organizaciones que no pudieron vigilar el voto de manera adecuada.
“El camino está, pues, allanado práctica y ‘legalmente’ para que impere la delincuencia electoral y política, ungida por el cardenal (Miguel) Obando, el encargado de la Comisión de Reconciliación y Unidad del pueblo de Nicaragua”, añade el editorial del periódico costarricense.
La salida que vislumbra el editorialista, que define como “abrir una ventana de esperanza para el pueblo nicaragüense y para el sistema democrático”, es que inicie una “vigorosa presión internacional, comenzando por la Organización de Estados Americanos (OEA)”.
“Sin embargo, la indiferencia internacional se amasa y afianza en la indiferencia interna de políticos, empresarios, intelectuales, estudiantes, organismos no gubernamentales y hasta algunos grupos religiosos centroamericanos y más allá, tan activas otrora ante los quebrantos de los derechos humanos en las aceras de la derecha”, opina el editorialista de La Nación.
El editorial del diario La Nación también destaca que los resultados de las elecciones, tanto en Nicaragua como en Venezuela, son trascendentales para el futuro de ambas naciones, ya que significan “el todo por el todo”. El término “acompañamiento electoral” fue implementado por primera vez en Venezuela e impide que cualquier observador se pueda pronunciar sobre posibles irregularidades del proceso.
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