Bonanza orteguista… y somocista

Según las estadísticas económicas —no sólo las oficiales, sino también algunas independientes—, el año 2010 ha sido bueno para Nicaragua, aunque es más correcto decir que fue bueno para los que detentan el poder o están cercanos a este.

Se dice que la macroeconomía del país marcha muy bien —sobre los carriles en que la dejaron los gobiernos democráticos de los 16 años anteriores a la restauración de Daniel Ortega—, bajo el ojo vigilante del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la obediencia a sus normas neoliberales por parte de los funcionarios económicos del régimen orteguista.

Se asegura también, que el crecimiento económico este año ha sido más del 3 por ciento del llamado Producto Interno Bruto o PIB. Que las exportaciones se han incrementado notablemente, sobre todo a Venezuela, que es buena compradora de la carne y otros productos alimenticios nicaragüenses, lo cual está dejando cuantiosas utilidades a la nueva burguesía orteguista y a algunos antiguos empresarios independientes. Que la apertura del mercado de China comunista, voraz consumidora de todo lo que sea, está produciendo ya buenos dividendos y promete en los próximos años más auge económico para algunos empresarios de nuevo y viejo cuño. Que hay una gran solvencia financiera en el país y los bancos están colmados de dinero, en su mayor parte procedente de Venezuela, aunque poco se mueve porque el mercado del crédito se mantiene restringido. Los portavoces de las pymes, o sea la pequeña y mediana empresa, dicen jubilosos, con amplias sonrisas de satisfacción en sus rostros, que en este año sus negocios crecieron más del 3 por ciento, y que siguen creciendo. Y hasta se presenta a Nicaragua como un supuesto paraíso turístico, donde se ha recibido con bombos y platillos al turista número un millón , sin decir que en el rubro turismo se incluye a todos los viajeros que ingresan al país por la razón que sea, no sólo por motivos realmente turísticos.

Pero, suponiendo que en realidad haya en el país semejante bonanza, el hecho es que sus beneficios se quedan en las alturas del poder político orteguista y de sus asociados o clientes. En realidad, es muy poco o nada lo que de esos beneficios se derrama hacia la población de abajo, a los nicaragüenses comunes y corrientes, aunque se considere como redistribución social las migajas que reparte el orteguismo entre algunas de las personas más empobrecidas de la sociedad, por medio de sus programas de clientelismo político.

En todo caso, el crecimiento económico del que se ufana el orteguismo y corroboran los organismos financieros internacionales y algunos economistas y estadígrafos independientes, oculta o pretende ocultar la situación de una población que mayoritariamente sigue siendo pobre e inclusive es más pobre ahora que los años anteriores. Y sobre todo esconde o pretende esconder una situación de grave precariedad institucional, de extrema corrupción pública, de restricción de la libertad y quebrantamiento de la democracia, de falta de seguridad jurídica y ruptura del Estado de Derecho, de pérdida inclusive del derecho a elegir libremente a las autoridades, cual es el más elemental de todos los derechos democráticos.

O sea que esa prosperidad económica de la que se ufanan tanto los gobernantes orteguistas como sus asociados empresariales es como una ropa de marca más o menos regular, que trata de cubrir un cuerpo sucio y lleno de llagas purulentas.

Pero, aun en el caso de que el orteguismo fuese exitoso económicamente para el país —que no lo es, salvo para él mismo—, Nicaragua y los nicaragüenses necesitamos y queremos libertad y democracia, y tenemos que luchar por ellas hasta recuperarlas.

También el somocismo se jactaba de que era económicamente exitoso. Todavía hoy los antiguos somocistas se solazan hablando de que en tiempos de los generales Somoza Nicaragua era el granero de Centroamérica, que el país importaba mano de obra en vez de exportarla como ahora, que los salarios de los trabajadores eran satisfactorios, que el Seguro Social era eficiente, etc.

Sin embargo en gran medida la bonanza económica del somocismo era más que todo propaganda. Y aunque hubiera sido cierto que en la época somocista la situación económica era buena, como supuestamente lo es ahora en la época orteguista, el régimen de los Somoza fue derrocado porque era una dictadura y el pueblo quería vivir en libertad y democracia. Lo mismo que queremos ahora y por lo cual tenemos que derrotar también al orteguismo, que tanto se parece al somocismo.

COMENTARIOS

  1. alejo
    Hace 16 años

    Un millon de turistas tomando en cuenta a los nicaraguenses que vienen de costa rica, Una economia dependiente de los petrodolares de chaves, y de remesas en dolares de los que trabajan en costa rica, un petroleo subvencionado por venezuela, todo eso es simplemente una economia inflada de falsas realidades.

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