En la Fundación para la Memoria de las Víctimas del Comunismo, que tiene su sede en Washington DC, Estados Unidos, se puede leer una frase del historiador Richard Pipes, académico de Harvard, experto en estudios del comunismo y antiguo miembro del Consejo de Seguridad de Estados Unidos durante el gobierno de Ronald Reagan. Es la conclusión del ensayo titulado ¿Qué es el comunismo? en la que Pipes advierte: “La experiencia indica que el régimen comunista se puede disolver sólo si sus gobernantes no tienen la voluntad de mantenerlo. No se puede derribar desde abajo”.
Esta significativa sentencia de Pipes se basa en la experiencia de la desaparecida Unión Soviética, donde el sistema comunista imperó durante más de setenta años y en la década de los ochenta del siglo pasado cayó en una profunda crisis, que sólo se pudo resolver desmantelando el comunismo. Mijaíl Gorbachov, el último líder del Estado comunista soviético, impulsó desde arriba un proceso de reformas para tratar de salvar el comunismo, que denominó Perestroika (reestructuración) y Glasnot (transparencia). Pero a donde condujo aquella reforma fue al desmantelamiento del comunismo. La práctica, que según la fórmula de Carlos Marx es el único criterio de la verdad, demostró que el comunismo no se puede reformar, simplemente porque es un sistema contrario a la naturaleza humana.
La sentencia de Richard Pipes se refiere también a lo ocurrido en China comunista, donde en 1989 el pueblo se alzó a la lucha exigiendo la reforma democrática del régimen comunista, igual que ocurrió en casi todos los países comunistas y procomunistas, incluyendo a la Nicaragua de los sandinistas. Pero el alzamiento del pueblo chino fue ahogado en sangre por una despiadada represión militar comunista, que tuvo su más brutal expresión en la matanza genocida del 4 de junio de 1989, en la plaza de Tiananmen.
A pesar de eso, desde entonces la base económica del comunismo en China se ha venido desmontando poco a poco. Ha sido sustituida por un peculiar sistema de capitalismo de Estado mezclado con empresa privada oligárquica, pero manteniendo el rígido régimen político totalitario, al cual se le sigue llamando comunista pero igual se podría llamar nacionalista, fascista o de cualquier otro modo.
Ahora es la dirigencia estatal de Cuba, la que quiere salvar el comunismo mediante algunas reformas de tipo capitalista, pero conservando igual que en China el régimen político totalitario, la dictadura de partido único, la falta de democracia, la ausencia de libertades individuales, el no reconocimiento a los derechos humanos de carácter político.
No se puede saber cuánto va a durar ese experimento de querer salvar el comunismo con ungüentos capitalistas. De lo que estamos seguros es de que el comunismo es insalvable. Y de que al fin y al cabo, tanto en China como en Cuba a las cúpulas gobernantes lo que les interesa realmente no es la construcción de una sociedad comunista de acuerdo con las indicaciones de Marx, Engels y Lenin, sino conservar a como sea el poder político totalitario.
En Cuba se comenta que la única verdad que Fidel Castro ha dicho en toda su vida, es la de que el modelo comunista cubano ya no funciona, tal como lo confesó recientemente a unos periodistas norteamericanos amigos suyos. Evidentemente, con esa confesión pública Fidel Castro quería preparar el ánimo de los cubanos que se mantienen fieles a la utopía del comunismo, para aguantar el catastrófico anuncio que ha hecho su hermano Raúl, de que el Estado y la economía comunista ya son inmanejables, de que hay que mandar al desempleo a más de medio millón de trabajadores estatales, que serán suprimidos los principales subsidios económicos que fueron mantenidos durante largo tiempo para aparentar una igualdad social comunista que en la realidad nunca existió, y que, para salvar el comunismo, hay que hacerle sustanciales reformas de contenido capitalista.
El disidente cubano Juan Carlos León, escribió en un artículo que fue publicado fuera de Cuba, por supuesto, que desde hace unos veinte años un profesor de filosofía marxista dijo a sus alumnos en el Instituto Superior Pedagógico de Villa Clara, donde él estudiaba, que el capitalismo ha demostrado en la práctica su superioridad económica con respecto al socialismo, porque los seres humanos producen y rinden más cuando trabajan para ellos mismos, que cuando lo hacen para el Estado.
Sin duda que eso lo sabían también, desde hace mucho tiempo, los dirigentes comunistas de Cuba. Pero no tienen agallas para reconocerlo, y quieren en nombre del comunismo seguir ejerciendo el poder absoluto en un país donde no existe, nunca existió y jamás existirá una verdadera sociedad comunista.
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