Por Juliana Barbassa
RIO DE JANEIRO/AP
Las autoridades lograron poner fin este martes a un motín en una superpoblada cárcel en el estado nororiental de Maranhao, pero los enfrentamientos entre pandillas dentro de la prisión dejaron 18 presos muertos, seis de ellos decapitados, dijeron funcionarios.
Un empleado correccional a quien los amotinados dominaron al inicio de la rebelión e hirieron de bala dos veces con su propia arma se hallaba en condición estable en un hospital de Sao Luis, dijo el vocero del gobierno estatal Ribamar Cunha. Cinco rehenes, todos trabajadores de la prisión, recuperaron la libertad ilesos.
Los presos que iniciaron el motín de 27 horas de duración se quejaban de la superpoblación del establecimiento, el que tiene capacidad para 2.000 presos pero según Cunha alberga a unos 4.000 en la actualidad. También reclamaban más agua y comida y que sus casos se tramitaran con mayor velocidad y exigían la renuncia del director de la cárcel.
El vocero aseguró que los prisioneros muertos fueron asesinados por miembros de pandillas rivales de distintas partes del estado.
El jefe de seguridad del estado encabezó las negociaciones, con la presencia de abogados y defensores de derechos humanos. Finalmente, los funcionarios lograron convencer a los amotinados de regresar a sus celdas sin que fuera necesario enviar a policías a controlar la situación.
Las autoridades brasileñas admiten que la superpoblación de cárceles es un problema serio en todo el país, que con frecuencia lleva a motines e incidentes de violencia.
Las organizaciones internacionales de derechos humanos, como Amnesty International y Human Rights Watch, suelen señalar los abusos que sufren los presos, desde condiciones de alojamiento inhumanas a tortura y corrupción.
La gobernadora de Maranhao, Roseana Sarney, dijo en un comunicado que había intentado aliviar la superpoblación de la prisión, en parte al inaugurar dos cárceles este año y construir una más que abrirá en abril.