Eduardo Enríquez

Una verdad incómoda

Al Gore, el ex vicepresidente de los Estados Unidos, tituló así su ya famoso documental sobre el calentamiento global. Lo recordé cuando leí declaraciones de líderes empresariales que piden “estabilidad” y “énfasis en la agenda económica” para que el país pueda crecer al menos un tres por ciento el próximo año.

Sin embargo, ésa es una meta muy modesta. Pensar crecer en un tres por ciento es, en realidad, cuando se toma en cuenta el crecimiento de la población de aproximadamente el 2.5 por ciento, pues una nada. A ese paso el desarrollo nunca va a llegar. Y lo peor es que estamos hablando del tres por ciento “en un año bueno”.

Las sociedades que han crecido de manera estable y a grandes pasos son sociedades muy distintas a la nuestra, tienen unas características bien claras: respeto a la propiedad privada, al Estado de Derecho y a la libertad individual para comenzar.

Obviamente eso incluye reglas claras y parejas, que se apliquen a todos. Impuestos que todos tengan que pagar y una gestión gubernamental transparente donde esos impuestos se utilicen en elevar el nivel de vida de los más necesitados para que puedan integrarse a la economía.

Eso hace que la economía crezca, y a pasos agigantados, porque no es cuestión de traer tres o cuatro megaproyectos de esos que tenemos décadas de estar oyendo. Tampoco es cuestión de favorecer a los grandes capitales. Es cuestión de sentar las bases para que todos puedan crecer. Y que se creen miles y miles de pequeñas empresas y cientos de miles de empleos.

Pero reconocer eso es reconocer una verdad incómoda. Bajo el régimen que vivimos actualmente (que no es socialista sino fascista) pedir un sistema como ése es una herejía. Sin embargo, hay otra cara de esa verdad incómoda y es que bajo un sistema, como el descrito arriba, las élites pierden todo tipo de privilegios y eso también es incómodo para el maridaje de las élites económicas y políticas de este país.

Entonces en lugar de desnudar esa verdad incómoda, muchos prefieren disfrazarla con cuentos como la “estabilidad” y la “agenda económica”.

Pero veamos esos dos términos. “Estabilidad” es un término nefasto. Los que han tenido la desgracia de tener a un pariente enfermo saben lo desconsolador que suena el médico cuando dice que el paciente está “grave pero estable”. Es cierto, el pariente tal vez no se muera, pero tampoco mejora y ¡sigue grave!

Crecer al tres por ciento en nuestra economía es estar grave, sobre todo porque si los precios de nuestras exportaciones caen, el crecimiento no se va a dar. ¡Ah! pero ésa es la “estabilidad” que piden algunos.

Y el cuento de “concentrarse en la agenda económica” es otro intento de distraer la atención. Podés tener las mejores leyes económicas pero ¿quién va a venir a exponer su plata a un país donde el Estado de Derecho no se conoce pero ni en teoría. Donde los jueces y magistrados obedecen ciegamente al caudillo porque son tan mediocres que saben que sin el puestecito nunca tendrían el nivel de vida que les da vivir de los impuestos.

En fin, la única manera de crecer de verdad es en un ambiente de libertad, respeto a los derechos de todos y con un Estado transparente.

Aunque también se puede tener un crecimiento espectacular con el sistema de China continental. ¿Pero quién —que no sea parte de una élite política y/o económica— quisiera vivir bajo un régimen parecido al de China continental? [email protected]

Columna del día Opinión
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