Don Fabio Gadea Mantilla, quien ha sido propuesto como candidato presidencial de consenso de la oposición —o de una amplia coalición electoral democrática—, ha hablado públicamente sobre algunos de sus principales objetivos en caso de ser elegido presidente de Nicaragua.
En relación con la administración y organización del Estado, don Fabio dijo en su Carta de Amor a Nicaragua del miércoles 29 de septiembre recién pasado, titulada “La política de la mentira”, que va a “Proponer a la Asamblea Nacional —que será mayoritariamente democrática—, reducir el número de diputados, eliminar las prebendas a los funcionarios, por ejemplo el uso del combustible adecuando su consumo por kilometraje recorrido, eliminar tarjetas de crédito, pensiones vitalicias, libres introducciones. Regular los salarios públicos a niveles razonables”. Y agregó que: “Todos los recursos así ahorrados se utilizarán para mejorar los salarios de los maestros, enfermeras y policías”.
También dijo don Fabio Gadea Mantilla, que propondrá “bajar a 7 el número de magistrados de la Corte Suprema de Justicia… eliminar el Consejo Supremo Electoral y crear un Tribunal Electoral independiente, sin ninguna influencia partidaria y manejado por un presidente y dos secretarios. Crear un Instituto de Cedulación que funcione completamente aparte del Tribunal Electoral, y que sea igualmente independiente y con gente apartidista”.
“Propongo —sigue diciendo el precandidato presidencial democrático— eliminar a tantos contralores de la República como existen hoy día y nombrar uno solo con un subcontralor un ordenamiento total del Seguro Social, que será un Instituto para beneficio exclusivo de los trabajadores y pensionados. Al mismo tiempo dar los pasos necesarios para que el Estado nicaragüense cancele la deuda que gobiernos anteriores han contraído con el Seguro Social, prohibiendo asimismo con leyes muy severas que el Seguro Social siga siendo usado como caja chica de ningún gobierno”.
Don Fabio agrega que propondrá “subir al 51 por ciento el techo eleccionario para poder ganar la Presidencia de la República, asimismo prohibir la reelección presidencial de por vida”. Y asegura que: “Cuando todo esto pueda ser una realidad, entonces Nicaragua comenzará a ser República”.
Ejecutar las medidas de administración pública y organización estatal que propone don Fabio Gadea Mantilla, significaría hacer una profunda revolución política democrática como nunca se ha hecho en Nicaragua. Y falta conocer sus planteamientos y objetivos programáticos en materia de políticas económicas y sociales, pero a juzgar por la conocida personalidad libertaria y las convicciones humanistas y cristianas de don Fabio, seguramente serán en el mismo sentido revolucionario de crear una república auténticamente democrática, justa, equitativa y solidaria.
El planteamiento de don Fabio es muy diferente al de los políticos tradicionales, los cuales, como lo dijo él mismo en la Carta de Amor que hemos citado, en su inmensa mayoría “son buscadores de prebendas, negociadores de principios” a quienes “este negocio de la política les ha dado buenos resultados Ni siquiera les interesan los principios. Hablan de democracia del diente al labio (y) de reivindicaciones populares también del diente al labio ”
En realidad, ante la carencia de principios éticos y la abundancia de egoísmo y corrupción en la sociedad política de Nicaragua, tanto en la izquierda como en la derecha y con raras excepciones en ambos sectores, el noble propósito de don Fabio Gadea Mantilla pareciera una utopía, es decir, algo inalcanzable. Sin embargo, las utopías representan grandes ideales y aspiraciones humanas de transformar y mejorar la sociedad, el Estado y las formas de gobernar. En este sentido son necesarias para motivar a la gente a luchar por los cambios drásticos que son indispensables para sanear las condiciones de existencia y promover el desarrollo económico y el progreso social.
Como escribiera el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en el editorial de LA PRENSA del viernes 26 de agosto de 1966: “Nicaragua necesita sobre todas las cosas una limpieza total de los vicios administrativos, una purificación de sus costumbres oficiales, y sólo entonces podrá, ya con el terreno limpio de maleza, germinar una nueva vida, a la cual tienen derecho las futuras generaciones”.
Ésa era la utopía del doctor Chamorro hace 44 años, en tiempos de la dictadura somocista. Esa es la utopía de don Fabio bajo la dictadura orteguista. Una aspiración legítima del pueblo nicaragüense que sólo él mismo puede convertir en realidad.
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