Ortega y las metas del milenio de la ONU
Daniel Ortega decidió no participar en la sesión especial de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), a nivel de jefes de Estado y de Gobierno, la cual fue convocada para evaluar el cumplimiento o incumplimiento de los Objetivos del Milenio para la erradicación de la pobreza en el mundo. La Cumbre se celebra en Nueva York desde ayer lunes y concluirá este jueves 23 de septiembre, y según informó ayer LA PRENSA, la ausencia del titular del Ejecutivo de Nicaragua fue determinada mediante el Acuerdo Presidencial 200/2010, publicado en La Gaceta del pasado jueves 16 de septiembre, en el cual se informó que Ortega sería representado por el canciller Samuel Santos.
Daniel Ortega sólo ha participado en la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2007, año en el que recuperó el poder presidencial gracias al pacto con Arnoldo Alemán. En aquella presentación Ortega pronunció un extravagante discurso de barricada contra Estados Unidos y Europa, precisamente en el momento en que Nicaragua estaba pidiendo ayuda extranjera por el desastre que había causado el paso del huracán Félix por el territorio nacional.
Sin embargo, dado que últimamente Ortega se ha ufanado de haber obtenido algunos supuestos logros en la reducción de la pobreza en Nicaragua, manipulando datos estadísticos, cabía esperar que aprovecharía la tribuna de la ONU para jactarse internacionalmente de que él sí está alcanzando las metas del milenio. Pero es obvio que el renovado dictador de Nicaragua sabe que haría el ridículo mundial, hablando en la ONU de sus falsos logros sociales y de la supuesta reducción de la pobreza en Nicaragua, la cual es visible que más bien va en aumento. La comunidad internacional está muy bien informada de la realidad nicaragüense, conoce los atropellos de Ortega a la institucionalidad y la constitucionalidad del país, sabe del ocultamiento gubernamental de la información pública veraz y de la manipulación oficialista de las cifras estadísticas; y por lo tanto no se traga el cuento de los supuestos logros sociales del régimen orteguista.
En realidad, son muy pocos los países pobres que han avanzado en el cumplimiento de los grandes objetivos del milenio que fueron acordados hace 10 años por la Organización de Naciones Unidas: es decir, reducir a la mitad la pobreza en el mundo, disminuir en dos tercios la mortalidad infantil, elevar de manera consistente los niveles de educación —como la de universalizar el sexto grado de primaria y el tercer año de secundaria—, así como elevar los estándares de atención a la salud pública, objetivos que según los acuerdos de la Cumbre del Milenio deben quedar cumplidos en el año 2015.
Los organismos internacionales que dan seguimiento a los objetivos del milenio, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, aseguran que a estas alturas, cuando han pasado ya 10 años y faltan sólo 5 para que se cumpla el plazo dado por la Cumbre de jefes de Estado y Gobierno que se reunieron en septiembre de 2000 en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, el incumplimiento de las metas no es tan malo como parece. Pero esos organismos hacen sus balances en base a los datos proporcionados por los mismos gobiernos, de manera que si esas cifras son como las que manipula el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua, lo más probable es que las estimaciones internacionales no reflejan exactamente la realidad.
Por otra parte, se dice que en general el incumplimiento de los objetivos del milenio se debe a que los países ricos o industrializados no han honrado su compromiso, de destinar gradualmente hasta el 0.7 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) para financiar los programas de lucha contra la pobreza en los países atrasados. A estas alturas algunos han llegado a aportar máximo un 0.5 por ciento y otros inclusive menos que eso.
Sin embargo, el principal incumplimiento de las metas del milenio le corresponde a los gobernantes de los países pobres, sobre todo aquéllos que son notoriamente ineficaces y desmedidamente corruptos, entre los cuales se incluye el de Nicaragua. Como ha dicho con suavidad diplomática pero con firmeza política la Canciller o primer ministro de Alemania, señora Angela Merkel, según fue citada por la televisión internacional alemana Deutsche Welle en su reporte del domingo pasado por internet: “El punto débil está en la forma como se gobierna. Erradicar la corrupción, a todos los niveles, es una condición ineludible para el crecimiento sostenible”.
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