La fusión entre los españoles y los indígenas dejó como herencia una cultura pintoresca y creativa, de variedad y colorido.
La música nicaragüense se vio fuertemente influenciada por las culturas europeas y africanas.
Los sonidos provenientes de los pitos, ocarina, tambores y las flautas de hueso, instrumentos que utilizaban los indígenas, se mezclaron con los clavicordios y guitarras que trajeron los europeos y con la marimba de arco que trajeron los africanos a América.
Y así, se fueron combinando los acordes de cada instrumento hasta formar un ritmo expresivo y popular.
Ahora los sonidos de los violines primeros y segundos, la viola, violoncelos, contrabajos, flautas, clarinete, fagot, trompetas, percusión, marimba y corno trombón forman parte de la melodía de nuestra música nicaragüense.
SONIDOS EXTERMINADOS
El cantautor Carlos Mejía Godoy sostiene que de los instrumentos autóctonos, queda un segmento muy reducido.
Víctor Alvarado, director de la Escuela Nacional de Música, explica que la música folclórica, resultado de la dualidad indígena-española, varía según la región del país.
- Peña Hernández pone al Güegüense como una obra representativa del mestizaje.
El Güegüense se proclamó Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Su música es interpretada con un violín, un pito y un tambor.
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Por ejemplo, la danza y música más representativa de esa fusión son la de El Toro Guaco y El Güegüense o Macho Ratón , en la zona del Pacífico.
“Los sonidos hacen que la danza represente generalmente un galanteo de movimientos suaves, entre hombres coquetos y mujeres laboriosas”, afirma Alvarado.
Las mazurcas y las polcas, representativas de la zona Norte y Centro de Nicaragua, explica Mejía Godoy, tiene toda la herencia europea aportada por las colonias españolas y alemanas que se asentaron en la región.
En cambio en la costa Caribe, las danzas y sonidos son africanizados con un aporte de las tribus indígenas.
“El ritmo y baile representativo de esa zona es el Palo de Mayo, nacido en Bluefields. Cuenta con un ritmo de percusión muy energético. Los hombres y mujeres contornan sus cuerpos en movimientos sensuales”, explica Alvarado.
El director de la Escuela Nacional de Música agrega que poco a poco se fueron mezclando los instrumentos de los colonos con los de los indígenas, pero sobre todo se fueron esparciendo a través de los misioneros de la Iglesia, que difundían el arte musical con la enseñanza de salmos e himnos religiosos que utilizaban para adoctrinar a los indígenas en la nueva religión.
“La música nicaragüense floreció en la plenitud del siglo XIX, porque antes sólo se conocían aquellos cantos populares controlados por los misioneros religiosos”, dice Alvarado.
Y es así como, tiempo después, se creó el son nica de Camilo Zapata, que consiste en un rasgueo de guitarra propio de la música tradicional nicaragüense, acompañado por instrumentos representativos del folclor en Nicaragua, como la marimba de madera.
Aunque según explica Enrique Peña Hernández en su libro Folklore de Nicaragua , la música típica nacional son Los Sones de Monimbó.
“La música típica nicaragüense es, indiscutiblemente, la de los indios de Monimbó, la que ejecutan en sus ricas y queridas marimbas, que conmueven los espíritus de tal modo, que a la par de entusiasmo se siente tristeza”.
Peña, a través de su libro, explica que El Güegüense es un ejemplo claro de las raíces mestizas, lo cual muestra una expresión burlesca que se refleja a través de las máscaras que utilizan también en el baile de El Toro Guaco, El Viejo y la Vieja, a través de la cual ocultan su personalidad.
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