En los últimos días la Iglesia católica se ha pronunciado —por medio de algunos de sus obispos—, sobre la cada vez más crispada y deprimente situación política de Nicaragua.
El domingo recién pasado, el Arzobispo de Managua y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, monseñor Leopoldo Brenes Solórzano, criticó a los partidos y políticos de oposición, cuya división, dijo, “no les permite ver ni escuchar las verdaderas necesidades de la población. Cada uno de ellos anda por su lado, cada quien hala por su lado, cada uno critica, cada uno ofende y ésa no es una actitud constructiva”, lamentó el prelado católico.
También el Obispo de Granada y administrador de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Jorge Solórzano, así como el Obispo de Chontales y secretario de la Conferencia Episcopal, monseñor Sócrates Sándigo; el Obispo de Estelí, monseñor Abelardo Mata; y el Obispo Emérito de Granada, monseñor Bernardo Hombach, cada uno por su lado se han pronunciado críticamente sobre la degradada situación política nacional. Con justa razón, a los pastores de la Iglesia católica les preocupa hondamente la frustración que producen los políticos de la oposición a la mayoría de los nicaragüenses, al ver cómo son atropelladas impunemente las precarias instituciones democráticas de Nicaragua .
Monseñor Brenes y monseñor Hombach se han referido expresamente al Poder Electoral del Estado, que inspira una enorme desconfianza a los ciudadanos; situación empeorada por las declaraciones de corte totalitario que dio la semana pasada el ex magistrado y ex presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), Roberto Rivas Reyes, quien terminó su período de magistrado en junio pasado pero se mantiene aferrado al cargo amparado en un decreto administrativo de Daniel Ortega, calificado por la oposición como “el decretazo”.
Según reporte de la agencia internacional de noticias AP, Roberto Rivas Reyes declaró el viernes 3 de septiembre corriente a un medio televisivo de Nicaragua, que para las elecciones del próximo año los observadores internacionales que se atrevan a expresarse mal del gobierno de Daniel Ortega, serán expulsados del país. Y advirtió también el funcionario orteguista que no aceptará más misiones técnicas de observación de la comunidad internacional: “o vienen a acompañar el proceso con el tiempo debido, conforme al calendario electoral, o sencillamente no vienen”, expresó Rivas Reyes según el despacho de la AP, dando como un hecho que será él —o mejor dicho Daniel Ortega por su medio— quien mangoneará las elecciones del próximo año, y admitiendo que esos comicios no serán libres ni limpios, sino una farsa fraudulenta.
Sin embargo, a pesar de que el orteguismo sigue demoliendo las instituciones democráticas y avanzando hacia la consolidación de la nueva dictadura, los partidos y movimientos políticos de oposición que enarbolan la bandera de la democracia, no se unen para enfrentar al enemigo común y por lo menos contenerlo. Por el contrario, la oposición encona sus divisiones, como lo criticó monseñor Leopoldo Brenes el domingo recién pasado.
Es que “todo el mundo quiere ser cabeza, aquí nadie quiere ser cola de nadie, y el sentimiento que hay en la gente es que cada uno anda por su lado, que estos partidos son un abanico que no tienen conexión entre sí”, aseveró el Arzobispo de Managua. Esta crítica de monseñor Brenes es pertinente y oportuna, y ojalá llegara a la conciencia de todos los líderes políticos que son o se dicen católicos.
No obstante, es justo y necesario reconocer que no son todos los políticos los que están empecinados en ser candidatos presidenciales. Son algunos los que tienen esa pretensión y entre ellos sólo uno es realmente importante. A estas alturas varios pretendientes presidenciales de la oposición, ante todo Eduardo Montealegre quien según las encuestas independientes es el que tiene más respaldo popular —aunque no suficiente para ganar—, han declarado públicamente estar dispuestos a resignar sus aspiraciones, a favor de un candidato de consenso que una a toda o a la mayor parte de la fuerza opositora.
Por razones obvias los obispos no pueden señalar directamente a la persona que está empecinada en ser candidato presidencial al precio que sea, con la misma tozudez de Daniel Ortega en su obsesión por reelegirse y mantenerse en el poder para siempre, aunque a Nicaragua se la lleve el mismo demonio. Y esa persona, como todo el mundo lo sabe, no es otra que el ex presidente Arnoldo Alemán.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A