Son las 3:30 de la tarde del martes, horario de visitas en el Hospital Roberto Calderón, de Managua. El cielo anuncia lluvia y el movimiento en el recinto es constante.
A la izquierda del pabellón está la sala de varones del hospital. El viento frío penetra por la ventana. Unos seis pacientes se encuentran allí, entre ellos llama la atención uno de aspecto muy delgado y se encuentra abrazado por su esposa e hija.
Tiene una toalla puesta. Entra la enfermera en silla de ruedas y dice: “Don Vicente, ya nos lo llevamos ”.
Su hija Gregoria se despide, le da un beso en la frente y le dice algo en el oído, él sonríe.
“Vendré pronto, no se preocupen”, dice en tono esperanzador.
Apenas y se le reconoce, pero la mirada y esa sonrisa chispeante, aferrado a su vida, identifica que ese hombre afectado por el cáncer es Vicente López, una gloria del deporte nacional, el mejor cátcher que ha producido el beisbol nicaragüense.
Hace un par años, cuando su salud no estaba en riesgo, se le preguntaba a Vicente: “¿Vos sos el mejor cátcher que ha tenido Nicaragua? ”
Ese hombre de gran estatura y de voz grave no dudada en decir envuelto en una sonrisa y clara seguridad, “por supuesto que lo soy”.
Y es que Vicente tenía toda la razón. Sus estadísticas hablan de un jugador completo y brillante en la receptoría y en el cajón de bateo.
En 792 partidos conectó 872 hits, empujó 508 carreras y anotó 510. También conectó 116 jonrones, 143 dobles y nueve triples, para promediar en bateo 323 puntos.
Su porcentaje máximo lo consiguió en el Campeonato Nacional de 1978, en el que terminó con un average de .437, aunque su récord fue batido por el .439 de Nemesio Porras en la temporada de 1992.
Respecto a este récord, Vicente expresó en una ocasión que no le importaba, pero sí criticó a los actuales líderes de bateo.
“No me ha gustado como algunos bateadores han ganado un título de bateo. Cuando logré mi récord a mí nunca me sentaron, todo lo contrario a lo que pasa ahora, todo es que estén de líderes y ya los sientan”, dijo Vicente.
Para este personaje del deporte nicaragüense, el beisbol fue siempre su pasión y su futuro. Trazó la meta de ser el mejor, trabajó para ello y lo logró con honores imborrables en la historia.
“Yo no dudo que Vicente es el mejor cátcher que ha tenido Nicaragua. Hasta hoy no he podido ver un cátcher como él. Tenía bateo, era defensivo, se coordinaba muy bien con el pítcher, centrado, se entregaba de corazón en cada partido, un tipo de carácter, un jugador muy completo”, asegura el ex lanzador Germán Miranda, quien fue compañero de equipo en Estelí y la Selección Nacional.
- “Padre, este jonrón que voy a conectar ante Cuba te lo dedicaré a vos”, le advirtió Vicente López a su papá, Juan López, un día antes de que Nicaragua se midiera a Cuba.
“Era la Selección clásica, la mejor que ha tenido Nicaragua, así que cualquiera del equipo podía anotar, incluso Vicente ya había dicho que lo haría”, recuerda Calixto Vargas.
Luego de la primera anotación, la selección pinolera no bajó la intensidad y siguió intentando ampliar la ventaja.
“Fue en el cuarto inning cuando Vicente llegó a batear y conecta el jonrón. Todos los celebramos y era tradición para ese tiempo caerle con la zopilotera y ese día le cayó fuerte a Vicente”, cuenta César Jarquín.
Los que vieron ese día el explosivo jonrón de Vicente ante el cubano José Antonio Huelga, comentan que fue espectacular e importante para que el equipo se motivara para asegurar el triunfo.
“El jonrón de Vicente fue muy elevado y se dirigió entre el jardín central y el derecho, fue espectacular. Gracias a esa anotación el equipo se llenó de más confianza y nos motivó más para mantener la ventaja sobre los cubanos”, recuerda Jarquín.
Álvaro Rivera, un aficionado que estuvo presente en ese juego, relata que el jonrón de Vicente López enloqueció a la gente.
“Tenía 12 años cuando fui al estadio y ese jonrón de Vicente fue un batazo que se volvió mítico, la gente salió del estadio diciendo que la pelota había cruzado el estadio. La gente sabía que cualquiera de la selección podía anotar, se confiaba que se le podía ganar a Cuba y Vicente estuvo fuera de serie”, relata Rivera con entusiasmo.
Luego de ese triunfo Vicente logró ser parte de la victoria de 5-0 ante los mismos cubanos, para el Mundial de 1976 en Colombia, un suceso que el tiempo no borrará al igual que los logros que conquistó Vicente López para el deporte nacional.
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Miranda comenta que Vicente siempre era un líder, de carácter muy fuerte, de esos que les gustaba estar en excelentes condiciones físicas, un jugador fuerte sobre el plato.
UNA BATALLA DIARIA
Su perspicaz sentido del humor siempre ha estado presente. Ni la edad ni las adversidades en su vida le han quitado ese ímpetu luchador, pero sobre todo la fe, un hombre muy creyente en Dios y la vida misma.
La batalla que enfrenta hoy Vicente López es la más difícil de todas, pero él no pierde las esperanzas. Su mirada refleja y se expresa de manera optimista.
“Van a ver que voy a salir bien”, expresa a sus familiares y se repite a sí mismo, como una forma de seguir luchando por su vida.
Hace un poco más de un mes, a López se le detectó cáncer, una enfermedad que lo ha agobiado y deteriorado, pero no le ha apagado el brillo en sus ojos y su chispeante espíritu de lucha.
UNA LUCHA
Las horas se hacen largas en la habitación del hospital. El dolor doblega al Titán. Su orgullo no le permite llorar, no quejarse, se traga el dolor con honor y espera a que el doctor lo atienda.
“No, yo estoy bien, esto es arrecho, pero ahí voy”, es lo que dice cuando el dolor ataca su cuerpo.
Sus ocho hijos están pendientes, las hijas mujeres en especial están allí y su esposa, la compañera de toda su vida se encuentra a su lado, sufriendo con él hasta el último minuto del día.
“Yo lo miré una vez, luego de la operación, y me impactó mucho verlo enfermo. Yo crecí con él, jugué con él, nuestros padres eran amigos, somos amigos, me da mucho, pero mucho pesar lo que está pasando ahora”, lamenta César Jarquín, amigo y ex compañero de equipo.
Jarquín quizás sea el pelotero que ha estado más cerca de López. Ambos se conocen desde los 8 años de edad y juntos trabajaron para llegar a ser los mejores peloteros de la historia en el beisbol nicaragüense.
“Nosotros nos propusimos viajar, veíamos que éramos buenos jugando y miramos que podíamos llegar a ser los mejores y lo hicimos. Vicente es una leyenda que nunca morirá”, dice Jarquín con firmeza.
55 AÑOS
Vicente nació el 19 de abril de 1945 en San Isidro, Matagalpa, en una pequeña comunidad llamada Quebrada Seca, donde estaba un río que todos los septiembre se llenaba, se bañaba y jugaba junto a sus hermanos.

“Desde pequeño mi padre me enseñó a ser un hombre fuerte y a trabajar”, recordó López.
Para Vicente su papá, Juan López, fue un pilar importante en su vida y una de las razones para que triunfara en su carrera como pelotero.
Pero el titán de San Isidro flaquea cuando habla de ese tema de su vida, es lo único que le quita el brillo en sus ojos. Su padre falleció en 1998 y 10 años después, su mamá, Petrona Lara, también dijo adiós.
“El corazón lo tengo roto. Me he quedado sin mis dos viejos, mis pilares, es un dolor inmenso”, lamentó recién fallecida su mamá.
Hoy, Vicente atraviesa el mismo camino que sus padres cruzaron una vez, sólo que él se aferra como un león a no dejar este mundo, a su familia, a una vida que le ofreció conocer el mundo y realizar sus sueños.
“Vicente y yo qué no conocimos, fuimos a Colombia, Italia, países que en nuestra vida podíamos costear. Esos dos chavalos del campo anduvieron por esos lados, fueron experiencias inolvidables”, dice Jarquín.
Para Calixto Vargas, quien también jugó junto a López, expresa que el pelotero de San Isidro pertenece al grupo élite de las leyendas deportivas.
Un cátcher con las cualidades de Vicente no se ve en la actualidad.
“Ver a Vicente era ver a un grande. Siempre daba todo lo mejor en los partidos, estábamos en una Selección donde todos éramos buenos, pero él era brillante”, expresa Vargas.
Los recuerdos pasan como una película en la mente de Vicente. Postrado en esa silla de ruedas que lo llevó al quirófano la tarde de ayer, se fue sonriente, tratando de no preocupar a su familia, con la firme esperanza que todo saldría bien.
“Los espero mañana a la hora de visita, vengan sin falta”, les dice a los que llegaron a verlo.
EN EL SALÓN DE LA FAMA
El 4 de abril de 2005, la leyenda Vicente López fue ingresado al Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense.
Vestido de saco y corbata Vicente fue condecorado. Recibió un anillo, la placa que lo acredita como gloria del deporte pinolero, pero además se le colocó sobre su cabeza una corona de hojas de olivo, como solían premiar a los campeones en la antigua Grecia.
“Me acuerdo que Tony Castaño nos decía que nuestro juego era como el de los jugadores de las Grandes Ligas. Y que la única diferencia era que ellos estaban acostumbrados a ese juego y nosotros sólo tendríamos que jugar algunos partidos para hacer lo mismo. Y estoy seguro que así era”, dijo Vicente en declaraciones a LA PRENSA luego de su ingreso al Salón de la Fama en el 2005.
Pero el anillo de oro y la placa no fue suficiente para reconocer todo lo que Vicente ofreció al deporte nicaragüense. Una de las criticas que siempre tuvo fue que nunca se le ayudó a esos jugadores luego que se retiraron, ya que muchos de ellos hoy tienen muchas carencias.
“Con ingresarme al Salón de la Fama no basta. No pido para mí, pero sí para otros jugadores que también dieron todo por este país, por la Selección y hoy están en desgracia”, declaró hace algunos años.
Con su cabeza en alto, ese titán llamado Vicente López no se rendirá, se apegará a sus últimas fuerzas para luchar por su vida. Sea cual sea el final, todos recordarán a esa leyenda que era todo corazón en el campo de beisbol.

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