Monseñor Bernardo Hombach, obispo emérito de Granada, declinó la invitación que le hizo un movimiento político liberal para que sirviera de moderador en las negociaciones preparatorias de las elecciones primarias interpartidarias de la oposición de centroderecha, después que la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) se retiró de esa función.
En declaraciones que brindó el jueves de la semana pasada al Canal 12 de televisión, el prestigioso obispo nicaragüense de origen alemán precisó que la Iglesia católica no tiene partido y por lo tanto no debe meterse en los asuntos políticos partidistas, como es el caso de las elecciones primarias que trata de organizar la oposición, en particular los partidos liberales.
A nuestro juicio tiene razón monseñor Bernardo Hombach. Sin duda que las primarias tienen una gran importancia, no sólo para democratizar la selección de los candidatos a los cargos públicos que se deben elegir en las elecciones nacionales del próximo año, sino también para concienciar, organizar y movilizar a los ciudadanos a la lucha por la libertad y la democracia, pero representan un proyecto político partidista.
Para provecho de la lucha por la democracia en Nicaragua sería bueno que se realizaran las primarias, y que se involucrara en ellas también la oposición de centroizquierda, la cual se ha abstenido de participar en este esfuerzo porque considera que primero se debe conseguir la conformación de un nuevo Poder Electoral decente y confiable. Sin embargo, la posición arrogante y excluyente de algunos participantes en las negociaciones de las primarias, no permite augurar el éxito de ese experimento de participación democrática, y si la Iglesia se involucra de alguna manera podría salir innecesariamente perjudicada.
Pero también tenía razón el Obispo de Estelí, monseñor Abelardo Mata, cuando aceptó la invitación que le hicieron los dos partidos liberales grandes para que mediara en su supuesto esfuerzo de unidad, que terminó sin resultados positivos. Aparentemente hay contradicción en las posiciones de ambos obispos, pero eso depende de cómo se interprete la función de la Iglesia católica en la política. Y lo fundamental es que al mediar en el esfuerzo de unidad de los liberales, monseñor Mata no tomó partido, fue un árbitro de buena fe movido por el interés de ayudar a la defensa de la libertad y el rescate de la democracia, que son partes esenciales del bien común que la Iglesia procura para todos.
En realidad, no cabe ninguna duda de que los obispos Hombach y Mata, en lo personal, así como la Iglesia católica en lo institucional, están del lado de la libertad, la democracia, los derechos humanos y la justicia; de esos valores, principios e instituciones que son propios de la fe cristiana y la vocación católica. Como expresó monseñor Hombach en las declaraciones antes mencionadas: “La Iglesia está para todos, está para decir la verdad; cuando ve que hay injusticias, que hay problemas de ética, la Iglesia tiene que denunciarlo”.
El Papa Benedicto XVI dijo en Brasil, el 13 de mayo de 2007, que el trabajo político no es competencia inmediata de la Iglesia. Eso significa que la política no es una función directa y partidista de la Iglesia, pero sí una parte de su misión mediata, general, ética, profética y apostólica. Para la Iglesia católica, escribe el sacerdote español, Máximo Álvarez Rodríguez, en el sitio Catholic.net, portal de la Red Informática de la Iglesia en América Latina: “Es inhumano que la autoridad política caiga en formas totalitarias o en formas dictatoriales que lesionen los derechos de la persona o de los grupos sociales. No se puede, pues, decir que la Iglesia se mete donde no debe cuando defiende estos derechos. Por eso el Papa no se sale de su competencia cuando recuerda a los dictadores que dejen de violar los derechos humanos, sino que está cumpliendo con su deber”. Y agrega el escritor religioso que “la Iglesia está inequívocamente a favor de la democracia y recuerda a todos los ciudadanos el derecho y el deber de votar con libertad”.
En Nicaragua, donde la autoridad política está cayendo en formas dictatoriales que lesionan los derechos de la mayoría de las personas y de los grupos políticos y sociales, la Iglesia católica, por su misión de defender la libertad, la democracia y la justicia, seguramente que muy pronto tendrá que desempeñar funciones mediadoras de gran trascendencia. No vale la pena entonces que se desgaste interviniendo en disputas políticas estrictamente partidistas.
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