Dice el diplomático y escritor argentino Enrique Peltzer que la pasión por el poder es inevitable y además necesaria, pues: “Si el ejercicio del poder no despertara alguna clase de pasión, si no deparara grandes satisfacciones, ventajas o beneficios, nadie se interesaría en conquistarlo, nadie gobernaría y no podría existir una vida comunitaria dentro de formas políticas estables. Es que lo malo no es la pasión por el poder, sino su desmadre —sigue diciendo Peltzer—. Una cosa es competir por la posesión de las palancas del gobierno dentro de algún sistema que acote al poder y otra cosa es desbordar, falsear o anular el marco establecido. La tiranía consiste en ese desborde, tiene su origen en un afán desmedido de dominar o de valerse del dominio para enriquecerse, y se sirve de tres instrumentos principales: la violencia de los esbirros, el soborno de los corrompibles y la demagogia en el trato con las masas populares”.
No cabe duda de que en ese cuadro conceptual se inserta Daniel Ortega con su pasión por el poder, que de tan intensa y obsesiva se ha vuelto enfermiza y para satisfacerla hace y está dispuesto a hacer cualquier cosa. Ahora está amenazando o chantajeando otra vez al doctor Arnoldo Alemán, líder del Partido Liberal Constitucionalista, con la reactivación de tres juicios penales e inhibir su ya proclamada candidatura presidencial por el PLC. Según el doctor Alemán, esto se debe a que Ortega le tiene miedo a su candidatura presidencial porque sabe que es el único que puede derrotarlo. Pero lo que está claro es que la presión del orteguismo al doctor Alemán, es para obligarlo a aceptar la reforma constitucional que limpiaría la candidatura de Ortega a otra reelección presidencial.
Daniel Ortega está decidido a imponer como sea su nueva reelección presidencial, y para conseguirla tiene a mano dos planes alternativos. Uno, que podemos llamar Plan A, es el de lograr la reforma constitucional para suprimir la prohibición de la reelección establecida en el artículo 147 de la Constitución. Se incluye en este plan el aprovechamiento de los recursos de la cooperación venezolana para aumentar su caudal electoral, mantener divididas a las fuerzas opositoras y conseguir la mayoría de votos indispensable para reelegirse sin fraude electoral.
En este sentido, la reforma constitucional produciría el doble efecto de que por un lado le permitiría a Ortega ser candidato a la nueva reelección, y por otra parte profundizaría la división opositora y haría imposible la unión de sus adversarios alrededor de un programa común y una sola candidatura presidencial.
Sin embargo, en el caso de que las presiones y el chantaje al doctor Alemán y el PLC no tuvieran el resultado que necesita Ortega, éste cuenta con un Plan B para satisfacer su pasión obsesiva de seguir en el poder presidencial más allá del 10 de enero de 2012.
De acuerdo con el Plan B de Daniel Ortega para allanar el camino a su nueva reelección, él presentaría su nueva candidatura presidencial al amparo de la falsa resolución que el 19 de octubre del año pasado dictaron seis magistrados orteguistas, reunidos irregularmente, por medio de la cual declararon que la prohibición constitucional de la reelección presidencial no se aplica a Daniel Ortega. “Ya todo mundo sabe que el comandante (Ortega) va de candidato para 2011, y que se prepare la oposición para esas campañas electorales”, expresó en aquella oportunidad el ex magistrado orteguista, Rafael Solís Cerda.
El Plan B de Ortega incluye mantener como magistrados electorales, a quienes usurpan los cargos al amparo del decreto presidencial conocido como el “decretazo”, y de la disposición transitoria constitucional que expiró hace más de veinte años, pero ha sido resucitada por el orteguismo. Los usurpadores del Consejo Supremo Electoral ya declararon que la nueva reelección de Daniel Ortega sería legal, a pesar de la prohibición constitucional, de manera que es de esperar sin ningún escrúpulo inscribirían su candidatura y perpetrarían otro gran fraude electoral para imponerlo como ganador en las elecciones del 2011.
Sin duda que Ortega preferiría canalizar su candidatura a la nueva reelección por medio de la reforma constitucional, porque le daría más legitimidad. O sea mediante el Plan A. Pero si no lo consigue por ese medio, buscaría la reelección a través del Plan B, y en última instancia por cualquier otro medio. Es que, como muy bien dice Enrique Peltzer, en su pasión por el poder “el tirano, o el tiranuelo, padece la fiebre delirante de quien acumula fuerzas y elimina adversarios”, a quienes sea y como sea.
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