El régimen comunista de Cuba está sustituyendo la violación de los derechos humanos de los disidentes democráticos mediante el castigo de la cárcel y los maltratos carcelarios, con el destierro, que es otra violación de los derechos humanos.
Según informaciones proporcionadas por la Iglesia católica de Cuba, la cual ha intercedido ante la dictadura de Raúl Castro a favor de los presos políticos y de conciencia cubanos, 52 de éstos serán dejados en libertad de aquí a septiembre próximo y los primeros cinco serán enviados en estos días a España, solos o con sus familiares más cercanos. Esto significa claramente un destierro, el cual está prohibido de manera expresa por la Declaración Universal de Derechos Humanos, que textualmente dice: “Artículo 9º. Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso o desterrado”.
En realidad, el Gobierno cubano tiene la obligación de poner en inmediata libertad a todos los presos políticos y de conciencia que hay en Cuba, no sólo a 52, y debe de respetar su derecho a vivir en su país, o de irse al extranjero pero sólo voluntariamente si tal fuera su deseo. Sin embargo, la deportación a un país democrático es mucho mejor que seguir prisioneros en Cuba, cuyas cárceles están entre las peores del mundo tanto por las condiciones infrahumanas de reclusión como por los maltratos que sufren los presos a manos de sus carceleros.
De manera que aunque es necesario seguir demandando la liberación incondicional e inmediata de todos los presos políticos y de conciencia cubanos, la puesta en libertad de los cinco disidentes que serán liberados y enviados a España en los próximos días, así como de los otros 47 que gradualmente saldrán de la cárcel en los meses siguientes, significa un triunfo de toda la gente que dentro de Cuba y en el mundo entero ha unido sus fuerzas a favor de este noble objetivo.
Ante todo se trata de una merecida victoria póstuma de Orlando Zapata Tamayo —el difunto disidente, obrero albañil, fontanero y negro para mayor vergüenza de los gobernantes totalitarios de Cuba que se dicen representantes de la clase obrera y adalides de la igualdad racial y social— quien murió el 23 de febrero de este año como consecuencia de la huelga de hambre de 86 días que mantuvo en la cárcel, en protesta contra los inhumanas condiciones carcelarias y por la libertad propia y de sus compañeros de ideales libertarios y de infortunio. La muerte heroica de Zapata Tamayo conmovió al mundo desde sus cimientos y generó una gran ola mundial de solidaridad con los presos políticos cubanos, que ahora está dando sus primeros resultados, pequeños y mediatizados pero positivos de todas maneras.
Igualmente es un triunfo del también disidente democrático negro Guillermo Fariñas, quien se mantuvo en huelga de hambre durante 135 días para respaldar su demanda de libertad precisamente para los presos políticos que ahora serán liberados.
También es un triunfo de la Iglesia católica, que ha intercedido y sin duda que seguirá intercediendo ante las autoridades comunistas de Cuba, a favor de los derechos humanos y de la libertad de los presos políticos y de conciencia.
Es una victoria, además, de las personas, movimientos políticos, organizaciones sociales y gobiernos, que en todo el planeta se han movilizado y continúan manifestándose de múltiples maneras, en favor de la libertad de los presos políticos de Cuba, el respeto a los derechos humanos de todos los cubanos y por una transición democrática en ese país.
Y por último, es un logro del gobierno socialista democrático de España, el cual, a pesar de que por afinidad ideológica, cálculo geopolítico, intereses económicos o lo que sea, ha alcahueteado a la dictadura comunista cubana, ahora, por presiones de la opinión pública internacional y de la oposición democrática española también ha demandado la libertad de los presos políticos y el mejoramiento de la situación de los derechos humanos en Cuba.
En Cuba sigue imperando un régimen totalitario comunista, represivo por su propia naturaleza, el cual continuará encarcelando y maltratando a los cubanos que no se someten a la dictadura y reclaman su derecho a vivir en libertad. Sin embargo, haberlo obligado a poner en libertad a una parte de los presos políticos es un triunfo de la humanidad y una severa derrota del régimen opresor. Y por lo tanto, es causa de regocijo para quienes dentro de Cuba, en Nicaragua y en todas partes del mundo, luchan por la democracia, la justicia, los derechos humanos y la libertad.