El síndrome del poder autocrático

El recién pasado sábado 3 julio fue la celebración oficialista del 31 aniversario del repliegue (o sea la huida masiva táctica hacia Masaya, el 27 de junio de 1979, de los insurrectos en los barrios orientales de Managua contra la dictadura somocista), y en ella lo que más llamó la atención fue el desmesurado despliegue de seguridad personal que exhibió Daniel Ortega.

Antiguos combatientes revolucionarios que participaron en el repliegue de 1979 y ahora repudian al caudillo del FSLN, criticaron diversos aspectos negativos de esa celebración, particularmente la exaltación de Daniel Ortega a pesar de que cuando ocurrieron aquellos heroicos acontecimientos bélicos él se encontraba a buen recaudo en un hotel de San José de Costa Rica. Y sobre todo denunciaron que la conmemoración del repliegue ha sido convertida en un penoso carnaval en el que abundan el licor y los ebrios tumbados a los lados del camino, así como el desmedido aparato de seguridad personal de Daniel Ortega.

En realidad al líder del FSLN casi no se le podía mirar detrás de los altos y fornidos guardaespaldas que lo rodeaban, los cuales tenían todas las apariencias de ser extranjeros. Acerca de tan desmesurado aparato de seguridad del caudillo del FSLN, el general retirado sandinista y antiguo comandante guerrillero, Hugo Torres, analizó para LA PRENSA que la única explicación de eso es “el avance de su paranoia (de Daniel Ortega) y la intención de querer gobernar a punta de intimidación”. Y agregó el general Torres, quien fuera el “comandante 1” del asalto sandinista al Palacio Nacional en agosto de 1978, que “Ortega y su mujer saben que actúan de manera dictatorial y por eso creen que los persiguen y buscan protegerse tanto”.

Hugo Torres, quien ahora es diputado y uno de los líderes del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), llamó la atención al hecho de que Ortega “estaba casi oculto entre su seguridad. Nunca lo habíamos visto así. Esa imagen (de él rodeado de la seguridad policial y personal de que dispone) es un avance de ese delirio (de paranoia). Lo que sigue es que Ortega ya no dé sus discursos personalmente, sino a través de grandes pantallas en las plazas”.

Pero además del problema psicológico de paranoia, que según el general Torres sufre Daniel Ortega, también es importante destacar el alto costo que significa para el país —específicamente para las personas que trabajan, producen y pagan los impuestos con los que se financian los gastos del Estado— ese aparatoso cuerpo de protección personal del que se hace rodear Ortega. En este sentido, en su edición de ayer lunes LA PRENSA informó que en el presupuesto del Ministerio de Gobernación no se detalla “el gasto de la Policía Nacional en el apartado de seguridad personal, que el mandatario ha incrementado para él”, pero el Presupuesto General de la Nación “sí revela los gastos en seguridad y vigilancia de la Presidencia de la República, que han aumentado en 2.8 millones de córdobas entre el 2007 y el 2010…”

Agrega la información de LA PRENSA que: “En el 2007 el gasto en seguridad y vigilancia de la Presidencia fue de 677 mil córdobas. Pero esa misma partida supera los 3.5 millones de córdobas en el presupuesto de este año”. O sea que la gente no sólo tiene que soportar las odiosas y estresantes molestias que causa el desmedido aparato de seguridad de Daniel Ortega cuando se moviliza por las calles, sino que también debe pagar sus altos costos económicos.

Volviendo al planteamiento del general retirado Hugo Torres sobre la paranoia que a su juicio padece Daniel Ortega, hay que decir que éste se ajusta a la caracterización científica de todos los gobernantes autoritarios, acerca de las cuales se definen básicamente tres tipos psicológicos. Por ejemplo, Jerrold Post, quien es director del Programa de Psicología Política de la Universidad George Washington, de Estados Unidos, explica en su libro La evaluación psicológica de los líderes políticos , (disponible en Internet) que uno de esos tipos es la “mentalidad suspicaz” o “paranoide”, el segundo es el narcisista y el tercero el obsesivo-compulsivo.

En realidad, no hay necesidad de tener conocimientos especializados de psicología y psiquiatría para ubicar a Daniel Ortega en cada uno —y en los tres al mismo tiempo— de esos tres tipos psicológicos de personalidad política, mencionados por Jerrold Post. Como se dice popularmente, para mirar lo que está a la vista no se necesita de anteojos.

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