Hoy comienzan en la República de Sudáfrica los juegos de la Copa Mundial de Futbol 2010, la gran fiesta deportiva internacional que significa un acontecimiento histórico excepcional para ese país también extraordinario.
Los ojos del mundo están puestos en Sudáfrica por el futbol de la máxima calidad internacional, pero también por lo que la joven democracia sudafricana representa para la humanidad. Es que la realización del Mundial de Futbol en Sudáfrica constituye una magnífica oportunidad para que este país demuestre que su proceso de integración racial —y en todo caso de superación del apartheid y sus secuelas—, así como la maduración de su sistema democrático, son una inobjetable realidad.
Realmente, al margen de los graves problemas de extrema pobreza y violencia criminal que agobian a su población, no se puede poner en duda que Sudáfrica es un país ejemplar, aunque sólo fuera por la fortuna de haber tenido un líder como Nelson Mandela, cuya gran autoridad política y moral se irradia por todo el mundo.
“Madiba”, llaman los sudafricanos, de manera respetuosa y cariñosa, a Nelson Mandela, porque ese es el título honorífico que usan los miembros de su etnia, los xhosas, para dirigirse a los ancianos venerables. Por su incansable lucha contra la tiranía racista y en favor de la libertad y la democracia, Mandela estuvo en la cárcel 27 años. Pero tanto tiempo en presidio, en las peores condiciones que cabe imaginar, no distorsionaron la personalidad de Mandela con los complejos, el odio, el rencor y el deseo de venganza que han enfermado a otros presos políticos de larga duración. De manera que cuando Mandela fue elegido Presidente de Sudáfrica, no vaciló en impulsar un asombroso proceso de reconciliación racial e integración nacional, junto con la democratización, el cual, no obstante las muchas dificultades ha logrado éxitos admirables.
Se dice, y es cierto, que en Sudáfrica los negros todavía están separados de los blancos, que aún hay racismo y que la pobreza se abate sobre la gran mayoría de la población sudafricana. Que todavía hay racismo blanco y que también hay racismo negro, lo demuestra la existencia de dos movimientos pro discriminación racial muy beligerantes: por un lado el Movimiento de Resistencia Afrikáner, que propugna el restablecimiento de la supremacía de la raza blanca; y por otra parte el Movimiento Juvenil del Congreso Nacional Africano, que aboga por un régimen de discriminación y opresión de los negros sobre los blancos, o sea el odioso apartheid al revés.
Pero la mayor parte de los sudafricanos no respaldan las corrientes racistas y extremistas, seguramente porque la prédica y el ejemplo de Madiba han calado en la conciencia de la población, la cual entiende que los graves problemas de la pobreza, la corrupción y los remanentes del racismo no se pueden resolver, sino que se agravan, con extremismos de cualquier clase o raza.
Recientemente, el liderazgo ejemplar de Mandela fue relanzado mundialmente gracias a la excelente película Invictus . Este filme, que ha sido visto también en Nicaragua, se basa en el libro El factor humano , del periodista y escritor británico John Carlin, y se le tituló Invictus por el poema que tiene el mismo título, del poeta inglés William Ernest Henley, “al que Mandela —según cuenta él mismo en su autobiografía— le debe las fuerzas que recuperaba cuando caía en la desesperanza en sus años de encierro”.
Invictus es un himno a la resistencia moral de todos los luchadores por la libertad que sufren la cruel represión de sus verdugos. Y vale la pena citarlo como un merecido homenaje a Nelson Mandela, Madiba, gran líder moral de todas las personas que luchan por conquistar o defender la libertad, en cualquier parte del mundo:
“Desde la noche que sobre mí se cierne, / negra como su insondable abismo, / agradezco a los dioses si existen / por mi alma invicta. / Caído en las garras de la circunstancia / nadie me vio llorar ni pestañear. / Bajo los golpes del destino / mi cabeza ensangrentada sigue erguida. / Más allá de este lugar de lágrimas e ira / yacen los horrores de la sombra, / pero la amenaza de los años / me encuentra, y me encontrará, sin miedo. / No importa cuán estrecho sea el camino, / cuán cargada de castigo la sentencia. / Soy el amo de mi destino; / soy el capitán de mi alma”.
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