La dirigencia del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) calificó de “blandengue” al Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), el político socialista y diplomático chileno José Miguel Insulza, porque éste dice que sólo a petición de un gobierno es que la organización hemisférica puede actuar “en defensa de la institucionalidad democrática de sus Estados miembros”. Insulza aseguró tal cosa en una carta que le envió a Arnoldo Alemán, en respuesta a la solicitud escrita que el ex presidente nicaragüense y líder del PLC le hiciera el 23 de abril pasado, de que a tenor de la Carta Democrática Interamericana la OEA venga a Nicaragua a ayudar a que se resuelva la crisis política que amenaza la institucionalidad democrática del país.
Es seguro que Insulza se basa en que el artículo 17 de la Carta Democrática Interamericana dice lo siguiente: “Cuando el gobierno de un Estado Miembro considere que está en riesgo su proceso político institucional democrático o su legítimo ejercicio del poder, podrá recurrir al Secretario General o al Consejo Permanente a fin de solicitar asistencia para el fortalecimiento y preservación de la institucionalidad democrática”. Y se basa también en el artículo 18 de la Carta, el cual establece que: “Cuando en un Estado Miembro se produzcan situaciones que pudieran afectar el desarrollo del proceso político institucional democrático o el legítimo ejercicio del poder, el Secretario General o el Consejo Permanente podrá, con el consentimiento previo del gobierno afectado, disponer visitas y otras gestiones con la finalidad de hacer un análisis de la situación”.
Esto significa que para actuar en defensa de la institucionalidad democrática de Nicaragua, la cual está siendo subvertida por el autoritarismo de Daniel Ortega, Insulza y la OEA necesitan el consentimiento del mismo Ortega. Pero la verdad es que ningún gobernante autoritario va a llamar a la OEA para que acuda en defensa de la democracia que él mismo está destruyendo. En realidad, si el secretario de la OEA quisiera actuar en defensa de la democracia en Nicaragua, perfectamente pudiera hacerlo apoyándose en la misma Carta Democrática Interamericana. El artículo 20 de la Carta lo autoriza a tomar la iniciativa, al establecer que: “En caso de que en un Estado Miembro se produzca una alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático, cualquier Estado Miembro O EL SECRETARIO GENERAL (las mayúsculas son nuestras) podrá solicitar la convocatoria inmediata del Consejo Permanente para realizar una apreciación colectiva de la situación y adoptar las decisiones que estime conveniente”.
Sin duda que el propósito del artículo 20 de la Carta es habilitar al Secretario General de la OEA para que actúe de inmediato, ya sea a solicitud de algún Estado o por iniciativa propia, cuando se produzca cualquier alteración del orden constitucional que amenace el sistema democrático de un país miembro, antes de que sea tarde y el daño se vuelva irreversible. Se trata de una disposición necesaria, considerando que en algunos casos son los mismos gobernantes —como Chávez, Ortega o Zelaya— los que impulsan desde el poder las alteraciones antidemocráticas de las instituciones, con el fin de instaurar dictaduras enmascaradas con formalidades seudolegales. Pero es una ingenuidad política, por lo menos, esperar que alguien como Insulza vaya a actuar por su propia iniciativa, en un caso como éste.
Por otra parte, así como existen blandengues en la OEA también los hay en la oposición de Nicaragua, que es la principal llamada a defender la libertad y la democracia de los nicaragüenses. Ciertamente, ¿con qué cara se le puede pedir firmeza al secretario de la OEA, si al día siguiente de los actos vandálicos contra la institucionalidad democrática de Nicaragua, los diputados de la oposición se sentaron dócilmente en la Asamblea Nacional para restablecer la “normalidad”, e inclusive para elogiar a quienes justifican la violencia callejera de las turbas calificándola como “justa ira del pueblo”? ¿Qué crisis puede haber con una oposición insulsa y blandengue que no es capaz de movilizar a la población democrática y ni siquiera de derogar un acto presidencial arbitrario, como el llamado decretazo?
La crisis estallará en Nicaragua cuando la gente salga masivamente a las calles a defender su libertad y sus derechos, y se plante allí hasta que tenga la seguridad de que serán respetados. Y seguramente que entonces ya no habrá tiempo de que actúe la OEA.
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