Modelos: Sra. Yael Durán; niñas María Natalia y María Nicole Chavarría Durán y la joven María del Rosario Mejía Ortega, de Academia Eleganza. Peinado y maquillaje: Anabell Coiffeur. local: Santos. LA PRENSA/H. ESQUIVEL

Los sabores perdidos de la cocina

Qué tiempones aquéllos! Cuando la familia (hermanos, tíos, primos) se reunían en la casa de la abuela a disfrutar de su exquisita cuchara y saborear un buen guiso o un tazón de sopa como sólo ella sabía hacerlo. Su cocina era un verdadero laboratorio de donde salían platos dignos de los dioses.

Por Auxiliadora Rosales

Qué tiempones aquéllos!  Cuando la familia (hermanos, tíos, primos) se reunían en la casa de la abuela a disfrutar de su exquisita cuchara y saborear un buen guiso o un tazón de sopa como sólo ella sabía hacerlo. Su cocina era un verdadero laboratorio de donde salían platos dignos de los dioses.

Probablemente en todas las familias esas recetas únicas son guardadas bajo siete llaves como un verdadero tesoro. Es una lástima que no se comparta con las nuevas generaciones que ahora prefieren reunirse en los “food courts” a comer sándwich, pizzas o pollos fritos. Un conocido  menú cargado de frituras.
Y los jóvenes que les gusta cocinar es más habitual que aprendan de los libros, los programas de televisión, radio o internet y no junto a las maestras de este arte: sus madres o abuelas.

UNA ABUELA, 500 RECETAS

María Auxiliadora Duque-Estrada Lugo, de 70 años, quien se dio a la tarea de reunir  500 recetas en el libro Recetas de Familia, que pronto será publicado, dijo que “una de las cosas más lindas que hemos tenido en Nicaragua es la reunión de la  familia extendida (madres, padres, tíos primos, hermanos), donde no es necesario que pongamos grandes platos, porque tenemos una riqueza culinaria deliciosa y muy accesible. Con un indio viejo y un atolillo con una frutita encima  se arregla y todos disfrutarán”.

Añade que “otra de las opciones es que cada quien lleve algo y así se come de todo. Éstos son momentos que la familia disfruta como también se disfruta el  aprendizaje de la cocina al lado de la abuela o de la madre”.

PÉRDIDA DE SABOR Y ALEGRÍA

Según Duque-Estrada Lugo esta tradición de cocinar en familia y de degustar de esos platillos preparados con amor y esmero se ha ido perdiendo porque los nicaragüenses han tenido que emigrar. “Ahora ya no se reúnen y además comen cualquier cosa en la calle y después andan preocupadas porque han engordado”.

“Durante mi niñez, en León, cuando nos reuníamos no sólo llegaba la familia, sino también   amigas y vecinas. Ahora la gente no sabe ni quién vive al frente, es muy triste.  Si nosotras las madres y las abuelas nos proponemos y les enseñamos a nuestras hijas a cocinar, porque siempre hay alguien en la casa que le guste cocinar,  se deberá aprender comenzando con cosas sencillas”.

 Otra de las posibles causas de que se haya dejado de cocinar en familia es la inserción de la mujer al mercado laboral,  y no  por ello ha abandonado su responsabilidad doméstica, sino que  ha buscado alternativas que le ayuden a economizar tiempo a la hora de comer. Aunque eso signifique echar mano de las comidas precocidas o los sobrecitos industriales.

IMPORTANCIA NUTRICIONAL Y CULTURAL

Para Martha Justina González, dietista y máster en Nutrición Aplicada,  la familia es un contexto importante para la transmisión de hábitos alimentarios, sean éstos saludables o no.

“Los hábitos alimentarios son el conjunto de costumbres relacionadas con la compra, selección, preparación y consumo de alimentos. Son una expresión cultural de las  creencias y tradiciones alimentarias de una población”, precisa Gónzalez.

Para la especialista, la sociedad actual sufre una evolución notable en los hábitos alimentarios de los ciudadanos como consecuencia del impacto de los nuevos estilos de vida que han condicionado la organización familiar: la mujer trabaja fuera del hogar, y  la búsqueda de la comodidad, simplicidad  y practicidad en las preparaciones culinarias.

Estas condiciones  a veces hacen descuidar el valor nutritivo que los alimentos aportan a la dieta.

“Los hábitos alimentarios nacen en la familia, es la familia quien marca las pautas, pero además están influenciados por el entorno, se contrastan con el medio social, la escuela, casas de amigos, y sufren las presiones del mercadeo  y la publicidad de la industria agroalimentaria. Por supuesto que la globalización tiene una influencia importante en este tema”, dijo Gónzalez.

TOME LO BUENO

De acuerdo con la dietista,  compartir la actividad de cocinar entre varias generaciones de una familia permite la transmisión de la cultura alimenticia, a su vez se puede aprovechar para hacer modificaciones saludables a las recetas de las abuelas.

“Por ejemplo, ancestralmente en Nicaragua se ha acostumbrado añadir leche a la sopa de frijoles, y macerar el hígado de res con leche, ambas costumbres no benefician que el cuerpo absorba mejor el hierro contenido en esos alimentos. La leche impide la absorción del hierro, pero es una costumbre que se puede modificar añadiendo más bien alimentos ricos en vitamina C que sí favorecen la absorción del hierro. Se puede macerar el hígado en naranja agria y añadir tomate, culantro y limón a la sopa de frijoles en lugar de leche”.

Para la experta las frituras es otra de las cosas que se deben modificar en nuestra cultura.

Además, para la elaboración de algunas comidas se puede sustituir la mantequilla por la margarina.

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