Glomara Iglesias
Corresponsal/ Carazo
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Muy abatida, y a la espera que la empresa Avinsa se haga responsable del pago de las prestaciones de ley a las que tiene derecho ella y su hijo, se encuentra Sara Cortez Laguna, quien era la esposa de Carlos Villavicencio García, el hombre que inesperadamente murió asfixiado dentro de un silo, la mañana del lunes en la granja Ave María, de Jinotepe.
Cortez dijo a LA PRENSA que hasta ayer sólo le habían enviado el ataúd y pagaron la preparación de su deudo, pero no enviaron “ni una bolsa de pan para la vela”.
Comentó que el jefe de Recursos Humanos le dijo que se reunirían para hablar del caso en una fecha próxima.
Afirmó que por el lamentable hecho ahora queda en la orfandad su pequeño de siete años, Carlos Villavicencio Cortez.
A la vez señala que el ahora occiso le decía que su jefe era muy exigente y que debía llegar antes de las seis de la mañana, pero tenía necesidad del trabajo y sobre todo obligación con su familia.
Agregó que para Navidad no recibía ni una canasta básica, ni bonos por su trabajo, pero que desde hace unos cuatro meses, los trabajadores formaron un sindicato y empezaron a obtener algunos beneficios.
EL SALARIO
Wilfredo Molina Sánchez, un trabajador de la granja y quien asistió en el momento de agonía a Villanueva, dijo que tenía cuatro años de trabajar en el sitio, en el que le pagaban 960 córdobas semanales en tiempo de producción.
Félix García, hermano del occiso, señaló que el Ministerio del Trabajo debe hacer inspecciones para garantizar la seguridad de los empleados y espera que la empresa sea justa con su cuñada y sobrino.
Cortez Laguna pide que cumplan con las prestaciones y que les den protección a los trabajadores de la granja, porque donde Villavicencio se hundió no tenían protección.
“Eso (el silo donde murió su marido) es un embudo y mantiene una temperatura de 38 grados”, refirió la adolorida mujer al comentar el trágico suceso.