Por Edgard Rodríguez C.
No hay que esforzarse mucho para apreciar la espectacular actuación realizada por la Selección Nacional de Baloncesto masculino, que recién ha conquistado la medalla de oro en los IX Juegos Centroamericanos en Panamá, y que hoy mostrarán orgullosamente en sus pechos.
Sin embargo cuando se revisa el contexto que rodeó su estructuración, los obstáculos que debieron superar para asistir a los Juegos y además concentrarse en los partidos a pesar de las presiones que han amenazado sus carreras a nivel local, los adjetivos se acaban para el elogio.
Lo que estos muchachos han realizado es sencillamente admirable. Según expertos y testigos presenciales, la tropa pinolera exhibió una estupenda coordinación en la cancha, una gran disciplina táctica, peleó con tenacidad bajo los tableros y tuvo precisión a la hora de disparar.
Sin embargo creo que la mayor virtud de este conjunto fue su carácter. Sólo así se podía salir a flote ante tanta adversidad. Claro, necesitás gente que defienda bien, que recupere balones, que distribuya el juego y que tenga puntería, pero si se cede ante las presiones externas, de nada te sirven las habilidades.
El primer zarpazo que se le dio a este equipo fue inventar una federación (Fenibalón) a fin de desconocer lo que Fenibal hacía, y además se les amenazó que si atendían el llamado a la Selección, serían objeto de suspensiones. Ahí se sembró inestabilidad. Y para remate, el Consejo del Deporte, que debería estar al margen de esa tirantez, no sólo se prestó al juego, lo impulsó.
La gente de Fenibal ha señalado directamente al diputado Mario Valle de impedirles la obtención de la personalidad jurídica para que no recibieran los fondos que les correspondía para prepararse y asistir a los Juegos. También acusan al arquitecto Marlon Torres de tomar bando, en lugar de buscarle una salida al conflicto.
Pero en vez de ponerse a llorar, Marcela Mejía y compañía buscaron el dinero y fueron a Panamá. Y no sólo fueron, sino que participaron y ganaron de forma invicta el torneo con la actuación más brillante del baloncesto nacional en su historia. El equipo que casi anduvo mendigando para ir a los Juegos, llegó y los dominó a todos.
Esa victoria sobre Panamá fue la cereza en el pastel. Se comenzó perdiendo y se volteó la pizarra. Eso se llama carácter, justo lo mejor de este equipo, que ha castigado a la mezquindad y a la envidia, haciendo bien lo que le correspondía.
Ver en la versión impresa las páginas: 1 B