En el Parque de Víctor Hugo de La Habana, Cuba, hay un monumento “En memoria de los mártires irlandeses y la solidaridad Cuba-Irlanda”. Ese memorial consiste en una lápida, en la cual, al lado de una figura encadenada del héroe mitológico griego Prometeo, se lee un fragmento del discurso pronunciado por Fidel Castro el 18 de septiembre de 1981 ante la 68 Conferencia de la Unión Interparlamentaria, que se celebró en la capital de Cuba.
La cita del discurso de Fidel Castro dice: “La tozudez, la intransigencia, la crueldad, la insensibilidad ante la comunidad internacional del gobierno británico frente al problema de los patriotas irlandeses en huelga de hambre hasta la muerte, recuerda a Torquemada y la barbarie de la inquisición en plena edad media. ¡Tiemblen los tiranos ante hombres que son capaces de morir por sus ideas, tras 60 días de huelga de hambre! Al lado de este ejemplo, ¿qué fueron los tres días de Cristo en el Calvario, símbolo durante siglos del sacrificio humano? ¡Es hora de poner fin, mediante la denuncia y la presión de la comunidad mundial, a esa repugnante atrocidad!”
Fidel Castro se refería a los militantes de la agrupación terrorista, Ejército Republicano de Irlanda (IRA por su sigla en inglés), que el primero de marzo de 1981 iniciaron una huelga de hambre escalonada que causó la muerte a 10 de ellos, ante la indiferencia del gobierno británico de la primera ministra conservadora Margaret Thatcher, quien desde entonces fue llamada “la dama de hierro”.
No era mucho lo que pedían los subversivos irlandeses en huelga de hambre. Sólo demandaban que se les reconociera el estatus de presos políticos y el derecho a vestir sus propias ropas, en vez del uniforme carcelario de los criminales comunes. Y pedían también que no se les prohibiera hacer ejercicios físicos ni leer. Pero la respuesta de la inflexible primera ministra de Inglaterra fue: “no estamos preparados para considerar estatus de categoría especial a ciertos grupos de personas que cumplen sentencias por crímenes. Crimen es crimen, no es política”.
Después que murió el líder de los huelguistas de hambre, Bobby Sands, la primera ministra Thatcher se presentó ante el Parlamento británico para justificar su posición y aseguró que no sentía remordimiento por la muerte del combatiente del IRA. “El señor Sands era un criminal convicto. Eligió acabar con su propia vida. Ésa es una elección que su organización no permite a la mayoría de sus víctimas”, sentenció Margaret Thatcher, en alusión a que el IRA era una organización terrorista que asesinaba no sólo a policías, militares y funcionarios civiles de gobierno, sino también a personas inocentes e indefensas, incluyendo niños, mujeres y ancianos.
Aunque así fuera, aquellos presos irlandeses en huelga de hambre tenían derechos humanos que el gobierno británico debía respetar. Pero ahora, en Cuba es todavía peor la inhumanidad de los gobernantes comunistas, porque el preso de conciencia Orlando Zapata Tamayo, quien murió recientemente en huelga de hambre ante la indiferencia del régimen castrista, no pertenecía a ninguna organización terrorista y jamás se alzó en armas contra la dictadura totalitaria. Su lucha fue siempre en el campo de las ideas, igual que la de Guillermo Fariñas, quien está al borde de la muerte también por una huelga de hambre en demanda de la libertad de los presos políticos que sufren graves quebrantos de salud.
Para justificar su criminal actitud, los gobernantes comunistas de Cuba y sus partidarios en el extranjero, como el presidente brasileño Lula da Silva, dicen que Zapata Tamayo era un criminal, lo mismo que Guillermo Fariñas y todos los presos políticos cubanos. Eso mismo dijo Margaret Thatcher acerca de los huelguistas de hambre irlandeses que murieron en prisión. Y es igual a lo que dijeron los nazis para justificar el asesinato de millones de judíos y otras personas, a las que catalogaron como criminales, seres inferiores, alimañas políticas y sociales, etc.
De manera que el memorial de La Habana en homenaje a los huelguistas de hambre irlandeses que murieron en 1981, es en realidad un monumento a la criminal hipocresía política castrista. Y la figura de Prometeo escupe al rostro de los gobernantes comunistas de Cuba, las palabras que dijera el mismo Fidel Castro, sobre los tiranos que tiemblan “ante hombres —como Orlando Zapata y Guillermo Fariñas— que son capaces de morir por sus ideas, tras 60 días (y más) de huelga de hambre”.
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