La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que se reunió el fin de semana pasado en Oranjestad, capital de Aruba, Antillas Holandesas, dio una gran lección de tolerancia y respeto a la libertad de expresión a los agentes periodísticos del dictador de Venezuela, Hugo Chávez. Los medios oficialistas de Venezuela no pertenecen a la SIP. Sin embargo, en un notable gesto de superioridad intelectual y moral, la SIP le permitió a los propagandistas de Chávez que expusieran libremente sus opiniones y sus mentiras, y los escuchó con toda atención y cortesía.
La SIP, a la que pertenece LA PRENSA de Nicaragua desde hace más de medio siglo, es una asociación de más de 1,300 periódicos de las Américas, claramente independiente por lo cual no recibe ni acepta fondos públicos de ningún país ni gobierno. Para participar en las asambleas de dicha asociación, hay que estar afiliados a ella y pagar los correspondientes derechos de membresía, o recibir la debida invitación. No obstante, la asamblea de la SIP reunida en Oranjestad el fin de semana pasado, recibió tranquilamente y escuchó con respeto a los agentes periodísticos de Hugo Chávez, quienes, según ellos, iban a rebatir el informe sobre las violaciones a la libertad de prensa y al derecho a la libre expresión que el régimen chavista está cometiendo en Venezuela, informe que fue presentado por el periodista independiente venezolano David Natera, director del diario Correo de Caroní.
Con toda la autoridad moral que da el talante libertario y democrático, los miembros de la SIP recibieron a los agentes chavistas que inopinadamente se presentaron en la asamblea de Oranjestad, y les facilitaron la libertad de expresión que el gobierno que ellos defienden, le niega a los ciudadanos de Venezuela. De manera que tal como se consignó en las conclusiones de la asamblea de Aruba, “fiel a sus principios, la SIP hizo posible un intenso y pedagógico debate al leerse el informe sobre las libertades de expresión y de prensa en Venezuela, al permitir la participación de periodistas, camarógrafos, funcionarios y partidarios del Gobierno de Venezuela, para contradecir las informaciones y conceptos del relator venezolano”.
(Entre paréntesis, cabe mencionar y destacar el marcado contraste de esa pedagógica demostración de respeto a la libertad de expresión, que la SIP dio en Aruba al régimen autoritario chavista, con el alarde de intolerancia e irrespeto al derecho a la libre manifestación del pensamiento, que el régimen orteguista de Nicaragua hizo el martes de la semana pasada, al mandar turbas de estudiantes fanáticos para que sabotearan la presentación de los libros del eminente filósofo nicaragüense, Alejandro Serrano Caldera).
Por supuesto que los propagandistas de Hugo Chávez, del mismo modo que pudieron decir todas las mentiras que quisieron ante la asamblea de periodistas libres de la SIP, también tuvieron que escuchar las verdades que no les gusta oír. A su absurdo y mendaz argumento de que el régimen de Hugo Chávez respeta la libertad de expresión porque en Venezuela hay 326 medios de comunicación alternativos a los medios independientes, el director del periódico Prensa Libre, de Guatemala, Gonzalo Marroquín, les replicó categóricamente que para nada pueden servir tantos medios de comunicación, si todos ellos difunden un solo mensaje y tienen la misma opinión, que es la que les dicta el Gobierno.
Lógicamente, aquellas personas que sin ninguna vergüenza defienden un régimen como el de Venezuela, que agrede a los periodistas independientes y cierra medios de comunicación como la estación de televisión RCTV, no pueden entender que la democracia no existe sin que haya libertad de expresión para todos. Y que el derecho a la libertad de expresión sólo se puede ejercer a través del libre funcionamiento de medios de comunicación que sean independientes de los poderes públicos y de los gobernantes.
En un régimen “socialista” autoritario como el que Chávez está imponiendo en Venezuela, donde no existen medios independientes o están sometidos a toda clase de presiones, chantajes, amenazas y agresiones, los ciudadanos no pueden ejercer su derecho elemental a expresarse libremente, sin censura, sin coacción, sin miedo y sin sufrir represalias posteriores. Sin embargo, los que censuran y reprimen a los medios de comunicación independientes sí pueden presentarse ante las asambleas de los periodistas libres (como la de la SIP en Aruba), y decir lo que quieren, inclusive mentiras tan grandes que ofenden la inteligencia y la dignidad de la persona humana.
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