Hoy, primero de marzo, se celebra el Día del Periodista de Nicaragua, por cuarta ocasión bajo el nuevo régimen de Daniel Ortega y el FSLN y, por lo tanto, en condiciones sumamente precarias, con incertidumbre en el presente y temor al futuro.
Es cierto que ahora no hay leyes brutalmente represivas contra la libertad de prensa, ni censura policial directa como la hubo en los sombríos años de 1979 a 1990, que fueron para la libertad de expresión los peores de toda la historia nacional. Sin embargo, las amenazas de juicios y las acusaciones y condenas judiciales contra periodistas acusados falsamente de cometer delitos de injurias y calumnias; las campañas de difamación contra periodistas independientes y críticos de los poderes públicos; la asignación discriminatoria de la publicidad oficial para castigar a los medios y periodistas independientes y premiar a los oficialistas y colaboracionistas; el incumplimiento de la ley de acceso a la información pública; las eventuales agresiones físicas contra profesionales del periodismo; la imposición de una ley inconstitucional que grava onerosamente la importación de papel y otros insumos para la elaboración de los periódicos; la creación de una oficialista fuerza de choque periodístico para difamar e inventar restricciones “inteligentes” a la libertad de expresión y de prensa; las presiones a estaciones de televisión para que excluyan programas demasiado críticos del Gobierno; el cierre directo e indirecto de radioemisoras como Radio 15 de Septiembre y Radio La Ley; el acaparamiento monopólico de medios de comunicación para aislar y dejar en débil situación minoritaria a los independientes, etc., han hecho innecesarios para el régimen actual los métodos brutales y directos de represión y censura que practicó la dictadura sandinista de los años ochenta.
Ahora Ortega está llevando adelante su proyecto autoritario y dictatorial por medios institucionales y “legales”: retorciendo la ley, violando la Constitución con resoluciones judiciales amañadas o falsas; utilizando las instituciones como armas de presión política, económica y social; usando los cuantiosos recursos del negocio con el petróleo venezolano, de la cooperación internacional y del saqueo del erario nacional, el cual, por muy pobre que sea siempre da para enriquecer a una minoría de funcionarios corruptos y para permitirles sobornar y comprar lealtades y complicidades.
Desafortunadamente, el orteguismo aprovecha también la inconsciencia y falta de responsabilidad de la oposición institucional, que no entiende la importancia vital que tiene la preservación y defensa de la libertad de expresión y de prensa. Salvo excepciones —porque hasta en las peores familias hay buenas personas—, en la oposición parlamentaria no pueden o no quieren entender que sin libertad de prensa no funcionan efectivamente todas las otras libertades y garantías de las personas, las empresas, los partidos y las organizaciones sociales.
Decimos esto, porque desde hace mucho tiempo los diputados tienen engavetado un proyecto de ley para la defensa de la libertad de expresión. Al parecer, los diputados de oposición que impiden la tramitación del proyecto de ley para proteger la libertad de prensa, creen que de esa manera castigan a los medios de comunicación y los periodistas independientes que los critican también a ellos, igual que al Gobierno. No quieren entender, esos diputados y políticos, que la crítica al oficialismo y la oposición por parte de los medios y los periodistas independientes es precisamente la base de la democracia y la clave de la libertad de expresión y de prensa. Y no se dan cuenta, tales diputados, de que con esa mezquina venganza de impedir la tramitación de la ley para la protección de la libertad de prensa, le hacen daño a toda la sociedad, a la democracia, incluso a ellos mismos, porque es una actitud suicida que más adelante tendrán que lamentar al no haber sabido defender integralmente la libertad, como era su obligación.
Sin embargo, todavía tenemos algo que celebrar en este Día del Periodista de Nicaragua. Celebramos ante todo que seguimos existiendo y ejerciendo el derecho a la libertad de expresión y de prensa, a pesar de todos los obstáculos, dificultades y asechanzas del régimen orteguista. Y debemos celebrar que los programas de televisión de Carlos Fernando Chamorro vuelvan al aire, precisamente hoy, Día del Periodista de Nicaragua, sin haber hecho ninguna concesión al autoritarismo gobernante. Esto demuestra y confirma que la libertad de prensa y la libertad en general no mueren, cuando quienes la aman y la defienden no la dejan morir.
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