El 8 de diciembre corriente una patrulla de la Fuerza Naval del Ejército de Nicaragua fue emboscada en Walpasiksa, localidad de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), por narcotraficantes armados que fueron apoyados por pobladores locales.
Ese operativo criminal armado, en el cual dos soldados fueron asesinados y otros cuatro resultaron heridos, causó un gran impacto no sólo en las instituciones militar y policial del país, sino que en toda la ciudadanía nicaragüense, por el amplio involucramiento de la población local a favor de los delincuentes.
El mismo día que ocurrió la emboscada de Walpasiksa, el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, advirtió en una reunión del Consejo de Seguridad sobre este tema que el narcotráfico representa una amenaza muy grave a la paz y la seguridad en todo el mundo. El alto funcionario internacional señaló que el narcotráfico “no respeta fronteras” y para combatirlo eficazmente “se requerirá de una sólida voluntad política, de una amplia cooperación y de mayores recursos materiales y humanos”.
En realidad, igual que el terrorismo internacional, el narcotráfico también pareciera ser invencible. Esto se debe, entre otras razones, a que el narcotráfico internacional es uno de los negocios más grandes y ricos del mundo. Según informaciones de la misma ONU, el mercado mundial de la droga mueve más de 300,000 millones de dólares por año, una cifra bastante mayor que el Producto Interno Bruto de muchos países latinoamericanos.
Se conoce que Estados Unidos y Europa invierten anualmente más de cien mil millones de dólares en la lucha contra el narcotráfico internacional, pero no logran ni siquiera contenerlo y mucho menos derrotarlo y erradicarlo. Por el contrario, a medida que va pasando el tiempo el narcotráfico pareciera ser más fuerte e invencible, y no sólo por la inmensa cantidad de dinero y recursos materiales que maneja, sino también por la complicidad de muchos gobernantes y políticos corruptos, lo mismo que por la gran capacidad de los narcos para adaptarse a las cambiantes circunstancias.
El narcotráfico internacional cada vez actúa de manera más violenta y despiadada, al mismo tiempo que abre nuevas rutas y mercados, inventa distintos mecanismos para eludir los controles fronterizos, usa sofisticados medios de transporte, establece alianzas transnacionales, se asocia y diversifica en los negocios ilegales más lucrativos, almacena su dinero en los paraísos fiscales y lo lava en todas partes por los más diversos medios, etc. Es cierto que el narcotráfico pierde de vez en cuando algunas batallas, que llenan de vanidad y medallas a jefes policiales y militares, pero en general sigue ganando la guerra contra la humanidad.
Sin duda es cierto lo que dijo el secretario general de la ONU, acerca de que hace falta una sólida voluntad política, una amplia cooperación y más recursos materiales y humanos para combatir el narcotráfico internacional. Pero eso se queda en palabras, porque son muchos los gobiernos o gobernantes que toleran y propician el narcotráfico por diversos motivos. Unos porque se benefician con ese lucrativo negocio criminal. Otros por insania ideológica, pues creen que como la droga perjudica a los países ricos y desarrollados, envenena a sus juventudes y socava sus sociedades e instituciones, entonces nada mejor que promover su tráfico y consumo para debilitar al “imperio” que a toda costa quieren liquidar. En ese afán no les importa convertir a sus países en estados fallidos, como puede ser el destino de Venezuela, Bolivia y Nicaragua si no rectifican su rumbo extraviado.
El doctor Sergio Ramírez Mercado, quien fuera vicepresidente de Nicaragua durante el régimen de Daniel Ortega en los años ochenta, pero ahora es disidente sandinista democrático, advirtió el domingo pasado, a propósito de los trágicos sucesos de Walpasiksa, que la fuerte presencia de los narcotraficantes en las regiones del Caribe nicaragüense podría inclusive poner en peligro la soberanía territorial del país en el mediano plazo. “Mañana vamos a tener a los narcos promoviendo la separación de la Costa Caribe, ya tienen una base social suficiente para hacerlo”, señaló el reconocido intelectual nicaragüense.
Tiene razón. Pero hay que decir también que así como el narcotráfico es una grave amenaza contra la integridad territorial de Nicaragua en la Costa Atlántica, el orteguismo es una amenaza igual o peor contra la integridad económica, social, política y moral de toda la nación nicaragüense. Y que por la salvación nacional es imperiosamente necesario luchar contra ellos y derrotarlos.
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