Por Federico Dueñas
La Virgen de Guadalupe en México “no es amor: es destino”.
Rodolfo Usigli
El poeta Octavio Paz afirmaba que “la Virgen de Guadalupe ha hecho más por los mexicanos que todos los políticos juntos”. Por eso no es ningún secreto que el catolicismo, “muy a la mexicana”, se concentra en el culto a la Virgen de Guadalupe. Octavio Paz dijo que los mexicanos somos más guadalupanos que católicos. Yo diría que esto es muy cierto, básicamente porque la Virgen de Guadalupe la sentimos como algo nuestro, no tan impuesto como la religión católica que tiene su sede, sus ideas y sus bases en Europa (Roma). En cambio, la Virgen de Guadalupe la sentimos mexicana, con su sede, su mensaje, sus bases en México y su basílica está más al alcance de todos los mexicanos.
En primer lugar, se trata de una Virgen india que se le apareció al indio Juan Diego el 12 de diciembre de 1531, en una colina que antes fue el santuario dedicado a Tonantzin, “nuestra madre”, diosa de la fertilidad entre los aztecas. Su nombre Guadalupe viene de la palabra náhuatl coatlaxopeuh, que significa “quien cruza a la serpiente” y pronunciada en español suena así: “quatlasupe”.
- Actor y productor estadounidense, 49 años. Nominado en tres oportunidades al Óscar y ganador de un Globo de Oro, un Premio del Sindicato de Actores y de un Premio César
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Guadalupe-Tonantzin, como la llaman aún algunos peregrinos indios, es adorada en todo el país por indios, mestizos, criollos y blancos. Cada año la profunda devoción de los fieles se derrama en las ya famosas y multitudinarias peregrinaciones a la Basílica, en promedio de 14 millones de visitantes anuales provenientes de distintos puntos de toda la república mexicana.
Este 12 de diciembre se espera visiten a “La Niña Lupita” casi diez millones para venerar a la imagen a la Basílica que se encuentra en el norte de la ciudad de México. Esta fecha fue escogida como la de la principal aparición de la Virgen. Con las lágrimas en los ojos, el pueblo camina días y horas para llegar hasta su santo recinto y de esta manera rinden tributo a la imagen más querida y popular de la historia del país.
La Virgen de Guadalupe es ante todo un símbolo materno. Vela por la fertilidad de la tierra y es el refugio de los desamparados. Guadalupe es, como dijo Octavio Paz en El laberinto de la soledad, “la receptividad pura y los beneficios que produce son del mismo orden: serena, aquieta, enjuga las lágrimas, calma las pasiones”. La popularidad del culto a la Virgen tiene que ver con el fenómeno de vuelta a la entraña materna. Éste ha producido entre los fieles la suerte de regresar hacia las antiguas divinidades femeninas prehispánicas. Las deidades indias eran diosas de fecundidad, ligadas a los ritmos cósmicos, los procesos de vegetación y los ritos agrarios. Hoy día las peticiones de la gente no son de índole simplemente agraria, sino sobre todo del encuentro de un regazo consolador y amoroso. En suma, se vuelve madre de los huérfanos, de todos los hombres nacidos desheredados. Es intermediaria y mensajera entre el hombre desheredado y el poder desconocido.
La adoración a nuestra Madre de Guadalupe no solamente refleja la trágica condición general del pueblo mexicano, sino una situación histórica concreta que muestra la ruptura que ocasionó la evangelización en el nuevo mundo. Es representante de acontecimientos fundamentales del país, ya que el 16 de septiembre de 1810 el cura Miguel Hidalgo toma la bandera del movimiento de Independencia con el estandarte de la Virgen de Guadalupe. No es sino hasta el 11 de agosto de 1859 que Benito Juárez, el entonces presidente de la República, (ateo y masón) ordena por decreto que se considere el 12 de diciembre como fiesta nacional.
El autor es empresario
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A