Durante la 65ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que se ha celebrado en estos días en Buenos Aires, Argentina, se llevaron a cabo varios paneles de discusión. Entre ellos, uno de los más importantes fue el referido a Los Nuevos Mecanismos de la Censura Sutil.
Como era de esperarse, en la Asamblea de la SIP se denunció el acoso a la libertad de prensa en Nicaragua por parte del régimen de Daniel Ortega. Los representantes de los más de 1,300 diarios de Iberoamérica, Estados Unidos y Canadá afiliados a la SIP, escucharon la información directa sobre las múltiples dificultades para el ejercicio de la libertad de prensa que hay ahora en Nicaragua, a través de los testimonios de los directores de LA PRENSA y El Nuevo Diario, Jaime Chamorro Cardenal y Francisco Chamorro García, respectivamente, quienes participaron en el evento de Buenos Aires.
Por supuesto que las hostilidades contra los medios de comunicación independientes, incluyendo la censura indirecta, no ocurren sólo en Nicaragua. Por el contrario, la censura de prensa se está generalizando en América Latina. De allí que el enfoque principal de la 65ª Asamblea General de la SIP fuera una vez más la defensa de la libertad de prensa, que está consagrada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos pero es habitualmente violada por los gobernantes que tienen la obligación de respetarla.
Ya en 2001 la SIP publicó un libro sobre las nuevas modalidades de censura que, según se dijo en esa ocasión, ahora “son menos groseras que la censura previa, las clausuras y cierres definitivos, la prisión o expulsión de periodistas aplicadas hace unos veinte años por las dictaduras militares”. Así lo recordó el periodista argentino Carlos Jornet, director del periódico La Voz del Interior, a quien le correspondió inaugurar el panel sobre Los Nuevos Mecanismos de Censura Sutil .
En realidad, desde entonces la SIP ha denunciado que las nuevas formas de censura incluyen “la discriminación y asignación arbitraria de la publicidad oficial y otro tipo de beneficios económicos usando los recursos públicos; el hostigamiento y la persecución a medios y periodistas independientes, a través de los cuerpos fiscales de inspección; las interferencias telefónicas; la investigación de supuestos ‘delitos’ creados en los servicios de inteligencia o policiales, supuestamente controlados por el poder civil”.
Todo eso que denunció la Sociedad Interamericana de Prensa hace 8 años, y lo ha reiterado ahora, retrata la situación de acoso a los medios de comunicación independientes que ha creado en Nicaragua el nuevo régimen de Daniel Ortega, que avanza de manera acelerada y atropellada hacia la consolidación de una nueva dictadura. Y es prácticamente la misma situación que hay en muchos países de América Latina, particularmente en los que giran en la órbita de Hugo Chávez y el Alba.
Pero la verdad es que los mecanismos de censura que practican las nuevas dictaduras y regímenes neopopulistas y neocomunistas en América Latina, no son sutiles sino descarados y chabacanos. Como lo señaló el escritor argentino Marcos Aguinis en su participación en el panel sobre la censura, en la actualidad “parece que se hubiera asaltado el poder mediante el voto para acapararlo, destruyendo la institucionalidad democrática”. Aún en la Argentina, aseguró Aguinis, “no hay nada sutil en los avances impulsados desde la Casa de Gobierno sobre la prensa son ataques directos, abiertos, groseros”.
Eso es lo mismo que está ocurriendo en Nicaragua. Nada sutiles son los ataques oficialistas contra los medios independientes, las acusaciones judiciales, los sabotajes a radioemisoras, las amenazas que el régimen de Daniel Ortega lanza contra la prensa libre y personalmente contra los periodistas porque denuncian la corrupción, los abusos y la ineficiencia gubernamental. Son amenazas contra todos los que defienden la libertad de expresión, la democracia y los derechos humanos de todos los nicaragüenses.
Por ahora Daniel Ortega quiere obligar a todos los medios y periodistas independientes a autocensurarse. Pero la libertad de prensa no se negocia ni se pacta. La dictadura de Ortega tendría que clausurar todos los medios de comunicación y encarcelar o liquidar a los periodistas independientes, para poder callarlos. Y ni aun así, pues tal como lo ha demostrado la experiencia de las anteriores dictaduras, éstas, a pesar de las censuras y de los crímenes cometidos contra periodistas independientes, nunca han podido callar las voces que denuncian las injusticias, reclaman la democracia y luchan por la libertad.
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