Asesinos de la libertad de expresión

Tanto la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) como Reporteros sin Fronteras (RSF) y otros organismos internacionales que defienden la libertad de expresión y de prensa en el mundo, han condenado el cierre de 34 estaciones de radio y televisión de Venezuela que el gobierno de Hugo Chávez ejecutó el recién pasado primero de agosto, al igual que su amenaza de cerrar pronto 200 estaciones más. De la misma manera han condenado la intención de la dictadura venezolana de aprobar una ley para castigar con la cárcel la difusión de informaciones y opiniones que no le agraden a los gobernantes, así como el brutal asalto armado de tipo fascista que el gobierno perpetró ayer contra Globovisión.

Estas organizaciones condenan las acciones represivas del gobierno de Venezuela, por solidaridad con el pueblo venezolano y porque consideran su obligación de principios defender la libertad de expresión donde quiera que sea suprimida o agredida. Pero en Nicaragua también se ha repudiado el cierre de las emisoras de radio y televisión en Venezuela, no sólo por solidaridad con los venezolanos y porque es indispensable defender la libertad en cualquier parte del mundo, sino también porque lo que ocurre allá puede igualmente ocurrir aquí, y muy pronto.

Algunas personas consideran que en Nicaragua las estaciones de radio y televisión privadas no corren el mismo peligro que en Venezuela, porque la situación es distinta en cada país y porque aquí las partes pueden entenderse. Es decir, que los dueños y operadores de radio y televisión que no están al día en sus obligaciones operativas, se pueden actualizar para que el régimen de Ortega no les haga lo mismo que el de Chávez le está haciendo a sus colegas venezolanos.

Pero las situaciones de Venezuela y Nicaragua son muy parecidas. Lo mismo que Chávez, Ortega es enemigo mortal de la libertad de prensa y de la propiedad privada sobre los medios de comunicación. Ortega y Chávez forman parte del Alba, que es un proyecto estratégico de dominación totalitaria regional disfrazado como programa alternativo de cooperación externa. Igual que Chávez en Venezuela, Ortega trata de establecer una dictadura perpetua en Nicaragua para construir una sociedad opresiva y miserable que denominan “socialismo del siglo XXI”.

En realidad la ofensiva del orteguismo contra la libertad de expresión y de prensa está en marcha desde que Daniel Ortega se volvió a apoderar de la Presidencia de Nicaragua. Comenzó con el embargo de la información pública para filtrarla como propaganda en los medios oficialistas. Siguió con la imposición inconstitucional de cargas fiscales a los medios independientes. Continuó con la utilización de las pautas publicitarias gubernamentales como instrumento de premios y castigos. Avanzó con las acusaciones judiciales contra periodistas y editores independientes. Se prolongó con las agresiones físicas a periodistas no oficialistas. Siguió con el chantaje a televisoras privadas para que cancelaran programas opositores. Y a pesar de que está vigente una ley que prorroga las licencias de operación de las emisoras de radio y televisión hasta que se apruebe una nueva legislación general de la materia, Ortega clausuró Radio La Ley, de Sébaco, con el pretexto de que se encontraba en una situación operativa irregular, o sea, la misma justificación que ha dado el régimen de Hugo Chávez en Venezuela a su asesinato masivo de emisoras de radio y televisión.

Es más, en Nicaragua los medios de comunicación independientes hasta podrían ser destruidos físicamente, como ocurrió durante la primera dictadura sandinista, pues, como ha amenazado el Procurador del gobierno orteguista, bastaría una orden de Ortega para que no quedara piedra sobre piedra de los medios de comunicación. En realidad, no se debe olvidar la destrucción de medios de comunicación que Daniel Ortega perpetró en los años ochenta. Y hay que recordar que a principios de junio de 2007 Ortega fue a Venezuela para apoyar el cierre de RCTV, y que en aquella ocasión dijo que él en Nicaragua no sólo hubiera cancelado la licencia de transmisión, sino que habría confiscado y mandado a la cárcel a sus propietarios.

Por cierto que en esa misma oportunidad el Arzobispo de Mérida, Venezuela, monseñor Baltasar Porras Cardoso, advirtió que “este sistema revolucionario bolivariano venezolano, una mezcla de elementos marxistas, populistas, en muchas cosas está próximo de gobiernos como el de Fidel Castro y de posturas adoptadas por Hitler y Mussolini en Europa”. A lo que debemos agregar que así como es la situación en Venezuela bajo la dictadura castrista-fascista de Hugo Chávez, será en Nicaragua bajo la dictadura chavista-castrista-fascista de Daniel Ortega si, como venimos diciendo desde hace rato, no se le detiene cuando todavía es tiempo de hacerlo.

Editorial
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